SANTERIA

SANTERIA, RELIGION AFROCUBANA

 

 

 

 

Un caso extraordinariamente curioso y representativo de sincretismo religioso, o conciliación de religiones de origen distinto,  que podemos ver hoy en día en el mundo es el de la santería. Santería es una religión que, teniendo sus raíces en Africa, creció y se desarrolló en América Central difundiéndose rápidamente por buena parte de iberoamérica y más recientemente por Estados Unidos y Europa, de modo que actualmente se habla de una cifra de fieles a esta creencia cercana a los cien millones de personas, cifra que continúa creciendo dando una idea del arraigo que está experimentando la santería en la sociedad actual.

 

Santería es el resultado de la combinación entre las creencias religiosas más representativas de los pueblos indígenas africanos y el catolicismo (al menos su culto más ortodoxo). Esta mezcla tuvo lugar espontáneamente en el Nuevo Mundo y respondió a la necesidad de conciliar de algún modo las creencias originales de un grupo de población concreto (los esclavos africanos) con las que les eran impuestas principalmente por los colonizadores españoles que usaban a estos esclavos como mano de obra masiva en las colonias insulares de América Central (sobre todo Cuba, origen de la santería). De este modo, los nativos africanos que arribaron a estas colonias mantuvieron su religión original, aunque para ello tuvieron que asimilar algunos aspectos de la evangelización católica impuesta por los españoles (o portugueses como en el caso de Brasil) que allí habitaban y gobernaban, sobre todo los aspectos externos tradicionales del culto; de esta peculiar simbiosis nació la santería, palabra derivada del español “santos” y que significaría literalmente “adoración de los santos”, dado que los africanos identificaron sus propias deidades con los santos católicos, mimetizando así su culto propio para poder mantenerlo vivo lejos de su tierra original y en un entorno manifiestamente adverso para su práctica.

 

Hablamos de santería como una religión propiamente dicha, y cabría preguntarse si no se trata más bien de una extensión del culto católico impregnado con un fuerte componente de ritual y magia de la tierra e incluso hechicería, es decir, básicamente una adulteración del catolicismo ortodoxo producido por incorporación de elementos del animismo, concepto muy presente y asumido en las religiones y creencias originarias de Africa. Los ritos como el bautismo, la misa, la veneración a los santos o la fe en cierta simbología católica son parte fundamental de la santería, y parecen probar la dependencia de ésta hacia la iglesia católica. Por otro lado, la raíz africana de la santería es sin ninguna duda una religión completamente independiente dotada de su propia cosmología, simbología y mitología sagrada y cuerpo doctrinal, además de un rico y colorido ritual (y folclore) que conforma el culto o práctica religiosa. Luego podemos inferir de todo ello que la santería podría considerarse una religión toda vez que incorpore y respete los principios y la sacralidad de su raíz africana y esto forme su columna vertebral, aderezado por ciertas convenientes influencias del catolicismo. Una buena prueba del desarrollo independiente de la santería es que en las últimas décadas muchos santeros y devotos están efectuando contactos e intercambios intelectuales con miembros de la religión original africana con el fin de reforzar la doctrina de la santería a partir de su semilla original africana.

 

Así pues, la santería sería mayormente una religión basada en la magia primitiva y cuyas raíces descansan en el corazón de Africa. Vamos a definir ahora esas raíces.

 

La santería tiene su origen en la religión de la etnia africana yoruba. El pueblo yoruba es un importante grupo etnolingüístico localizado tradicionalmente en Africa occidental, sobre todo en los países de Nigeria y Benin donde alcanza un buen porcentaje de la población total. Además de esto hay una significativa población en países del continente americano como consecuencia de la diáspora sufrida por el pueblo yoruba a lo largo de siglos y debida principalmente al comercio de esclavos.

 

El pueblo yoruba tiene un patrimonio cultural propio rico y bien definido, y su historia se remonta probablemente a varios siglos antes de la era cristiana, época en que se presume la fundación del núcleo o ciudad-capital principal Ile-Ife. En ese patrimonio destacan los aspectos religiosos y mitológicos, que como en el resto de religiones tradicionales del continente africano  están marcados por el animismo. La base fundamental es la creencia en un dios primordial, creador del universo y omnipotente, y un panteón de dioses menores (semidioses, o potencias angélicas, denominados orixás) más cercanos y asequibles al hombre y con diferentes poderes y atributos, semejantes en parte a las divinidades griegas clásicas. Existe también una definida dualidad entre el bien y el mal que se manifiesta en todo lo creado y una gran veneración por los ancestros, ritualizada por la interacción efectiva con los espíritus de los muertos.

 

Hacia el siglo XIII (d.C.) el pueblo yoruba se organizó en reinos formados por ciudades-estado independientes, algunos de los cuales comprendían simplemente una ciudad y sus aldeas vecinas. Cada reino veneraba a un orixá en particular y todos rendían vasallaje al reino principal, la ciudad sagrada de Ile-Ife (también centro oracular y de peregrinación), la cual forma parte esencial de la mitología yoruba ya que allí se dice que se inició la creación del mundo. Ile-Ife, ciudad al sudeste de Nigeria que aún existe hoy en día, se erigió según la leyenda en la primera porción de tierra existente sobre las aguas del mundo primigenio, aunque hay que señalar que se considera que la ubicación de la Ile-Ife mitológica no se corresponde geográficamente con la de la ciudad actual.

 

La cosmogonía yoruba se basa en la idea de una entidad superior, integrada a su vez por tres divinidades o más bien que se manifiesta en tres aspectos, Oloddumare, Olorun y Eledáa, una curiosa trinidad. Oloddumare, el dios principal omnipotente y eterno, creó el mundo, que inicialmente sólo estaba poblado por semidioses (los llamados orixás). Posteriormente, repartió su poder (aché) entre los orixás, que en adelante son los encargados de intervenir en los asuntos humanos y de abogar por los hombres ante él gracias a la mediación del juez supremo o mensajero principal, Obbatalá. Los orixás gobiernan cada una de las fuerzas de la naturaleza y cada aspecto de la existencia humana.

 

 

Todos estos conceptos, con muy ligeras variaciones, forman parte fundamental de la santería. En santería los dioses yoruba son los mismos, aunque sus nombres pueden variar ligeramente. Se les denomina orishas  y se asocian con personajes del santoral católico; ocasionalmente se les referencia bajo un nombre u otro indistintamente. Los atributos y potestades de los santos católicos son importantes pues ayudan a enriquecer la descripción de los orishas.  El aché africano se denomina ashé en santería y es la fuerza base de la creación, la esencia de todo y con la que todo se puede realizar (un concepto parecido al de la luz astral). En santería la trinidad primigenia la conforman Oloddumare, Olorun y Olofi.  Obbatalá se considera el primero y padre de los demás orishas y designado por  Olofi para crear la tierra firme y la humanidad. Según algunos expertos, podría haber cerca de seiscientos orixás distintos en el culto original africano, los cuales se reducen a unos veinte o treinta orishas en santería.

 

Los asentamientos del pueblo yoruba fueron muy castigados por el comercio de esclavos, que tuvo un importante centro neurálgico en pleno golfo de Guinea, en la llamada Costa de los Esclavos que abarcaba las costas de lo que hoy es Nigeria, Togo, Benín y parte de Ghana. Se habla de que al menos dos millones de miembros de la etnia yoruba fueron llevados al continente americano en calidad de esclavos entre los siglos XVI y XIX, la mayoría de los cuales fueron a las Antillas y a Brasil. En toda hispanoamérica se les empezó a conocer como “lucumi”, apelativo que podría derivar de “o luku mi” (que significa “amigo mío” en algunos dialectos yoruba); es por ello que también se conoce a la santería como Regla Lucumi.

 

Cada grupo de esclavos que llegaba a América traía su propia religión dependiendo de su origen y etnia, pues aunque las religiones africanas eran en esencia muy similares había matices que establecían diferencias, y la mezcla entre los grupos también dio origen a la mezcla de cultos y creencias. La isla de Haití estaba circunstancialmente en manos francesas y los africanos que allí llegaron dieron lugar al vudú. Cuba, Puerto Rico y la República Dominicana estaban en manos españolas y aquí se desarrolló la santería (principalmente originaria de Cuba). Hay ciertas similitudes entre vudú y santería, como el nombre de ciertas deidades y algunos aspectos y creencias relacionados con la magia de la tierra y el culto a los muertos, aunque sus diferencias son mayores que sus similitudes. En Brasil estaban asentados los portugueses, de creencias y prácticas católicas muy afines a las de los españoles; allí surgieron la macumba y el candomblé, con una evolución bastante parecida a la santería aunque también con marcadas diferencias que las distinguen. No es fácil discernir en qué punto o momento determinado surgieron estas creencias; las tradiciones y ritos originales se fueron transmitiendo oralmente a partir de los antiguos sacerdotes  de manera que el culto pervivió y durante este proceso incorporó la influencia más o menos forzada del catolicismo, hasta que surgió un culto sincrético adaptado al nuevo entorno social  y cada vez más diferenciado; respecto a este proceso evolutivo hay que tener en cuenta que los africanos no sólo se enfrentaban a un entorno social extremadamente hostil sino a un hábitat muy distinto al propio (recordemos que sus creencias estaban íntimamente relacionadas con la tierra, el medio natural).

 

Más recientemente observamos que en santería es costumbre tradicional por parte de los iniciados en el culto el llevar un registro escrito de ritos y sortilegios, lo cual sin duda ha favorecido y reforzado la transmisión oral y la continuidad de esa cadena de iniciados.

 

Los colonos europeos no tardaron en apercibirse de los cultos propios desarrollados por los esclavos, lo que provocó que éstos tuvieran que extremar el secretismo en sus prácticas religiosas. Este secretismo se hizo tan acentuado que ha pervivido hasta nuestros días, y a pesar de que actualmente hay una notable apertura aún es evidente el hermetismo que se mantiene en torno al culto santero, en gran parte también motivado por la malinterpretación de los rituales de magia de la tierra que se llevan a cabo habitualmente en dicho culto y que incluyen sacrificios de animales vivos, lo cual lógicamente es visto con mucho recelo en la sociedad actual y considerado generalmente como hechicería o incluso magia negra.

 

En santería, el acto ritual tiene una gran importancia. De hecho, la fe y la creencia se asientan sobre una amplia variedad de ritos y sortilegios que son ejecutados formalmente y con un exacto protocolo por iniciados o sacerdotes y que tienen múltiples finalidades, que pueden ser la adivinación, la cura, la obtención de algún beneficio en particular, la protección o la consagración de alguien o algo, entre otras cosas. Y por supuesto la santería es una religión fundamentalmente iniciática: existen varios grados de maestría que se adquieren mediante ceremonias al efecto (en muchos casos secretas, sólo conocidas por aquellos que las han superado y que por supuesto tienen prohibido describir a los profanos)  y que son más complejas cuanto mayor es el rango que se pretende conseguir. Según algunos expertos, la santería se organiza en una docena de rangos: la más alta jerarquía correspondería al iniciado en los misterios de Dios u omo-koloba. De las siguientes, las más conocidas serían las de babalawo (la cuarta jerarquía, una especie de sumo sacerdote) y el rango más común que es conocido como santero (sexta jerarquía), correspondiendo el duodécimo y último rango a aquellas personas que no creen en los orishas ni en santería. Las personas situadas entre el séptimo y el décimo rango son conocidas como aleyos, una especie de discípulos de quienes se dice que están destinados a convertirse en santeros. Dentro de un mismo grado, como el de santero, puede haber también diversas clases de iniciados, por ejemplo dependiendo de la función en concreto que realice en el culto dicha persona. Básicamente el título de santero es el más usual, también puede ser adquirido por personas del sexo femenino y sería similar al de un sacerdote con potestad para ejecutar gran parte de las ceremonias, asesorar a los fieles e incluso preparar y guiar a ciertos discípulos que son apadrinados en ceremonias y rituales concretos. Además, el santero o santera normalmente es un experto en el arte adivinatorio de acuerdo a su grado de conocimiento y cuyo funcionamiento explicamos en un artículo aparte.

 

Una de las principales creencias en santería es la de que la vida de cada individuo está relacionada con un orisha en particular, que vendría a ser como el ángel guardián de cada uno y que serviría tanto de protector de la persona como de guía espiritual. Es por ello que uno de los ritos más básicos para los creyentes de santería es el de averiguar cuál es su orisha regente, y si esta persona prosiguiera su iniciación en la religión debería iniciarse exclusivamente en los misterios de ese orisha.
El santero, tanto si es hombre como mujer, se inicia así en los misterios de su orisha personal tras lo cual pasa a ser denominado omo-orisha, o hijo de orisha (cambiando este apelativo genérico por el nombre del orisha correspondiente, por ejemplo omo-Changó, omo-Ochosí…Esta ceremonia recibe el nombre de asiento, o hacer el santo) Se cree que esta persona pasa a ser como una contrapartida física del orisha, y a partir de entonces se dedica fundamentalmente a su culto, sin olvidar la veneración debida a los demás orishas; pero su poder y su guía los deberá a su orisha personal. El santero adquiere la potestad de  iniciar o “apadrinar” a otras personas, y con ellas establece un estrecho vínculo parecido al vínculo familiar. Todos los iniciados por un santero pasan a formar parte de su “casa” particular, y la amplitud, cohesión y estabilidad de esta “casa” desarrollada en base al vínculo religioso aporta prestigio al santero como si de una gran familia se tratase.

 

Un aspecto muy importante en el ritual santero, aparte de los sortilegios y escenificación, es la ofrenda. La ofrenda o sacrificio se denomina “ebbó” y se realiza con el fin de obtener los favores del orisha a quien va dirigido; estos favores o ayuda se reciben a través del preciado ashé proporcionado por el orisha y se manifiestan en la manera que el santero pueda desear o necesitar. El ebbó puede incluir desde una simple ofrenda de agua o hierbas al sacrificio de animales vivos que pueden ser desde un pollo a una cabra. Dependiendo del alcance o tipo de ritual, el animal sacrificado puede ser comido o desechado, o puede ser utilizada su sangre. No es frecuente el sacrificio animal o el uso de sangre en los ritos; en santería se otorga gran importancia a los sacrificios cruentos y ese tipo de actos son para casos extremos en los que se requiere una gran concentración de poder. Sí es más corriente el uso de hierbas y agua, de hecho la iniciación en santería implica un buen conocimiento de herboristería al utilizarse profusamente gran diversidad de plantas por sí solas o mezcladas (conocidas genéricamente en santería con el término “ewe”), y que tienen lógicamente gran importancia ya que cada planta (como cada ser vivo) está auspiciada por un orisha en particular. De hecho existe un componente de diversos rituales que es el “omiero”, un líquido sagrado preparado con agua y ciertas hierbas al que se concede gran  importancia. Y otro rito básico y muy usado es el del “despojo”, una especie de purificación ritual realizada con baños de agua y determinadas hierbas o por frotación también con hierbas.
Las piedras, llamadas “otanes” también tienen un importante papel en santería, pues representan el espíritu de los orishas y son muy utilizadas en diversos tipos de sortilegios. Y otro aliciente importante en el ceremonial santero es la música, o más bien el ritmo. Se utilizan sobre todo los tambores, denominados “bataá”, que pueden ser de diferentes tipos dependiendo del ritmo que se quiera imprimir a la ceremonia. Los ritmos son muy importantes, ya que imbuyen un determinado sentido al ritual el cual adquiere significado gracias a este ritmo.

 

Los rituales desarrollados en santería están orientados generalmente a la consecución de fines mágicos, entendiendo esto como el arte o capacidad de percibir y efectuar a voluntad alteraciones físicas y psíquicas de todo tipo y contrariamente, o no sujetas, a las leyes científicas conocidas mediante el uso de ciertos actos o palabras, o con la intervención de seres imaginables. Para entender el mecanismo oculto de esta magia, es interesante repasar las teorías propuestas por el antropólogo escocés James G. Frazer; este argumentó que el pensamiento en el que se fundamenta el concepto de la magia (aplicado a la magia natural) consiste en un conjunto de prácticas y creencias a los que individuos de una sociedad recurren para crear un beneficio o conseguir un fin, y consideró que esta línea de pensamiento sería predecesora en la escala evolutiva de la religión propiamente dicha. Asimismo, Frazer estableció dos tipos de magia práctica para tratar de explicar su funcionamiento interno:
-Magia imitativa, o simpática, que se funda en el principio de que lo semejante produce a lo semejante, referido a que los efectos provocados a algo o a alguien semejarán a las causas que lo provocaron, o que las cosas similares producen efectos similares. Un ejemplo muy representativo de este tipo de magia sería el uso del muñeco de cera moldeado a imagen de la persona que se quiere afectar. El mago cree que lo que le suceda al muñeco también le sucederá a la persona que pretende representar. Este concepto  también define en cierto modo la homeopatía (“lo similar cura lo similar”).
-Magia contaminante, o contagiosa, que alude a que las cosas que una vez estuvieron en contacto interactúan recíprocamente a distancia uniéndolas un lazo, incluso tiempo después de haber sido separadas. De este modo, en teoría sería posible ejercer influencia sobre una persona sólo con conseguir algo que haya estado en contacto con ella.

 

Luego básicamente estas formas de magia presuponen que las cosas interactúan entre sí en base a una atracción inexplicable; en todo caso esta interacción debe ser propiciada por la voluntad del mago u oficiador y asentada en una fe inquebrantable, que en santería se orienta a los santos u orishas.

 

En santería es muy importante el culto a los difuntos, a los que se denomina “eggun”. En general se invoca su protección al comienzo de las ceremonias, incluso antes de invocar a los orishas. Se considera vital honrar a los difuntos, que son objeto asimismo de ofrendas de todo tipo. Hay diversos rituales relacionados con el trato con los espíritus de los difuntos, los cuales pueden incluir posesiones de personas por parte de un espíritu, exorcismos y misas que podrían considerarse auténticas sesiones espiritistas.

 

Ya se ha declarado la importancia de la Iglesia Católica para el santero, que generalmente se suele considerar un practicante católico a pesar de su devoción por los orishas africanos. Esto puede parecer un contrasentido, pero está plenamente justificado y asumido en santería, tal es el grado de simbiosis que ha alcanzado con el catolicismo ortodoxo. Sin embargo, la santería no confunde a los santos con los orishas, sino que considera a estos como fuerzas divinas y a los santos más o menos como aspectos o avatares de aquellos relacionados por ciertas similitudes explicadas en el culto de cada uno. Aunque el propio culto a los santos católicos permanece, al menos externamente, valga como ejemplo la gran devoción que existe en Cuba por su patrona nacional la virgen de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre. Algunos de los principales sincretismos entre los orishas y los santos católicos son los siguientes:

 

-Elegguá,  conocido como Esu por los yorubas, es un orisha masculino muy importante, una especie de mensajero celestial del que se dice que (entre otras cosas) transmite los pensamientos y actos de los humanos a los dioses, por tanto se le honra generalmente antes de cualquier ofrenda o ritual para obtener su favor y simpatía. Corresponde con san Antonio en el santoral católico. En vudú es el poderoso dios Papa Legba.
-Obatalá, símbolo de paz y pureza, es el padre de la humanidad y rige la mente y el pensamiento. En santería se le conocen diversos avatares o caminos mediante los que se manifiesta, algunos de los cuales son de género femenino, lo que sugiere una idea de orisha andrógino. Principalmente se la asocia con Nuestra Señora de la Merced, que es una advocación mariana (alusión mística) de la Virgen María, aunque en otras de sus manifestaciones puede cambiar esta asociación.
-Orúnmila es también un destacado orisha, a la vez que tiene un lugar privilegiado en la mitología yoruba ya que se dice que fue designado por el dios principal Oloddumare para guiar a Obatalá  cuando este fue a cumplir su misión de crear la tierra firme. Orúnmila conoce el destino de todos los hombres, por ello se suele buscar su asesoramiento mediante oráculos. Esto se debe a que es el único orisha presente en el momento en que cada hombre escoge su destino en el mundo material (con todo lo que ello conlleva); he aquí un dato interesante, ya que es un hecho que la santería acepta la reencarnación en base a que todo hombre elige un destino el cual debe cumplir a lo largo de su vida, de no ser así sufre el castigo de los orishas que lo condena a reiniciar de nuevo esa experiencia fallida. En santería se suele conocer a Orúnmila por Orúnla, y se le asocia con san Francisco de Asís.
-Odduduá es una deidad controvertida, pues la tradición indica que fue el y no Obatalá quien culminó la creación de la tierra y de Ile-Ife. En santería se le suele considerar un avatar de Obatalá, aunque también se dice que sería su esposa o aspecto femenino y diosa de la tierra. Se corresponde con santa Ana o san Manuel.
-Changó fue, según la tradición africana, el cuarto oba (rey) legendario de la ciudad de Oyo (situada al oeste de Nigeria y núcleo de gran importancia en la historia yoruba). Divinizado a su muerte, se le atribuyen grandes poderes mágicos  y dominio sobre el fuego. Se le asocia con santa Bárbara.
-Oggún domina el hierro y los otros metales, es un orisha temido ya que su poder se relaciona con la guerra y la muerte, una especie de Marte romano. Pese a esto, en santería no se le considera un orisha maligno sino simplemente el arquetipo de los sucesos desastrosos y el severo castigador de los excesos. Por ello se le honra para recibir protección contra las mismas cosas que el orisha gobierna. Se le asocia con san Pedro.
-Ochosi es el patrón de los cazadores y poseedor de grandes poderes curativos. Es un orisha guerrero, aunque representa también la justicia divina, y suele ir en compañía de Oggún pues ciertas leyendas les mencionan como buenos camaradas. Se le asocia con san Norberto, aunque también se le conoce en Brasil donde es asociado a san Jorge o san Esteban.
-Aganyú es un orisha poderoso del que dicen las leyendas que se dedicaba a cruzar personas de una orilla a otra de un gran río. Se considera íntimamente unido a Changó, según unos testimonios como su padre y otros como su hermano gemelo. Asociado a san Cristóbal.
-Babalú-Ayé rige las enfermedades, las epidemias y similares. Es un orisha tan poderoso como temido, representado generalmente como un anciano de cuerpo enfermizo y contrahecho y apoyado en un báculo. Se dice que su culto proviene de la región de Dahomey (actual Benín), adonde fue desterrado como consecuencia de su desacato a los dioses. Como regente de la enfermedad, también gobierna en cierta forma el mundo de los difuntos. Se le asocia a san Lázaro.
-Osain es el dueño de los montes, la vegetación, y se dice que no nació sino que emanó de la propia tierra. Rige el mundo vegetal, que como ya hemos visto es de suma importancia en santería, pues sin las hierbas no se podrían efectuar los conjuros y rituales. Este orisha, aunque de carácter afable, es representado con una sola pierna, un solo brazo y un ojo. Se le asocia con san Silvestre o san Antonio Abad.
-Yemayá es una orisha femenina, rige las aguas de los océanos y lagos y la maternidad, se dice que es la Madre de todos dado que la vida proviene de las aguas del mar. Según las leyendas, estuvo casada con diversos orishas y tuvo escarceos amorosos con otros, de aquí que a veces se la considere madre fortuita de Changó. También rige la feminidad, y se la suele asociar con la luna. Se corresponde con la Virgen de Regla y Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción.
-Oshún es otra orisha femenina, hermana menor de Yemayá, y rige las aguas de los ríos, las aguas dulces que fertilizan la tierra. Personifica el amor y la fertilidad, y también los placeres de la vida, por lo que es una especie de Venus santera. Se asocia con Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, la patrona de Cuba.
-Oyá es la patrona de los vientos y las tempestades, y también se dice que es la dueña de los cementerios. Según la tradición fue la primera esposa de Changó, y es una aguerrida orisha. También se cuenta que tiene una eterna enemistad con Yemayá. Asociada con Nuestra Señora de la Candelaria, y también con santa Teresa.

 

Estos serían algunos de los orishas más importantes en santería. Existen muchas leyendas (“patakis”) en torno a ellos que sirven para definir y enriquecer sus roles y en cierto modo humanizar sus comportamientos de forma bastante similar a como ocurre en la mitología griega clásica. La mayoría de estas leyendas provienen de la mitología yoruba, contienen una moraleja o enseñanza oculta y han sido adaptadas al entorno santero mostrando a veces algunas variaciones. Asimismo, los orishas tienen parentesco entre sí o  se interrelacionan de algún modo, a veces pacíficamente y otras veces en encuentros violentos. Todos ellos tienen sus atributos particulares en función de sus personalidades (números, colores, atuendos, objetos predilectos) lo que lógicamente es bien tenido en cuenta en el desarrollo de los rituales, todo lo cual conforma el rico y colorido ceremonial propio de la santería.

 

 

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