RENE GUENON

Rene GuenonRené Guénon (René Jean Marie Joseph Guénon) fue un filósofo esoterista francés nacido en la localidad de Blois (cerca de la ciudad de Orleans) el 15 de noviembre de 1886 y fallecido en El Cairo (Egipto) el 7 de enero de 1951.

 

 

Fue además un inspirado autor de varios libros y gran cantidad de artículos y textos menores versados en diversos aspectos de la Tradición esotérica tanto oriental como occidental, su proyección sobre la ortodoxia religiosa y la evolución espiritual en general del hombre, todo ello marcado con una aguda perspectiva metafísica.

Definir a Guénon como filósofo esoterista es demasiado difuso, aunque necesario por la imposibilidad de calificar estrictamente la actividad de este hombre que fue sin duda un auténtico erudito. Hay que puntualizar que las obras de Guénon no fueron exitosas ni de gran tirada editorial; de hecho, pasaron casi desapercibidas en su momento, siendo sólo apreciadas por un estrecho círculo de admiradores y un grupo no demasiado numeroso de afectos a las materias tratadas. Algunos de sus escritos crearon cierto malestar por constituir un ataque frontal (sólidamente argumentado) a ideas o grupos firmemente establecidos socialmente (en el entorno religioso y espiritualista), pero lejos de provocar situaciones de polémica dialéctica lo cierto es que alrededor de la persona de Guénon siempre hubo un manto de silencio, una especie de indiferencia que él personalmente tampoco se esforzó por alterar.
Gran estudioso de las doctrinas y religiones orientales, maestro y conocedor experimentado del espiritualismo y la actividad ocultista de su tiempo (pues llegó a pertenecer a los grados más elevados de señaladas sociedades esoteristas), plasmó en sus obras un extraordinario e incuestionable saber. Con razón llegaría a escribir de sí mismo que “no podía aplicársele ninguna de las etiquetas habituales en el mundo occidental”. Se negó a proclamar una ideología personal y el único mérito que reivindicó fue el ser portavoz discreto y concienzudo de una tradición inmemorial que trasciende todo pensamiento y sentimiento humanos, la filosofía perenne.
Pese a suscitar con sus obras una ferviente admiración, eso sí, en una minoría de personas, que encontraron en ellas un sano alimento y guía para el espíritu, la vida de Guénon fue bastante discreta, hasta el punto de llegar a asumir una especie de exilio voluntario que abarcaría los últimos veinte años de su vida.

Desde su nacimiento, Guénon vio marcada su personalidad por una frágil salud. Este hecho le condicionaría en períodos cruciales de su vida, y hubo de sobreponerse con dificultad. En su infancia, sus padres, fervientes católicos, asumieron su cuidado con dedicación, apoyados por su tía (Mme. Duru) que cumplió el papel de institutriz voluntariamente (y con la que mantuvo siempre una estrecha relación afectiva); sin embargo, esto no impidió que su rendimiento académico se viera afectado, pese a ser considerado en general un alumno esforzado y brillante.
Habiendo puesto sus miras en el estudio de las matemáticas, en 1904 abandonaría la escuela de su pueblo natal para intentar conseguir la licenciatura en dicha ciencia en la Escuela Politécnica de París. Este deseo no prosperó, en gran parte debido al retraso escolar que manifestó Guénon sobre todo por causa de problemas de salud. Consta que, a pesar de sus esfuerzos por sacar adelante los estudios, sus profesores le recomendaron abandonar esta materia por hallarse demasiado lejos del nivel requerido. Finalmente hacia 1906 abandonaría sus estudios regulares. No obstante, habiendo establecido su residencia en París, pronto tendría su primera toma de contacto con el ocultismo que bullía activamente por aquel entonces en la capital francesa.
Efectivamente, por mediación de personas allegadas Guénon tuvo oportunidad de conocer y asistir a la Escuela Hermética que dirigía el doctor Gerard Encausse (Papus), fundada por éste para el estudio de temas esotéricos y frecuentada por numeroso público. Gracias a su intelecto y meticulosidad, avanzó rápidamente en el estudio de estas materias y pronto tomaría contacto con sociedades esotéricas con mayor nivel de conocimiento; ingresó en la Orden Martinista en la cual pronto llegaría a alcanzar los grados superiores. A partir de aquí, conoció la Hermandad Hermética de Luxor, de carácter más avanzado que la Orden Martinista aunque por aquel entonces bastante estancada, para posteriormente recalar en dos logias masónicas de diferentes ritos en las cuales se promocionó de forma brillante, llegando incluso a ser investido personalmente por Theodore Reuss, el célebre ocultista alemán cabeza visible de la O.T.O.
Entre el 7 y el 10 de junio de 1908 tiene lugar en París el célebre Congreso Espiritualista y Masónico, en el que Guénon participa; conoce allí a Fabre des Essarts, que en aquellos días era el patriarca de la Iglesia Gnóstica (que a la sazón estaba sufriendo ciertas transformaciones en su seno). Directamente le solicita su admisión en el grupo, e ingresa con el seudónimo de Palingenius, siendo ordenado obispo de la Iglesia Gnóstica con ese sobrenombre.

Antes de eso, a principios de 1908, Guénon había gestado un tímido intento de formar un grupo independiente regentado por él mismo; a resultas de unas comunicaciones mediúmnicas recibidas por unos amigos, Guénon decidió formar la que denominó Orden del Temple renovada, un grupo con el que pretendía aglutinar la esencia de las enseñanzas que se ofrecían en las distintas sociedades esotéricas pero que tuvo una existencia efímera. Es probable que por entonces Guénon ya estuviera algo desencantado con lo que veía en el seno de las organizaciones esotéricas que ya bien conocía por propia experiencia. Lo cierto es que la citada Orden del Temple supuso el principio de la ruptura de la relación de Guénon con las sociedades neo-espiritualistas de su tiempo, ruptura que se produjo paulatina e irremediablemente. De hecho, a resultas de la creación de dicha Orden del Temple Guénon sería expulsado de todas las organizaciones a que pertenecía y que estaban controladas por Papus.

Respecto a estas sociedades que conoció de primera mano entre los años 1906-1909, Guénon diría posteriormente:
“Es imposible asociar doctrinas tan dispares como son todas las que se alinean bajo el nombre de espiritualismo; todos estos elementos no podrán jamás constituir un edificio estable. La equivocación de la mayor parte de estas doctrinas pseudo-espiritualistas, es la de no ser más que materialismo transpuesto a otro plano y de querer aplicar al patrimonio del espíritu los métodos que la ciencia ordinaria emplea para el estudio del mundo hílico (material). Estos métodos elementales no darán jamás a conocer otra cosa que simples fenómenos sobre los que es imposible edificar una teoría metafísica cualquiera, pues un principio universal no puede inferirse de hechos particulares.
Por otro lado, la pretensión de adquirir conocimientos del mundo espiritual por medios materiales, es evidentemente absurda; solamente en nosotros mismos podemos encontrar los principios de este conocimiento y no en cosas exteriores.”

Su periplo por las sociedades esotéricas culminaría con su admisión en la logia masónica Thebah, en la que consta que permaneció hasta el inicio de la Gran Guerra en 1914.
En líneas generales, la actividad pública de René Guénon entre 1906 y 1914 contribuyó por un lado a su formación básica e iniciación en el esoterismo de mano de algunas de las órdenes ocultistas de mayor prestigio por entonces, y por otro a despertar el espíritu crítico e inconformista que mantendría ya el resto de su vida respecto a la actitud espiritual del mundo occidental y que en consecuencia le llevaría a sumirse en el estudio de la Tradición oriental.

Después de la guerra no volvería a participar activamente dentro de ninguna orden esotérica, aunque mantuvo contacto e interés por la masonería, de la cual diría posteriormente:
“La Masonería ha padecido una degeneración; el comienzo de esta degeneración es la transformación de la Masonería operativa en Masonería especulativa, pero no podemos hablar aquí de discontinuidad; aun habiendo habido “cisma”, la filiación no fue interrumpida por eso y continúa a pesar de todo; la incomprensión de sus adheridos y hasta de sus dirigentes no altera en nada el valor de sus ritos, de los cuales ella continúa siendo depositaria.”

No se sabe con precisión la época en la que Guénon volcó su atención sobre el esoterismo y la metafísica oriental, ni si antes de 1914 tuvo contacto alguno con algún representante calificado oriental de cualquier clase; lo que sí se conoce es la relación que entabló en aquellos años con dos hombres que tuvieron una influencia apreciable en su formación intelectual. Por un lado estaba Leon Champrenaud, un activo esoterista que había sido maestro en la Escuela Hermética de Papus y desde ahí había pasado a la orden Martinista, donde ejerció importantes cargos; también ostentaría el título en el movimiento gnóstico de obispo de Versalles con el seudónimo de Théophane. Champrenaud llevaba tiempo distanciándose del ideario de Papus y se inclinaba más al estudio de las doctrinas orientales. Más adelante se convertiría al Islam bajo el nombre de Abdul-Haqq (“servidor de la verdad”).
El otro personaje era Albert Pouyou, conde de Pouvourville, oficial del ejército francés que a finales del siglo XIX había desempeñado en Tonkin (por aquel entonces protectorado francés, corresponde al actual Vietnam norte) labores administrativas y militares. Su estancia en esta colonia parece ser que le ofreció la oportunidad de recibir la iniciación en el taoísmo chino, adquiriendo por esa circunstancia el seudónimo de Matgioi. Hacia 1894 regresó a Francia y tomó contacto con el ocultismo activo. Sería también obispo gnóstico con el seudónimo de Simon.
Pouvourville y Champrenaud fundaron en abril de 1904, “La Vía”, revista mensual esoterista de inclinación orientalista, que duraría hasta marzo de 1907 y en la cual fueron publicadas por primera vez las obras capitales de Matgioi “La Vía Metafísica” y “La Vía Racional”, así como un trabajo en colaboración, “Las Enseñanzas Secretas de la Gnosis” bajo la firma gnóstica de Simon Théophane.
Estos dos hombres se esforzaron realmente por dar a conocer en Francia las auténticas enseñanzas metafísicas de Oriente, y prestaron un gran apoyo a Guénon sobre todo aportando información para “La gnose”.

“La gnose” fue una revista fundada por Guénon en noviembre de 1909 con la colaboración de algunos de sus compañeros de la ya citada Orden del Temple. En un principio la revista aparecería como órgano de la Iglesia Gnóstica (de hecho Guénon firmaba los artículos como Palingenius), pero enseguida se convirtió en “revista consagrada al estudio de las ciencias esotéricas”, en particular la Tradición oriental gracias a las aportaciones de los mencionados Théophane y Matgioi. Aquí aparecería el primer texto publicado por Guénon, titulado “El demiurgo”. La revista fue editada por la célebre “Librairie du merveilleux” parisina que regentaba P. Dujols, y dejaría de publicarse en febrero de 1912.
Paul Chacornac, en su libro biográfico “Vida simple de René Guénon”, asegura que éste hubo de tener relación alrededor de 1909 con un maestro que le inició en la Tradición hinduista, aunque reconoce no poder precisar su identidad ni los pormenores del encuentro. En cuanto al taoísmo, cabe pensar también que alrededor de esa época Guénon recibió la influencia directa de algún maestro taoísta, probablemente por mediación de Pouvourville.
Ciertamente, en los artículos de “La gnose” Guénon ya demostraba un conocimiento de la metafísica hindú muy preciso, fruto del estudio y la meditación. Sin embargo, hacia 1912 se convertiría al islamismo por mediación de Abdul-Hadi, un europeo (concretamente el pintor sueco Ivan Agueli) también islamizado que colaboraba en La gnose e introdujo a Guénon en el círculo sufí; así, recibió la iniciación (barakah) de un maestro (sheikh) islámico, el Sheikh Elish. El porqué de la elección de Guénon por el islamismo cuando en general su obra hace más bien referencia al hinduismo es difícil de precisar al ser una decisión muy personal. Cabe pensar que el ritual hinduista es totalmente incompatible con el modo de vida occidental moderno, siendo más asequible el rito islámico, aunque esto es sólo una conjetura.
En el mismo año, en julio, Guénon contrajo matrimonio con la señorita Berthe Loury en Blois; poco tiempo después la pareja se instaló en París.

Entre 1913 y 1914 Guénon colaboró con la revista “Le France antimaçonnique” (La Francia antimasónica), una publicación de corte católico donde se criticaba con virulencia la masonería. Esta colaboración ha provocado que Guénon haya sido duramente atacado por defender ocasionalmente el catolicismo occidental, el mismo que criticó en sus libros (máxime habiéndose convertido ya entonces al Islam), y por argumentar contra la masonería a la cual él había pertenecido activamente y que la cual jamás renegó. Para entender esta postura, a simple vista ambigua o interesada, habría que tener en cuenta que Guénon lo que criticó realmente es el cariz que estaba tomando la actividad de la masonería moderna, diferenciándolo de la masonería ideal original. Por otra parte, él siempre consideró a todas las religiones ortodoxas como adaptaciones de la Tradición Primordial; no condenaba expresamente el catolicismo, sino que matizaba lo que él consideraba desviaciones o errores respecto de la doctrina única y generalmente en relación con el desarrollo espiritual occidental.
Guénon sobrevivió a la Primera Guerra Mundial siendo dispensado del servicio militar por sus problemas de salud. Entre 1915 y 1917 ejerció de profesor; en este último año fallecería su madre, y hacia septiembre fue nombrado profesor de filosofía en la ciudad argelina de Setif, adonde se dirigió junto con su mujer y su tía Mme. Duru. Allí estuvieron un año, y Guénon tuvo oportunidad de tener contacto directo con el Islam después de su conversión. A su regreso se instalaron en Blois, y Guénon retomó su trabajo docente. En 1919 volverían a París donde Guénon empezó a preparar sus primeros libros.
EN 1921 aparece el primer libro de Guénon: “Introducción General al Estudio de las Doctrinas Hindúes”, una introducción al estudio de la Tradición primordial y sus principios y estructuras contrastada con la mentalidad moderna occidental, además de apuntes de la doctrina oriental hindú. En ese mismo año emprende en la Revue de Philosophie, una colaboración con artículos sobre la historia y las doctrinas de la Sociedad Teosófica; este material completado con un posterior desarrollo daría lugar al libro “El Teosofismo, historia de una pseudo-religión.” Guénon complementaba así un aspecto de la Introducción a las Doctrinas Hindúes, relativa a las interpretaciones occidentales de las tradiciones de la India. Este trabajo se proponía demostrar que las doctrinas propagadas por la Sociedad Teosófica reflejaban conceptos puramente occidentales y no tenían en común con las auténticas doctrinas hindúes, más que una terminología aplicada de manera más o menos correcta. En el libro Guénon reconoce expresamente la contribución de hindúes; parece ser que aquí alude subrepticiamente a Swani Narad Mani, un hindú que conoció en el época de su trabajo en “La France antimaçonnique”, muy crítico con el teosofismo y que le proporcionó documentación al respecto.
En 1923 se publica “El error espiritista”, un libro donde Guénon se propone desmontar el movimiento espiritista, el cual había conocido un amplio desarrollo en Europa. Pese a su sólida argumentación que incluía la crítica a la idea de la reencarnación tal y como la concebían los espiritistas, la obra provocó las iras en los ambientes espiritistas y ocultistas en general. Pese a todo, la venta de los libros no era demasiado satisfactoria y Guénon seguiría ejerciendo como profesor entre 1924 y 1929 ininterrumpidamente.

En 1924 publicaría “Oriente y Occidente”; en ella Guénon básicamente abogaba por un acercamiento necesario entre ambas civilizaciones en el terreno metafísico, empezando por una necesaria revisión del status actual de Occidente y un retorno al espiritualismo esencial perdido en aras del avance del modernismo. Y ya en 1925 aparecen “El hombre y su devenir según el Vedanta” y “El esoterismo de Dante”. Antes de finalizar el año, Guénon daría en la Universidad de la Sorbona la única conferencia que concedió en su vida.
En 1927 se publica “El rey del mundo”; en esta obra, Guénon aprovecha un cierto auge que estaban conociendo las teorías que hablaban de un centro iniciático o reino subterráneo inmemorial (Agharta) donde se supone habitaría el misterioso personaje conocido como “Rey del mundo”, el cual dirigiría el destino de la Humanidad. En el libro Guénon precisa la teoría tradicional de los centros espirituales y desarrolla la idea de la existencia de un centro espiritual supremo que conservaría impoluta la Tradición Primordial; para ello aporta como pruebas diferentes relatos contenidos en tradiciones particulares como la hindú, lamaísta, la misma Cábala e incluso el Nuevo Testamento, entre otras. Algún punto delicado se debió de tocar en la redacción de este libro, pues parece ser que a partir de su publicación Guénon perdió varios contactos en Oriente (concretamente en la India). Presumiblemente el libro desvelaba información que ciertos maestros orientales consideraban que no debía ser divulgada en Occidente. Al respecto de estos sucesos, Paul Chacornac (op. cit.) comenta que Guénon hizo uso de las habilidades de un psicometrista para tratar de averiguar la identidad de alguno de esos maestros y su posicionamiento respecto del trabajo de Guénon en “El Rey del mundo”, obteniendo respuestas de ruptura afirmativas.

No sería la única vez que Guénon haría uso de tales artes como la psicometría, si nos atenemos a lo que cuenta Jean Reyor (seudónimo de Marcel Clavelle, editor en la revista “El velo de Isis” desde 1932 a 1960, revista de la que hablaremos después) en el controvertido “Dossier Reyor”. Reyor apunta que Guénon hacía uso de las facultades telepáticas de Georges Thomas (redactor jefe en “El velo de Isis”) para prevenir ataques psíquicos contra su persona e identificar a sus agresores, algunos de los cuales creía que eran altos cargos de sociedades esotéricas a las que había pertenecido o con los que había tratado en el pasado.
Ese mismo año (1927) se publicaría “La crisis del mundo moderno”, libro en que Guénon matiza algunos puntos de “Oriente y Occidente” además de abordar nuevos aspectos comparativos de la evolución espiritual entre las dos culturas.
A mediados de 1928 muere la esposa de Guénon, hecho que le afectó bastante y fue agravado por el fallecimiento nueve meses después de Mme. Duru, su tía.

Hago aquí un inciso para referirme a la mencionada revista “El velo de Isis”: hay que decir en principio que en aquella época esta era una de las pocas publicaciones espiritualistas reaparecidas después de 1920, tras la gran guerra. Originalmente fue fundada por Papus en 1890 y consagrada al estudio del ocultismo y esoterismo. Se editaba bajo los auspicios de la Biblioteca Chacornac en París, editora asimismo de diversos trabajos esoteristas y cuyo director era Paul Chacornac. Entre 1925 y 1927 René Guénon había concedido diversos artículos a la revista, y en 1928 el mismo Paul Chacornac le instaba a que regularizara su colaboración; Guénon accedió a colaborar más asiduamente, a condición de ser considerado como un redactor más sin interés por ocupar un cargo de mayor relevancia en la publicación. A partir de 1933, la revista cambiaría su nombre por el de “Revista de Estudios tradicionales”, nombre más acorde al contenido de la misma. Lo cierto es que los artículos en “El velo de Isis” abrieron una interesante vía de expresión y opinión a Guénon alternativa a sus libros.

En 1929, la situación personal de Guénon iba a dar un giro importante. A mediados de año conocería a través de la editorial de “El velo de Isis” a Madame Dina, una viuda que disponía de una gran fortuna y que se interesó por los trabajos de Guénon, ofreciéndose a patrocinar la publicación centralizada de todas sus obras, amén de otros trabajos de traducción y obras relacionadas con la filosofía oriental, sobre todo sufí. Para llevar esto a cabo, en marzo de 1930 la millonaria se embarcó con Guénon hacia El Cairo con objeto de buscar y hacer traducir textos de esoterismo islámico. Pese a que en un principio Guénon había planeado volver en unos pocos meses, jamás regresaría de Egipto (el hecho de no contar ya con ningún pariente cercano en Francia pudo influir en este hecho). La tarea que Guénon viniera en un principio a realizar en El Cairo se vió truncada enseguida debido sobre todo a la retirada del apoyo de su mecenas, quien cambió sus objetivos drásticamente. Así pues, Guénon decidió asumir los usos y costumbres del país y vivir discretamente sin contacto con europeos; se le conocía entonces por el nombre de Sheik Abdel Wahed Yahia. Hablaba bien el árabe; consumado políglota, los idiomas no habían sido jamás problema para él, pues además conocía el latín, griego, hebreo, alemán, italiano, español, ruso y polaco.
En los dos años siguientes aparecerían las obras “El simbolismo de la cruz” y “Los estados múltiples del ser”. Además, Guénon enviaba artículos periódicamente para ser publicados en “El velo de Isis”. A mediados de 1934 contrajo matrimonio con una mujer árabe; para entonces llevaba una modesta vida bastante aislado del exterior cuyo único contacto con Europa era principalmente mediante el correo. No obstante, la correspondencia que provocó su colaboración en “El velo de Isis” le mantuvo bien ocupado hasta el inicio de la guerra en 1939, de manera que no publicaría ningún libro más hasta pasada la contienda.
De este modo Guénon preparó a conciencia su libro “El reino de la cantidad y los signos de los tiempos” que sería publicado en 1945, seguido de “Consideraciones acerca de la iniciación” un año después; dos obras situadas entre las más inspiradas del autor. Cerraría la trilogía ese mismo año “Los principios del cálculo infinitesimal”. Y también en 1946 aparecería “La gran tríada”, el último libro publicado por Guénon en vida y que versaba sobre la Tradición china.

En 1948, con dos hijas fruto de su segundo matrimonio, Guénon solicitó la nacionalidad egipcia la cual le fue concedida. En 1949 nacería su primer hijo varón. A partir de entonces padecería bastante por motivos de salud, hasta enero de 1951, fecha en que falleció en paz y lucidez en su casa de El Cairo, ciudad donde fue enterrado. Algunos meses después su mujer daría a luz a su segundo varón, pues se encontraba encinta cuando sobrevino la muerte de Guénon.

René Guénon no dejó obras inéditas; sin embargo, se publicaron diversos libros a título póstumo en su nombre, compuestos por artículos y textos de origen diverso integrados bajo diferentes criterios.
Es lógico pensar que sus opiniones y razonamientos provocaron reacciones en las mentalidades más conservadoras y en los sectores religiosos más ortodoxos. En el seno del catolicismo es opinión que Guénon jamás llegó a entender la verdadera mística cristiana y esto, unido a un marcado gnosticismo había forjado en él un evidente espíritu anticristiano. En el terreno personal, se le ha acusado de opinar interesadamente y, por ello, sin tener un verdadero y original pensamiento o acaso disimulándolo a conveniencia; esto es debido a las públicas colaboraciones que Guénon realizó en medios tan dispares como la masonería, la R.I.S.S., la publicación “Francia antimasónica”…Algunos estudiosos ven en esto un afán de protagonismo insaciable. La autora Marie France James, afirma que el temperamento de Guénon se caracterizaba por el nerviosismo y la sensibilidad extrema, a lo que se añade la inestabilidad, la impulsividad y la irritabilidad sólo templados por la presencia de lo intelectual; a todo esto se añadía una susceptibilidad exacerbada. También se ha dicho que Guénon era perfeccionista hasta el extremo de caer en la soberbia, y que por tratar de situarse a un nivel eminentemente metafísico perdió contacto con la realidad, lo cual se manifiesta en una cierta imprecisión en sus textos y en el hecho de no comprometerse o pronunciarse en asuntos “mundanos”.
En todo caso la lectura de sus libros evidencia, aparte del dominio incontestable de las materias que tratan por parte del autor, la propuesta general de un neotradicionalismo que subjetivamente se acepta sin dificultad a la luz de un raciocinio regularmente armónico y exento de manías y fobias. Además, la prosa efectiva y sintética de Guénon ayuda a la comprensión de sus proposiciones y enfoques, siempre interesantes y sugerentes. A pesar de no haber inventado nada, a Guénon hay que reconocerle el mérito de reavivar de manera enérgica, concisa y brillante la llama de la espiritualidad, manifestando la desviación sufrida por el hombre moderno respecto de su ser y aspiración primordial, y los medios para reconectar con su esencia.

Por desgracia, el escenario esbozado por Guénon y sus vaticinios respecto al futuro de la humanidad no sólo adquieren hoy en día pleno significado, sino que de un vistazo podemos observar cómo la situación ha tomado el peor cariz posible; vemos cómo la espiritualidad en Occidente se ha convertido en mercancía barata, y en el mejor de los casos el hombre occidental añora un regreso a dicha espiritualidad careciendo de una guía fiable para reconocerse a sí mismo. Y a la vez, si miramos a Oriente, veremos la disgregación inevitable y efectiva de su Tradición, siguiendo los pasos del modernismo en boga e incluso tomando voluntariamente el relevo del progreso materialista llevado al extremo.

 

 

 

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