ORDEN DEL TEMPLE (parte I)

“Non nobis, Domine, non nobis, sed Nomini tuo da gloriam.”
(“No a nosotros, señor, no a nosotros sino a tu nombre da gloria.” Lema de la Orden del Temple)

 

 

 


Una de las sociedades históricas que más atrae la atención desde el punto de vista de la relación que se le atribuye con el ocultismo es la Orden del Temple. Siete siglos después de la desaparición de la Orden como tal, podemos comprobar el efecto que produce esa atracción en forma de cantidad de literatura, oficial y oficiosa,  y una continua reavivación de leyendas y mitos incubados en la memoria colectiva del pueblo llano sobre todo en los lugares donde se asentó la orden. Y todo ello siempre matizado por el presunto (ya que no hay hechos definitivos que lo prueben) carácter esotérico de la orden templaria. Además está el indudable peso específico del Temple, cuya existencia encierra un extraordinario significado de por sí y una influencia con un alcance que posiblemente todavía no seamos capaces de evaluar en su justa medida.
Voy a presentar información básica referente a la Orden del Temple que sirva como introducción objetiva para un  posterior estudio en profundidad, cuyo fin sería intentar dilucidar o estimar el componente esotérico de la Orden. La presentación consta de una visión exotérica, que comprende la información pública y más conocida y divulgada del Temple, y una visión esotérica, que incluye las bases o premisas que podrían fundamentar sus aspectos herméticos o iniciáticos.

VISION EXOTERICA
La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón, también llamada la Orden del Temple fue una de las más famosas órdenes militares (instituciones religioso-militares que florecieron en la edad media sobre todo en el contexto de las cruzadas) cristianas de la Edad Media. Fue fundada en Jerusalén hacia 1118 por nueve caballeros franceses tras la Primera Cruzada. Su propósito original era proteger las vidas de los cristianos que peregrinaban a Jerusalén además de los Santos Lugares. Gracias a la ayuda directa de personajes influyentes de la jerarquía eclesiástica y el generoso y constante apoyo (tanto político como económico) que fue recibido de las casas reales y nobleza europeas , la Orden del Temple creció rápidamente en tamaño y poder. Además fue aprobada oficialmente por la Iglesia católica en 1129, durante el Concilio de Troyes, adquiriendo unas prebendas que le permitían una libertad de acción muy amplia; de hecho, la orden llegó a estar sólo bajo la autoridad directa del Papa.
Los caballeros templarios empleaban como distintivo un manto blanco con una cruz patada roja dibujada en él. Dentro de la estructura de la orden, además de una sección de miembros combatientes bien preparados militarmente existían miembros no combatientes que gestionaron una compleja estructura socio- económica dentro del mundo cristiano. La orden, además, edificó una serie de fortificaciones por todo el mar Mediterráneo y Tierra Santa que junto con las propiedades provenientes de donaciones y demás hizo que se hiciera con un considerable poderío (se podría decir que fue la organización más poderosa de la época), que se extendía desde Centroeuropa y la actual Polonia hasta Europa occidental y sur, Reino Unido e Irlanda, la península ibérica cristiana, norte de Africa, ampliándose su influencia aún más allá. Hasta 1312, cuando el papa Clemente V , con el apoyo de Felipe IV, entonces rey de Francia,  disolvió la orden, alegando cargos de blasfemia y herejía, en un proceso que resultó bastante polémico.

 

El contexto histórico inmediatamente anterior a la creación de la orden era el siguiente:
La situación de la Europa del siglo XI enfrentada al mundo musulmán junto con la caída de Jerusalén en manos turcas, propició que en el Concilio de Clermont (1095) el papa Urbano II expusiera con vehemencia los peligros que amenazaban a los cristianos occidentales y las vejaciones a las que se veían sometidos los peregrinos que viajaban a Jerusalén. Se propuso una expedición militar que pretendía rescatar esta ciudad de manos musulmanas. Las recompensas espirituales prometidas, aunadas al ansia de riquezas, hicieron que príncipes y señores respondiesen pronto al llamamiento del pontífice, y así quedó convocada la primera cruzada.
Esta expedición militar culminó con la conquista militar de Jerusalén en 1099. Habiéndose creado el reino de Jerusalén y elegido un rey cristiano, en 1118 los citados nueve caballeros (entre los que destacó Hugues de Payens, primer gran maestre del Temple) fundaron la orden templaria con los propósitos ya mencionados y con el beneplácito del rey, que concedió a aquellos caballeros notables derechos y privilegios, entre los que figuraba un alojamiento en su propio palacio, que no era sino la mezquita de Al-Aqsa (importante enclave para el Islam), ubicada a la sazón en el interior de lo que en su día había sido el recinto del Templo de Salomón. Y, cuando el rey (Balduino I) abandonó la mezquita y sus alrededores para fijar el trono en la Torre de David, todas las instalaciones pasaron a los templarios, que de esta manera adquirieron no sólo su cuartel general, sino su nombre.
A estos hechos le siguen unos años de febril actividad en el continente europeo sobre todo de Hugo de Payens para conseguir respaldo para la orden, incluyendo la autorización expresa de la Iglesia en el concilio de Troyes de 1129 a la orden y sus reglas y estatutos.
Fue muy importante para la orden la ayuda que les concedió el abad Bernardo de Claraval, quien, (en principio por su parentesco y su cercanía con varios de los nueve primeros caballeros), se esforzó sobremanera en darla a conocer y recomendar por medio de sus altas influencias en Europa, sobre todo en la Corte Papal. Hacia 1145 la orden gozaba ya de grandes privilegios (afianzados por varias bulas papales) como su autonomía respecto de los obispos (quedaron sólo sujetos a la autoridad papal), exclusión de la jurisdicción civil y eclesiástica, autorización para tener sus propios capellanes y sacerdotes (pertenecientes a la orden), independencia y poder para generar y recaudar sus propios bienes y dinero, derecho sobre las conquistas en Tierra Santa, atribuciones para construir fortalezas e iglesias propias…todo esto les procuró independencia y poder.

 

Cien años más tarde de su fundación oficial, hacia 1220, eran la organización más grande de Occidente, en todos los sentidos (desde el militar hasta el económico), con más de 9.000 encomiendas repartidas por toda Europa, unos 30.000 caballeros y sargentos (más los siervos, escuderos, artesanos, campesinos, etc.), más de 50 castillos y fortalezas en Europa y Oriente Próximo, una flota propia perfectamente operativa anclada en puertos propios en el Mediterráneo (Marsella) y en La Rochelle (en la costa atlántica de Francia)…Su riqueza era tan grande que se les ha llegado a considerar el primer “banco central europeo”, de hecho varios reyes acudieron a ellos para conseguir préstamos económicos.

 

A partir de la tercera cruzada las operaciones militares en Tierra Santa comenzaron a ser desfavorables para los cristianos, lo que provocó la retirada paulatina de los templarios de aquellas tierras hasta la caída en 1291 de San Juan de Acre, desde donde se trasladó el cuartel general de la orden a Chipre. Perdidas prácticamente todas las posesiones cristianas en la zona y abandonada toda idea seria de reconquista, comenzó el principio del fin de los templarios, pues a partir de 1306 el rey Felipe IV de Francia (según se dice movido por la codicia de los bienes templarios, además de que estaba fuertemente endeudado con ellos y temía su poder, mucho más patente en Francia) presionó al papa Clemente V para iniciar un proceso que culminara con la desarticulación de la Orden del Temple. Mientras el papado se pronunciaba definitivamente, en 1307 Felipe IV ordenó la captura de los templarios en toda Francia y el requisamiento de sus bienes. Durante los años siguientes se presionó con métodos expeditivos a los templarios (cárcel y tortura) para conseguir confesiones acusatorias, que en 1312 (concilio de Vienne) el Papa consideró suficientes para decretar la supresión de la orden templaria.
Entre las acusaciones que recayeron sobre la orden estaban la de sacrilegio contra la cruz, herejía, sodomía, adoración a ídolos paganos…Finalmente, en 1314 fue quemado en la hoguera en París Jacques de Molay, el último gran maestre templario.
En Francia la represión fue dura, pero no así en el resto de territorios europeos, donde en general se procedió a la disolución de la orden pero los templarios fueron más o menos respetados e incluso absueltos y liberados en caso de apresamientos; en la península ibérica, por ejemplo, otras órdenes militares tomaron el relevo y a ellas fueron adjudicados parte de los bienes requisados a los templarios; el resto de las posesiones templarias quedó en manos de la monarquía o nobleza según el lugar y otras veces la Iglesia.
En el año 2007, responsables del archivo vaticano publicaron el documento “Processus contra templarios”, que recopila información a partir del Pergamino de Chinon (documento histórico de 1308 que pone en duda las acusaciones contra el Temple) que parece ser se extravió y fue recuperado en 2001.
En este Processus contra templarios se establece lo siguiente:
1.El Papa Clemente V no estuvo convencido de la culpabilidad de la Orden del Temple.
2.La Orden del Temple, su Gran Maestre Jacques de Molay y el resto de los templarios arrestados, muchos de ellos ajusticiados posteriormente, fueron absueltos por el Santo Padre luego de ser ajusticiados o quemados vivos.
3.La Orden nunca fue condenada, sino disuelta, fijando la pena de excomunión a quien quisiera reeditarla.
4.El Papa Clemente V no creyó en las acusaciones de herejía y por ello permitió a los templarios ajusticiados recibir los Sacramentos, a pesar de lo cual, fueron ajusticiados en la forma en que la jurisdicción canónica establecía para los herejes relapsos (aquellos que después de confesar, se echan atrás en sus confesiones).
5.Clemente V negó las acusaciones de traición, herejía y sodomía con las que el Rey de Francia acusó a los templarios, no obstante lo cual, convocó el Concilio de Vienne para confirmar dichas acusaciones.
6.El proceso y martirio de templarios fue un “sacrificio” para evitar un cisma en la Iglesia católica, que no compartía en su gran parte las acusaciones del Rey de Francia, y muy especialmente de la Iglesia francesa.
7.Las acusaciones fueron falsas y las confesiones conseguidas bajo torturas

 

Este documento implicaría que hubo serios defectos en el proceso judicial contra la Orden del Temple, y que las presiones del entonces rey de Francia Felipe IV influyeron decisivamente para su disolución.
En general los templarios no opusieron resistencia cuando se procedió a su apresamiento y procesamiento, salvo en algunos casos concretos como en el reino de Aragón, donde hicieron un intento por defenderse atrincherándose en algunos castillos, siendo el de Monzón (Huesca) el último que fue rendido al cabo de unos meses. En España se puso de manifiesto la inocencia de los templarios oficialmente en el concilio de Tarragona en 1312, siendo absueltos igualmente en Castilla; no obstante, la decisión papal respecto al Temple ya era firme y el posterior proceso de disolución de la orden se llevó a cabo, transcurriendo sin mayores problemas. Así es como la orden de Montesa (Valencia) fue creada por el rey de Aragón Jaime II, con fondos del extinto Temple; de igual manera se beneficiaron las órdenes de Calatrava, Santiago y Alcántara en Castilla y León, con las cuales el Temple había sostenido generalmente buenas relaciones (salvo en casos excepcionales). Por otro lado, en el reino de Portugal simplemente se le cambió el nombre por el de Orden de los Caballeros de Cristo; esta continuó existiendo aunque con ciertos cambios como su sumisión al poder de la corona, hasta que fue secularizada hacia el siglo XVIII. En Inglaterra, donde la orden había tenido también gran influencia, se disolvió sin que hubiera maltrato hacia los templarios. En Alemania la orden Teutónica acogió a muchos caballeros , y es notorio el caso de Escocia donde el recién coronado Robert Bruce, que mantenía estrechas relaciones con los templarios, hizo caso omiso al edicto papal.
Hasta aquí, los hechos históricos meramente biográficos relativos a la Orden del Temple; en el próximo capítulo comprobaremos los hechos que pueden fundamentar su carácter esotérico.

 

 

 

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