Quién es Opherus…

La leyenda de Opherus

 

¿Quién es Opherus, Offerus u Ofero? ¿Por qué “el viaje de Opherus”?

Responderé a estas cuestiones en este apartado, realizado ex profeso como pequeña ofrenda a uno de los símbolos-mitos herméticos que más me ha impresionado por el grandioso significado encerrado en su simplicidad, maravilloso ejemplo de cómo las enseñanzas más elevadas se pueden revestir con el ropaje más humilde.

En los círculos de la enseñanza alquímica se conocía con este nombre o sus variantes al portador de Cristo, asumido por el catolicismo como San Cristóbal. La misma iglesia católica no aporta datos históricos precisos acerca de su existencia, por su parte, la iglesia ortodoxa si concede  la veracidad histórica del personaje aunque asumiendo que se trataba de un bárbaro ejecutado por los romanos durante la época del emperador Decio (siglo III d.c.) por predicar el cristianismo.

La leyenda comúnmente conocida acerca de San Cristóbal llevando al niño Jesús es la versión católica, heredada de los textos elaborados por el monje dominico Jacques de Voragine ( “Leyenda dorada”, siglo XIII). De aquí, con algún que otro matiz, nos cuenta Fulcanelli en su “Misterio de las catedrales” que la transcribe, y de este libro la copiamos ahora.

Dice así:

“San Cristóbal adquiere una importancia capital bajo el aspecto de la analogía del gigante que transporta  a Cristo y la materia que trae el oro, desempeñando la misma función en la Obra. Como nuestra intención es servir al estudiante sincero y de buena fe, desarrollaremos seguidamente su esoterismo…”

“Antes de ser cristiano, Cristóbal se llamaba Offerus; era una especie de gigante, y muy duro de mollera. Cuando tuvo uso de razón, emprendió viaje, diciendo que quería servir al rey más grande de la tierra. Le enviaron  a la corte de un rey muy poderoso, el cual se alegró no poco de tener un servidor tan forzudo. Un día, el rey, al oir que un juglar pronunciaba el nombre del diablo, hizo aterrorizado la señal de la cruz.

“¿Por qué hacéis eso?”, preguntó al punto Offerus.

“Porque temo al diablo”, le respondió el rey.

“Si le temes, es que no eres tan poderoso como el. En este caso, quiero servir al diablo”. Dicho lo cual, Offerus partió de allí.

Después de un larga caminata en busca del poderoso monarca, vió venir en su dirección una nutrida tropa de jinetes vestidos de rojo; su jefe, que era negro, le dijo:

“¿A quién buscas?”

“Busco al diablo para servirle”

“Yo soy el diablo. Sígueme”

Y hete aquí a Offerus incorporado a los seguidores de Satán. Un día, después de mucho cabalgar, la tropa infernal encuentra una cruz a la orilla del camino; el diablo ordena dar media vuelta.

“¿Por qué has hecho eso?”, le preguntó Offerus, siempre deseoso de instruirse.

“Porque temo la imagen de Cristo”

“Si temes la imagen de Cristo, es que eres menos poderoso que él; en tal caso, quiero entrar al servicio de Cristo“.

Offerus pasó solo por delante de la cruz y continuó su camino. Encontró a un buen ermitaño y le preguntó dónde podría ver a Cristo.

“En todas partes”, le respondió el ermitaño.

“No lo entiendo -dijo Offerus-; pero, si me habéis dicho la verdad, ¿qué servicios puede prestarle un muchachote robusto y despierto como yo?”

“Se le sirve -respondió ell ermitaño- con la oración, el ayuno y la vigilia

Offerus hizo una mueca. “¿No hay otra manera de serle agradable?” preguntó.

Comprendió el solitario la clase de hombre que tenía delante y, cogiéndole de la mano, le condujo a la orilla de un impetuoso torrente, que descendía de una alta montaña, y le dijo:

“Los pobres que cruzaron estas aguas se ahogaron; quédate aquí, y traslada a la otra orilla sobre tus fuertes hombros a aquéllos que te lo pidieren. Si haces esto por amor a Cristo, El te admitirá como su servidor

“Sí que lo haré, por amor a Cristo”, respondió Offerus. Y entonces se construyó una cabaña en la ribera y empezó a transportar de noche y de día a los viajeros que se lo pedían.

Una noche, abrumado por la fatiga, dormía profundamente; le despertaron unos golpes dados a  su puerta y oyó la voz de un niño que le llamaba tres veces por su nombre. Se levantó, subió al niño sobre su ancha espalda y entró en el torrente. Al llegar a su mitad, vió que el torrente se enfurecía de pronto, que las olas se hinchaban y se precipitaban sobre sus nervudas piernas para derribarle. El hombre aguantaba lo mejor que podía, pero el niño pesaba como una enorme carga; entonces, temeroso de dejar caer al pequeño viajero, arrancó un árbol para apoyarse en el; pero la corriente seguía creciendo y el niño se hacía cada vez más pesado. Offerus, temiendo que se ahogara, levantó la cabeza hacia el y le dijo: “Niño, ¿por qué te haces tan pesado? Me parece como si transportase el mundo.”

El niño le respondió: “No solamente transportas el mundo, sino a Aquél que hizo el mundo. Yo soy Cristo, tu Dios y señor. En recompensa de tus buenos servicios, Yo te bautizo en el nombre de mi Padre, en el mío propio y en el del Espíritu Santo; en adelante, te llamarás Cristóbal.”

Desde aquel día, Cristóbal recorrío la tierra para enseñar la palabra de Cristo.”

el viaje de Opherus

 

 

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