LOS REYES DE INVIERNO Y LA ORDEN ROSACRUZ parte 1

 

Cuentos de Bohemia: el Rey y la Reina del Invierno, el Amanecer Rojo Rosacruz y su mago John Dee

En un anterior artículo, titulado la Orden Rosacruz, analizábamos la información fundamental disponible acerca de esta sociedad secreta y la relacionábamos con otras «fraternidades» como la masonería. En este ensayo, trataremos de ahondar más en el impacto e influencia que supuso en el periodo histórico en que la sociedad salió a la luz pública; para ello, estudiaremos la relación de la Orden con eventos históricos paralelos como la pugna religiosa entre católicos y protestantes —que culminó con la desastrosa Guerra de los Treinta Años— o el curioso episodio de los «Reyes de Invierno».

Comencemos.

 

«Rosacruz, en su sentido puramente histórico, representa una fase de la historia de la cultura europea intermedia entre el Renacimiento y la llamada revolución científica del siglo XVII. Es una fase en la que la tradición hermético-cabalística renacentista recibió el influjo de otra tradición hermética: la alquimia. Los «Manifiestos Rosacruces» son una expresión de esta fase, representando la combinación de magia, cábala y alquimia como la influencia que contribuyó a la nueva Ilustración».

– Frances Yates, «La Ilustración Rosacruz» (1978)

 

Según los estudios de la escritora inglesa Francis Yates (considerada una autoridad en la historiografía Rosacruz), fue la obra de John Dee —astrónomo de la corte y consejero de la reina Isabel I— la que constituyó el núcleo e impulso del movimiento rosacruz. Este movimiento, como Yates reconoce, fue crucial para la transición «alquímica» de las enseñanzas renacentistas a lo que se conocería como la Ilustración. En otras palabras, su propósito explícito era alejarse de las enseñanzas cristianas clásicas y acercarse a una interpretación hermético-cabalística de lo que es el conocimiento, la sabiduría y la espiritualidad, lo que daría origen al período histórico denominado Ilustración.

Así, bajo esta perspectiva, el movimiento Rosacruz puede ser entendido como un movimiento revolucionario en el pensamiento que estimularía la introducción y combinación de magia, cábala y alquimia en el concepto recién formado de las «ciencias naturales».

Estas enseñanzas sentarían las bases del sistema educativo moderno, un sistema de «educación universal» promovido inicialmente por los rosacruces y sus seguidores. John Amos Comenius (1592-1670), miembro de los Hermanos Bohemios (predecesores de los Hermanos Moravos), [1] también mantuvo las enseñanzas rosacruces (y jesuíticas) como base de sus lecciones y fue uno de los primeros defensores de la educación universal (ideal pansófico, o enseñar todo a todos). Al parecer, Comenius había rechazado una oferta de Harvard para asumir la presidencia de la recién fundada universidad, pues quería centrarse en su contribución al Colegio Invisible británico, un proyecto rosacruz.

Fue Comenius quien crearía la «semilla oculta», la esencia de las enseñanzas de los Hermanos Moravos, quienes resurgirían así de las cenizas de la Guerra de los Treinta Años (pues solo subsistieron las enseñanzas de Comenius). Tras esa atroz guerra (1618-1648), que Comenio vivió, que comenzó debido al enfrentamiento entre católicos y protestantes y arrasó sobre todo centroeuropa, los Hermanos Bohemios fueron prácticamente destruidos y se vieron obligados a pasar a la clandestinidad durante décadas, hasta que el conde von Zinzendorf (1700-1760) contribuyó a su resurgimiento y se trasladaron a Moravia.

 

Como ya vimos en otros artículos, el concepto de «Pecado Sagrado» fue introducido por el criptojudío Sabbatai Zevi y continuado por sus seguidores, quienes se autodenominaban sabateanos o sabateos. Esta deformación de lo considerado santo y sagrado solo fue posible como reacción ante lo que parecía ser una persecución deliberada de los judíos, que se estaba produciendo en España bajo la Inquisición, al tiempo que se producían pogromos judíos masivos en Polonia a partir de 1648 por parte de los cosacos y los jesuitas, lo que abocó a los judíos orientales a una mayor inclinación al misticismo. Como observa David Bakan en su libro «Sigmund Freud y la tradición mística judía» (2004), este resultado era bastante predecible:

«Dos corrientes principales recorren la historia del pueblo judío. Una, que hemos estado analizando, es la mística. La otra, asociada con el patrón característico del autogobierno judío, es la rabínica. En cuanto a los documentos escritos, el Zohar fue el principal apoyo de la corriente mística, y el Talmud lo fue para la rabínica. El espíritu místico ha tendido a rozar la apostasía y la herejía, especialmente ante la persecución.

…A medida que la vida se hacía más oscura para los judíos de Europa del Este en el siglo XVII, el conflicto entre el misticismo y el rabinismo crecía. La pregunta crítica era, por supuesto, por qué Dios debía abusar tanto de su pueblo elegido».

 

Para resolver esta paradoja, muchos judíos comenzaron a creer que los pogromos, junto con sus penurias y sufrimientos, debían ser la voluntad de Dios y debían ser vistos como una forma de limpieza, una purga, antes del regreso del Mesías.

Bakan continúa:

«Aunque los místicos coincidían en que los judíos se habían apartado del Pacto, creían que no se debía a falta de escrupulosidad, sino a una falta de comprensión adecuada. La Torá no era más que la forma externa del Pacto, y se requerían interpretaciones más profundas. Así, la Cábala, y en particular el Zohar, mostraban la manera de comprender el significado subyacente de la Torá. La Torá se consideraba un gran criptograma que debía descifrarse mediante diversos recursos semirracionalistas y místico-intuitivos.

…El conjunto de acontecimientos que rodearon la personalidad y los actos de Sabbatai Zevi, el “falso Mesías”, fue de una trascendencia profunda para los patrones psicológicos y emocionales de los judíos de la época moderna. Sabbatai Zevi pudo haber sido psicótico, como sugiere [Gershom] Scholem… Lo cierto es que, para los judíos del mundo, él fue el Mesías durante un tiempo».

 

Sabbatai Zevi (1626-1676) se autoproclamaría el Mesías judío a finales de 1648, el mismo año en que tuvieron lugar los pogromos judíos en Polonia. Zevi enseñaría a sus seguidores el concepto del «Pecado Sagrado», que según él era necesario para el advenimiento del nuevo milenio.

Jacob Frank (1726-1791) sería el siguiente líder importante de los sabateanos; se autoproclamó la reencarnación de Zevi y, por ende, el Mesías. Frank impulsaría aún más las enseñanzas del «Pecado Santo», incluyendo orgías ritualizadas, actos incestuosos y la violación deliberada de las leyes morales judías, que, según él, eran necesarias para acelerar la redención mesiánica mediante la aceptación del «abismo» del pecado. [2]

Frank colaboraría estrechamente con los Hermanos Moravos de Zinzendorf y, de hecho, animaría a sus seguidores a convertirse en apóstatas como Zevi, pero esta vez, promoviendo la conversión a la secta morava. Por lo tanto, hay una gran superposición entre los sabateanos, los hermanos moravos y, como pronto veremos, los rosacruces.

De hecho, 1648 también sería un año importante para la persecución de los cristianos. Más específicamente, de los cristianos protestantes perseguidos durante la Guerra de los Treinta Años, pero especialmente en la región de Bohemia, cuna de la Hermandad de Moravia. En todo caso, se cifra en al menos 8 millones de muertes en la Guerra de los Treinta Años, supuestamente la mayoría cristianos, tanto si se declaran católicos como protestantes.

 

Sin embargo, lo que asestó el mayor golpe a la esperanza protestante fue la promesa de una utopía que traerían consigo el «rey de invierno» y la reina de Bohemia, o sea, el Elector Palatino Federico V e Isabel Estuardo. Como señala Frances Yates en su libro «La Ilustración Rosacruz» (1972), los manifiestos rosacruces Fama y Confessio, y lo que muchos reconocen como el tercer manifiesto, Las Bodas Químicas, se referían a un Nuevo Amanecer que surgiría en el mundo, específicamente a través del matrimonio de Federico V e Isabel Estuardo.

Según Yates, parece que el escenario ya estaba preparado para lo que Federico V e Isabel Estuardo se iban a encontrar. Convencidos de aceptar la corona de Bohemia y convertirse en los «reyes de invierno» (llamados así por lo breve de su reinado), aceptaron insensatamente una corona destinada a recaer sobre la cabeza de un candidato de la casa Habsburgo. Ni siquiera la reina Isabel I había aceptado semejante oferta. [3] Esto selló el destino maldito de este sueño utópico e incendió Bohemia, pues fue este conflicto concretamente el que desencadenó la Guerra de los Treinta Años.

No obstante, de las cenizas surgirían los Hermanos Moravos y las enseñanzas Rosacruces inmortalizadas de John Dee, grabadas en los corazones de aquellos que juraron que llegaría un tiempo propicio en el que los misterios y la magia de Bohemia resurgirían como un fénix y anunciarían una Nueva Era Dorada.

Quizás ese fue el objetivo desde el principio…

 

Una boda química: el rey y la reina de invierno de Bohemia

«Una figura importante de los Rosacruces fue John Dee, quien parece obviamente ubicable históricamente como un mago renacentista de tipo Rosacruz… Dee perteneció enfáticamente a la tradición hermética renacentista, actualizada con los nuevos desarrollos, la cual expandió en direcciones originales e importantes. Dee fue, por derecho propio, un matemático brillante, y relacionó su estudio de los números con los tres mundos de los cabalistas. En el mundo elemental inferior, estudió los números como tecnología y ciencia aplicada, y su Prefacio a Euclides proporcionó un brillante estudio de las artes matemáticas en general. En el mundo celestial, su estudio de los números se relacionó con la astrología y la alquimia, y en su Monas Hieroglyphica creía haber descubierto una fórmula para una ciencia combinada cabalista, alquímica y matemática que permitiría a su poseedor ascender y descender en la escala del ser, desde las esferas más bajas hasta las más altas. Y en la esfera supracelestial, Dee creía haber encontrado el secreto para conjurar ángeles mediante cálculos numéricos en la tradición cabalista. Dee, como Rosacruz es, por lo tanto, una figura típica del mago del Renacimiento tardío que combinó magia, cábala y alquimia para lograr una cosmovisión en la que el avance de la ciencia se mezclaba curiosamente con la angelología».

– Frances Yates «La Ilustración Rosacruz»

 

Como asesor político de la reina Isabel I, John Dee (1527-1608/1609) abogó por la fundación de colonias inglesas en el Nuevo Mundo para formar un Imperio británico, un término que se le atribuye haber acuñado. [4] Dee «promovió la exploración y expansión inglesa en el extranjero en términos de una renovación política y espiritual en casa». [5] La sorprendente e influyente carrera de Dee en la Inglaterra isabelina llegó a su fin en 1583 cuando dejó Inglaterra para ir al continente en busca del conocimiento de lo oculto y lo sobrenatural. Muchos académicos creen que Dee continuó trabajando para la Corona británica durante este tiempo como agente de inteligencia, a pesar de lo cual fue un personaje extremadamente influyente en la agitación de nuevos movimientos en Europa central. Según Yates, John Dee fue el líder en Bohemia, no solo de un movimiento alquímico, sino de un movimiento de reforma religiosa durante el reinado del Sacro Emperador Romano Germánico Rodolfo II (1576-1612).

Rodolfo II, aunque miembro de la Casa de Habsburgo, había creado una especie de meca oculta dentro de su corte imperial en Praga, que se había convertido en un centro de estudios alquímicos, astrológicos y mágico-científicos de todo tipo. Muchos científicos habían viajado a la corte de Rodolfo, ya que era un lugar donde prácticamente todas las confesiones religiosas eran bienvenidas para la búsqueda de estudios esotéricos y científicos. A los judíos se les permitía proseguir sus estudios cabalísticos sin ser molestados. El consejero religioso favorito de Rodolfo era Pistorius, un cabalista.

Aquí también se toleró a la Iglesia de Bohemia y se le otorgó una «Carta de la Majestad» oficial. Fue en Bohemia donde los seguidores de Jan Hus lograron formar una iglesia poderosa, en la que los Hermanos Bohemios tenían libertad para proseguir sus enseñanzas.

Se decía que el gran palacio de Rodolfo II en Praga albergaba salas maravillosas con prodigios mágico-mecánicos. Y fue en la corte de Rodolfo II donde John Dee y su discípulo Edward Kelly se establecerían.

 

Francis Yates escribe en «La Ilustración Rosacruz»:

«La princesa Isabel, hija de Jacobo I, se casó con Federico V, Elector Palatino del Rin [en 1613], quien, pocos años después, intentó precipitadamente asegurarse el trono de Bohemia [en 1619], intento que terminó en un ignominioso fracaso. Los “Reyes de Invierno de Bohemia”, como se les llamaba burlonamente, huyeron de Praga tras la derrota de 1620 [en la batalla de la Montaña Blanca] y pasaron el resto de sus vidas como exiliados sumidos en la pobreza, tras haber perdido tanto el Palatinado como Bohemia.

Lo que se ha escapado a la historia es el hecho de que una fase «rosacruz» de la cultura estuvo ligada a este episodio, que los «manifiestos rosacruces» estuvieron conectados con él, que los movimientos promovidos por John Dee en Bohemia en años anteriores estuvieron detrás de esos manifiestos, que el breve reinado de Federico e Isabel en el Palatinado fue una edad de oro hermética, nutrida por el movimiento alquímico liderado por Michael Maier, por la “Monas hieroglyphica” de Dee y todo lo que ello implicaba».

 

La boda entre Isabel Estuardo y Federico V del Palatinado fue vista tanto por amigos como por enemigos como una continuación del papel de la reina Isabel I como defensora de las potencias protestantes europeas y como si Federico V estuviera siendo erigido como líder de esa política con el apoyo del rey Jacobo I.

De hecho, gran parte de esta etapa había sido preparada décadas antes por los círculos de John Dee. En 1577, el joven Philip Sidney (1554-1586), discípulo de John Dee [6] y nieto de John Dudley (primer duque de Northumberland), fue enviado en misión para transmitir al recién nombrado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Rodolfo II (quien también era rey de Bohemia) las condolencias de la reina Isabel I por la muerte del emperador anterior, su padre Maximiliano II. Fue durante este viaje cuando Sidney aprovechó la ocasión para visitar a los príncipes protestantes alemanes, en particular a los gobernantes calvinistas del Palatinado, para explorar la posibilidad de una Liga Protestante en Europa. Sidney ya había desarrollado su postura política y religiosa, basándose en la de su tío, el conde de Leicester. Creía en una política de «activismo» protestante contra España, una política más audaz de lo que la cautela de la reina Isabel estaba dispuesta a aprobar. [7]

Para esta causa, encontró un fuerte apoyo en la corte del Elector Palatino, Federico IV (1583-1610). Sidney informó a Walsingham (secretario de la reina Isabel I) que los príncipes protestantes de Alemania se mostraban reacios a formar una Liga Protestante, con la notable excepción de la corte palatina del castillo de Heidelberg.

Philip Sidney moriría joven, a los 31 años, luchando contra los españoles en los Países Bajos y se convertiría en una leyenda del «tipo ideal de la caballería protestante». Con él también se asociaban los románticos adornos de la caballería renovada, el fantástico culto a la reina Isabel por parte de sus caballeros en los Juegos del Día de la Ascensión. El hecho de que el Palatinado hubiera sido su íntimo amigo constituía un vínculo entre la corte de Heidelberg y la tradición de Sidney en Inglaterra, y facilitó la formación del joven Elector Palatino como paladín de la caballería protestante anglo-alemana. [8]

Esta tradición activista continuó cuando el Palatinado apoyó al rey Enrique IV de Francia en sus planes de invadir Alemania, pero dichos planes se vieron truncados con su asesinato en 1610. Este apoyo del Palatinado fue una continuación de su apoyo anterior a Enrique, entonces Enrique de Navarra, en sus luchas como líder de los hugonotes.

 

Francis Yates escribe:

«De gran importancia, como cerebro de la política del Palatinado, fue Cristián de Anhalt [1568-1630], principal asesor de la corte de Heidelberg [del Palatinado], quien se había mostrado deseoso de ayudar a Enrique IV en planes que, según se decía, implicaban un intento a gran escala de acabar con el poder de los Habsburgo en Europa. Cuando los proyectos de Enrique se vieron interrumpidos por su muerte, la política del Palatinado, aún inspirada en gran medida por Anhalt, recurrió a otros medios para alcanzar estos ambiciosos objetivos.

Fue entonces cuando el joven Elector Palatino, Federico V, empezó a ser visto como destinado a ocupar el lugar vacante de líder de la resistencia protestante contra los poderes de los Habsburgo».

 

En 1612 muere el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Rodolfo II. El archiduque Fernando de Estiria, un Habsburgo católico fanático y alumno de los jesuitas, es elegido nuevo emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y también hereda la corona del reino de Bohemia.

Se produjeron disturbios civiles y caos entre grupos protestantes y católicos. Al parecer, los jesuitas fueron los primeros en instigar la violencia contra los protestantes, y un grupo de los Hermanos Bohemios recurrió a actos de terrorismo, fomentando la guerra contra el Imperio de los Habsburgo, lo que exacerbó considerablemente la situación. Posteriormente se afirmó que se trataba de un grupo radical dentro de los Hermanos que no representaba las opiniones de la comunidad en su conjunto. Por ahora, baste decir que fueron principalmente los jesuitas y los Hermanos Bohemios quienes avivaron el fuego desde ambos bandos. Muchos estudiosos, incluyendo a Yates, opinan que fue este conflicto en particular (entre los jesuitas y los Hermanos Bohemios) el origen de la Guerra de los Treinta Años.

En medio de este desorden, Fernando se siente justificado para revocar la política de tolerancia religiosa de Rodolfo II (la Carta de Majestad) y comienza a reprimir a la Iglesia de Bohemia. Los rebeldes bohemios, liderados en gran medida por los Hermanos de Bohemia, rechazan la legitimidad de Fernando de la Casa de Habsburgo para la corona de Bohemia, afirmando que no es una corona hereditaria, sino electiva. El 26 de agosto de 1619, los bohemios ofrecen la corona a Federico V, Elector Palatino. Como reconoce Yates, era como si el camino estuviera ya preparado para Federico V, símbolo romántico y faro para la Liga Protestante como su rey, su verdadero emperador.

 

Yates escribe:

«La posibilidad de que Federico se convirtiera en rey de Bohemia se barajaba desde hacía tiempo; se dice que ya se hablaba de ella en el momento de su boda. Anhalt había estado promoviendo con entusiasmo la causa de Federico en Bohemia, pues esta iniciativa constituía una parte fundamental del sistema anti-Habsburgo que Anhalt estaba construyendo en torno a Federico.

Según las peculiares y elaboradas reglas de la constitución imperial, el rey de Bohemia contaba con un solo voto en la elección de emperador. Dado que Federico ya era elector, si se convertía en rey de Bohemia, tendría dos votos en una elección imperial, lo que podría constituir una mayoría contra los partidarios de los Habsburgo y abrir una vía para romper el control de los Habsburgo. En esta línea, Anhalt y sus amigos pensaban, e incluso es posible que consideraran la posibilidad de obtener el cargo imperial para el propio Federico. Estas perspectivas de política religiosa conducirían, en un pensamiento idealista, a las esperanzas de una reforma de la Iglesia a través del imperio, un sueño europeo desde la época de Dante». [9]

 

Sin embargo, Federico V no estaba seguro de que esta audaz decisión fuera la correcta. Ningún monarca había aceptado jamás una corona perteneciente a otro de esta manera. Ni siquiera la reina Isabel I, durante su reinado, se había atrevido a una maniobra tan audaz como aceptar una corona perteneciente a un Habsburgo. Sin embargo, cabe destacar que quien convencería a Federico de aceptar esta oferta fue George Abbott, arzobispo anglicano de Canterbury. Años más tarde, durante su vida en el exilio, Isabel Estuardo mostraría a los visitantes de La Haya la carta que el arzobispo de Canterbury había escrito aconsejando la aceptación de la corona de Bohemia como «un deber religioso». [10]

Una notable opositora a esto fue la propia madre de Federico, hija de Guillermo de Orange «el Taciturno» (Guillermo había liderado la revuelta holandesa contra los Habsburgo españoles que desencadenó la Guerra de los Ochenta Años, o Guerra de Flandes, entre 1568 y 1648), la cual parecía saber perfectamente adónde conduciría tal acción. La Unión de Príncipes Protestantes también se opuso en general a que Federico aceptara la corona de Bohemia, considerándolo un acto demasiado peligroso.

Sin embargo, a pesar de estas advertencias, el 28 de septiembre de 1619, Federico escribió a los rebeldes bohemios que aceptaría la corona. Federico además escribiría a su tío, el duque de Bouillon: «Es una vocación divina que no debo desobedecer… mi único fin es servir a Dios y a su Iglesia». [11]

 

La ceremonia de coronación en Praga fue oficiada por el clero husita. Fue la última gran ceremonia pública patrocinada por la Iglesia de Bohemia, que pronto sería completamente suprimida, pero que renacería como la Iglesia Morava tras la Guerra de los Treinta Años.

En menos de dos años, Federico V perdería no solo el reino de Bohemia, sino también toda la región del Palatinado, ante el imperio Habsburgo. El Palatinado se convertiría en la primera línea de batalla y quedó completamente destruido. La otrora gloriosa corte de Heidelberg, que prometía conducir a toda la civilización europea a una era utópica con un rey benévolo y tolerante, quedaba reducida a escombros y polvo.

Pero algo surgiría de entre estos escombros.

 

La corte jacobina de Heidelberg: un amanecer dorado hermético

Siete años antes de la destrucción del castillo de Heidelberg, Isabel Estuardo llegaba a su nuevo hogar tras su viaje desde Inglaterra el 7 de junio de 1613 y contemplaría el magnífico y romántico edificio, situado en una empinada colina con vistas a la ciudad y al río Neckar, afluente del Rin. En el patio del castillo se alzaba un arco de triunfo de veinte metros de altura, cubierto de estatuas de antiguos gobernantes del Palatinado y sus esposas. A la entrada del castillo se encontraba la madre del Elector, Luisa Juliana de Nassau (la hija de Guillermo el Taciturno), quien durante mucho tiempo había anhelado este matrimonio para su hijo. [12]

Apenas unos meses antes, el 14 de febrero de 1613, Federico V (de 17 años) e Isabel Estuardo (de 17 años) se habían casado. Isabel era la única hija superviviente del rey Jacobo I de Inglaterra e Irlanda y VI de Escocia, y su reina Ana de Dinamarca. Jacobo era hijo —y por lo tanto Isabel era nieta— de María, reina de Escocia.

En los años posteriores a la llegada de Isabel al castillo de Heidelberg, se iniciaron creaciones extrañas y fantásticas. Su hermano, el príncipe Enrique, estaba profundamente interesado en el «diseño de jardines renacentistas»: fuentes mecánicas que podían reproducir melodías musicales, estatuas parlantes y otros dispositivos de este tipo. [13] Como describe Yates, «su gusto por este arte se había visto estimulado por la recuperación de textos antiguos que describían tales maravillas por parte de Herón de Alejandría y su escuela». [14] Detrás de estas asombrosas creaciones se encontraba Salomón de Caus, un protestante francés de origen judío y talentoso arquitecto de jardines e ingeniero hidráulico, que trabajaba para el príncipe Enrique. Tras la muerte del príncipe Enrique, a los 18 años por fiebre tifoidea, Salomón de Caus entró al servicio del Elector Palatino, Federico V, y se encargó de las mejoras del castillo de Heidelberg como arquitecto e ingeniero.

Podemos hacernos una idea de la magnificencia del castillo de Heidelberg y de sus jardines a partir de los grabados del Hortus Palatinus, publicados en Frankfurt en 1620 por Johann Theodore De Bry.

Yates escribe:

«De Caus había demolido la ladera rocosa para formar una superficie plana sobre la que desarrolló diseños geométricos de jardines de gran complejidad. Este maravilloso jardín, encaramado sobre la ciudad y el valle del Neckar, era considerado la octava maravilla del mundo. El antiguo castillo también había sido modernizado con nuevas ampliaciones, iluminado por numerosas ventanas, que se decía fueron diseñadas a imitación de casas o palacios ingleses. El vasto edificio que se ve en el grabado sin duda recuerda a un ideal teutónico.

De Caus había construido numerosas grutas en los jardines, que albergaban escenas animadas por la música de fuentes mecánicas y formadas por figuras mitológicas: el Parnaso con las Musas o Midas en una cueva. Resultaba muy llamativa la estatua de Memnón, un Hércules-Memnón con una maza. Esta estatua emitía sonidos cuando los rayos del sol la incidían, como en la historia clásica. La magia científica mediante la cual se lograba este efecto se muestra en el grabado; derivaba de la neumática de Herón de Alejandría.

Si comparamos el Apolo y las Musas de Heidelberg, o la gruta de Midas de Heidelberg, con las escenas diseñadas por Íñigo para las mascaradas, es evidente que se encuentran en la misma atmósfera teatral. El Elector Palatino rodeó a su esposa en Heidelberg con una continuación del mundo onírico que ella había conocido en Londres.

Utilizando la imagen empleada por los poetas en las mascaradas, podemos pensar en el Heidelberg jacobino como surgido de la unión del Támesis y el Rin. Movimientos de pensamiento y movimientos culturales pasando de Inglaterra al Palatinado en la estela de la princesa Isabel». [15]

 

El teatro también desempeñó un papel central en la cultura fantástica del castillo de Heidelberg durante el reinado de Federico e Isabel. Las obras se representaban a menudo en lo profundo de los jardines, en un edificio al que llamaron la «Casa del Sol».

Con tales escenas, es inevitable pensar en los magníficos jardines del autoproclamado «Rey Sol», el rey Luis XIV (1638-1715), con sus propios bosquetes y grutas apolíneas. ¿Se le habría ocurrido recrear el fantástico castillo de Heidelberg y sus jardines? Al fin y al cabo, el rey Luis XIV fue un defensor fundamental de la causa jacobea.

De hecho, De Caus se uniría posteriormente a la corte del rey Luis XIII, padre de Luis XIV. Salomón de Caus (1576-1626) abandonaría el castillo de Heidelberg en 1620, antes del ataque de los Habsburgo, para unirse a la corte francesa del rey Luis XIII (1601-1643), quien ascendió al trono a los nueve años tras el asesinato de su padre, Enrique IV, en 1610.

 

Yates señala en su libro que una gran influencia inglesa estaba penetrando en Bohemia, gran parte de la cual se manifestaba en las prácticas de la magia, la cábala y la alquimia, de las que John Dee fue un influyente destacado, y que posteriormente sería representada en gran medida por la escuela de los Rosacruces, como el Colegio Invisible. Cabe preguntarse si estas maravillas mecánicas en el castillo de Heidelberg, de las que tenemos muy poca o ninguna información detallada (ya que supuestamente todo fue destruido) [16] pretendían promover la imagen de Federico V e Isabel como los verdaderos monarcas de un reino casi mágico de maravillas y posibilidades fantásticas, posible gracias a la influencia inglesa. Algo que atraería enormemente a los místicos bohemios e inmortalizaría a los Estuardo y al Palatino como descendientes de linajes mágicos.

Yates escribe:

«Mientras contemplamos…[el] fascinante grabado de los jardines de Heidelberg, podemos reflexionar que aquí había un puesto avanzado de la Inglaterra jacobina, una ciudadela de la cultura avanzada del siglo XVII. [17]

Él [Federico V] había transportado el Renacimiento jacobino a Alemania a través de su matrimonio, y ese gran movimiento renacentista se había fusionado con otros poderosos movimientos que se desarrollaban en la región para formar una rica y nueva cultura… un elemento muy importante en el movimiento del Renacimiento a la Ilustración. Aquí, las fuerzas del Renacimiento se enfrentaron a la Reacción con un impacto frontal y tremendo [la guerra con el Imperio de los Habsburgo]. Se perdieron y desaparecieron de la vista en los horrores de la Guerra de los Treinta Años, pero cuando, por fin, esas guerras terminaron, llegó la Ilustración». [18]

 

Y así, este maravilloso reino dentro del Palatinado no duró mucho más en este mundo y hacia 1620 había sido prácticamente borrado por completo de la historia.

Yates escribe:

«Un mundo entero desapareció aquí, sus monumentos fueron desfigurados o destruidos, sus libros y registros escritos desaparecieron, su población se convirtió en refugiados aquellos que pudieron escapar o estaban destinados a morir por la violencia, la plaga o el hambre en los terribles años venideros.

Es este Renacimiento fallido, esta Ilustración prematura o esta Aurora Rosacruz malinterpretada lo que ahora exploraremos. ¿Cuál fue el estímulo que desencadenó el movimiento que dio origen a los llamados “manifiestos rosacruces”, con sus extraños anuncios del amanecer de una nueva era de conocimiento y comprensión? Es en la esfera de influencia de los movimientos en torno a Federico del Palatinado y su presagio para la corona de Bohemia donde debemos buscar la respuesta a esta pregunta». [19]

 

Los orígenes y el propósito de los Manifiestos Rosacruces

La palabra «rosacruz» deriva del nombre Christian Rosenkreutz o «Rosa cruz». Los Manifiestos Rosacruces se publicaron anónimamente en dos breves panfletos en 1614 y 1615. Sus títulos son bastante largos y suelen abreviarse como «Fama» y «Confessio». El autor ficticio de los manifiestos es un tal «Frater CRC» o «Christian Rosencreutz», quien se dice que fue el fundador de una orden o fraternidad a la que los manifiestos invitan a otros a unirse. Estos manifiestos despertaron un gran revuelo, y una tercera publicación, aparecida en 1616, aumentó el misterio.

El tercer texto se trataba de una extraña novela alquímica, cuyo título en alemán se traduce como «Las Bodas Químicas de Christian Rosencreutz 1459». El héroe de las Bodas Químicas también parece estar relacionado con alguna orden o fraternidad que utiliza una cruz roja y rosas rojas como símbolos. [20]

Cabe destacar que los manifiestos rosacruces comenzaron a publicarse un año después del matrimonio de Federico V e Isabel Estuardo en 1613, y que las Bodas Químicas hacen referencia directa a la pareja real. [21] A diferencia de los dos primeros manifiestos rosacruces (Fama y Confessio), conocemos al autor de las Bodas Químicas, ya que fue Johann Valentin Andreae (1568-1654), aunque en el momento de su publicación permaneció anónimo. Yates afirma que, si bien es probable que los dos primeros manifiestos no fueran escritos por Andreae, sin duda están relacionados con las Bodas Químicas, libro que puede ser considerado el tercer manifiesto rosacruz.

Yates plantea su hipótesis sobre los orígenes del movimiento rosacruz, del que hasta el día de hoy no tenemos información concreta: [22]

«El entonces duque de Württemberg era Federico I [1557-1608], alquimista, ocultista y entusiasta anglófilo, cuya pasión principal en la vida había sido establecer una alianza con la reina Isabel y obtener la Orden de la Jarretera.

[Nota del autor: aunque la reina Isabel I prometió que lo convertiría en miembro de la Orden, nunca lo hizo; no fue hasta el rey Jaime I cuando el duque fue nombrado miembro de la Orden de la Jarretera, en 1604].

El año siguiente a la ceremonia de la Jarretera [de Federico I, duque de Wurtemberg], en 1604, se dedicó al duque de Wurtemberg una obra muy curiosa: la “Naometria” de Simon Studion, cuyo manuscrito inédito se conserva en la Landesbibliothek de Stuttgart. Se trata de una obra apocalíptica-profética de gran extensión, que utiliza una numerología compleja basada en descripciones bíblicas de las medidas del Templo de Salomón y debates complejos sobre fechas significativas de la historia bíblica y europea, lo que conduce a profecías sobre fechas de acontecimientos futuros. El autor está particularmente interesado en las fechas de la vida de Enrique de Navarra, y toda la composición parece reflejar una alianza secreta entre Enrique, ahora rey de Francia, Jacobo I de Gran Bretaña y Federico, duque de Württemberg.

Esta supuesta alianza (de la que yo no he encontrado evidencia en ningún otro lugar) está descrita de manera muy circunstanciada, y el manuscrito además incluye varias páginas de música que deben cantarse con versos sobre la amistad eterna del Lirio (el rey de Francia), el León (Jacobo de Gran Bretaña) y la Ninfa (el Duque de Württemberg).

La Naometria es un curioso ejemplo de esa obsesión por la profecía, basada en la cronología, característica de aquellos tiempos. Sin embargo, contiene un relato muy interesante y aparentemente veraz de algo que se dice que ocurrió en 1586. Según el autor de la Naometria, el 17 de julio de 1586 se celebró una reunión en Lüneburg entre “algunos príncipes y electores evangélicos” y representantes del rey de Navarra, el rey de Dinamarca y la reina de Inglaterra. Se dice que el objetivo de esta reunión era formar una liga “evangélica” de defensa contra la Liga Católica (que entonces se estaba gestando en Francia para impedir la ascensión de Enrique de Navarra al trono francés). Esta liga se denominó Confederatio Militiae Evangelicae.

Ahora bien, según algunos de los primeros estudiosos del misterio Rosacruz, la Naometria de Simon Studion y la Militia Evangelica que describe, es una fuente básica para el movimiento Rosacruz.

El problema planteado por Simon Studion y su Naometria es demasiado complejo para abordarlo en detalle aquí, pero me inclino a coincidir en que este manuscrito de Stuttgart es sin duda importante para los estudiantes del misterio rosacruz. Lo que anima a esta opinión es el hecho de que Johann Valentin Andreae, sin duda, conocía la Naometria, pues la menciona en su obra Turris Babel, publicada en 1619. Andreae se interesa aquí, no por las fechas pasadas mencionadas en la Naometria, sino por las fechas de eventos futuros, sus profecías. Simon Studion es muy enfático, a su manera repetitiva, en que el año 1620 (recuerde que escribe en 1604) será muy significativo, pues marcará el fin del reinado del Anticristo con la caída del Papa y Mahoma. Este colapso continuará en los años siguientes y alrededor del año 1623 comenzará el milenio. Andreae es muy ambiguo en lo que dice sobre las profecías de Naometria, que vincula con las del abad Joaquín, Santa Brígida, Lichtenberg, Paracelso, Postel y otros Illuminati. Sin embargo, es posible que profecías de este tipo hayan influido en acontecimientos históricos y hayan contribuido a que el Elector Palatino y sus entusiastas seguidores tomaran la precipitada decisión de aceptar la corona de Bohemia, convencidos de la proximidad del milenio».

 

Así pues, según esta evaluación de Yates, Federico V habría aceptado la corona de Bohemia con la idea de que iba a inaugurar una Nueva Edad de Oro y que el milenio estaba cerca. Por lo tanto, la guerra que lideraría se consideraba una guerra escatológica contra el Anticristo, representado por el Papa y el Imperio de los Habsburgo, subordinado al Vaticano.

Desde esta perspectiva, podemos comprender cómo se alimentaron especialmente las guerras entre católicos y protestantes. Si bien el nivel de destrucción y sufrimiento, especialmente entre los protestantes más desfavorecidos, fue enorme —con ciudades enteras devastadas, pueblos incendiados y personas brutalmente torturadas—, este panorama infernal podía aceptarse si se creía que todo esto era necesario para el surgimiento de una Nueva Era, cuya salvación se encontraba un poco más allá.

Esto también explicaría por qué Federico V aceptó tan insensatamente la corona, a pesar de las advertencias de la Liga Protestante, ya que claramente iba a conducir a una guerra abierta contra el Imperio de los Habsburgo. Sin el apoyo de Jacobo I ni de la Liga Protestante, Federico V y su Palatinado quedaron abandonados a su suerte y el reino de Bohemia quedó envuelto en llamas durante décadas. Es casi seguro que Federico V se basaba en la creencia de que habría algún tipo de intervención mágica divina en su favor, en lugar de la innegable certeza de lo que se necesita para triunfar en una guerra, como los recursos y la estrategia.

Los sobrevivientes de este caos y masacre se hundieron en formas más profundas de misticismo radical como forma de afrontar la situación, con la promesa constante de un propósito y una fuerza secretos que pronto se revelarían y traerían consigo la utopía prometida. Bohemia estaría en el centro de este misticismo radical emergente.

Según Yates, Anhalt es en gran medida responsable de la «desafortunada aventura bohemia» de Federico V. Anhalt tenía muchos contactos en Bohemia y, al parecer, fue gracias a sus esfuerzos persuasivos que los rebeldes bohemios se vieron influenciados a la hora de ofrecer la corona a Federico V.

Anhalt fue alumno de John Dee.

 

Yates escribe: [23]

«Los contactos de Anhalt en Bohemia lo acercaron a una notable corriente de influencias procedentes de Inglaterra, surgida a raíz de la visita a Bohemia de John Dee y su socio, Edward Kelley. Como es bien sabido, Dee y Kelley se encontraban en Praga en 1583, cuando Dee intentó interesar al emperador Rodolfo II en su profundo misticismo imperialista y su vasta gama de estudios… Dee, cuya influencia en Inglaterra había sido tan profunda, y que había sido maestro de Philip Sidney y sus amigos, había tenido la oportunidad de forjar un grupo de seguidores en Bohemia, aunque, hasta el momento, disponemos de pocos medios para estudiar esto.

El principal centro de influencia de Dee en Bohemia habría sido Trebona, ciudad que él y Kelley habían establecido como su cuartel general tras su primera visita a Praga. Dee vivió en Trebona, como huésped de Villem Rozmbrek, hasta 1589, año en que regresó a Inglaterra. Villem Rozmbrek era el hermano mayor de Peter, amigo de Anhalt, quien heredó las propiedades de Trebona a la muerte de su hermano. Dada la mentalidad de Anhalt y la naturaleza de sus intereses, es seguro que las influencias de Dee le habrían llegado. Además, es probable que las ideas y perspectivas que emanaron originalmente de Dee, el filósofo inglés e isabelino, fueran utilizadas por Anhalt para consolidar el Elector Palatino en Bohemia, al considerarlo un hombre con una gran influencia inglesa.

La influencia de Dee se había extendido a Alemania desde Bohemia mucho antes. Según las notas sobre Dee de Elias Ashmole en su Theatrum Chemicum Britannicum (1652), su viaje por Alemania en 1589, a su regreso de Bohemia a Inglaterra, fue bastante sensacional. Pasó cerca de los territorios que, veinticinco años después, serían el escenario del estallido del movimiento rosacruz… Dee también contactó en esta etapa de su viaje de regreso con su discípulo, Edward Dyer (quien había sido el amigo más cercano de Philip Sidney), quien iba a Dinamarca como embajador y que “años antes había estado en Trebona, trayendo cartas del Doctor (Dee) a la Reina Isabel”. Dee debió de causar una gran impresión en aquellos lugares, tanto como hombre de gran erudición como persona clave en grandes asuntos».

 

Yates continúa: [24]

«¿Debería entonces buscarse la influencia de John Dee en los manifiestos rosacruces? Sí, debería, y su influencia se encuentra en ellos sin lugar a dudas.

El segundo manifiesto rosacruz, la Confessio de 1615, publicó junto con él un tratado en latín titulado “Una breve consideración”, basado en la Monas Hieroglyphica de John Dee, y gran parte del mismo consiste en citas textuales de la Monas. Este discurso está indisolublemente ligado al manifiesto rosacruz anterior a la Confessio, la Fama de 1614, cuyos temas repite. Así, se hace evidente que la “filosofía más secreta” tras los manifiestos era la filosofía de John Dee, resumida en su Monas Hieroglyphica.

Además, las bodas químicas de Johann Valentin Andreae de 1616, en las que dio una expresión alegórica romántica a los temas de los manifiestos, tiene el símbolo «monas» de Dee en su página de título, y el símbolo se repite en el texto, junto al poema con el que se abre la alegoría.

Por lo tanto, no cabe duda de que debemos considerar el movimiento que impulsó las tres publicaciones rosacruces como un movimiento que, en última instancia, surgió de John Dee. La influencia de Dee pudo haber llegado a Alemania desde Inglaterra, gracias a las conexiones inglesas del Elector Palatino, y haberse extendido desde Bohemia, donde Dee había propagado su inspiradora misión años antes.

Se sugiere que las publicaciones rosacruces pertenecen al movimiento en torno al Elector Palatino, el movimiento que lo preparó para la aventura bohemia. El principal impulsor de estos movimientos fue Cristián de Anhalt, cuyas conexiones en Bohemia pertenecían precisamente a los círculos donde la influencia de Dee habría sido conocida y fomentada.

La sugerencia, curiosamente emocionante, es que el movimiento rosacruz en Alemania fue el resultado tardío de la misión de Dee en Bohemia, llevada a cabo más de veinte años antes, cuyas influencias se asociaron con el Elector Palatino. Como caballero de la Jarretera, Federico [V] heredó el culto a la caballería inglesa asociado con el movimiento, y como líder de la Unión Protestante, representó las alianzas que Anhalt intentaba forjar en Alemania.

Desde el punto de vista político-religioso, el Elector Palatino entró en una situación preparada durante los años anteriores y emergió como el líder político-religioso destinado a resolver los problemas de la época.

En los años 1614 a 1619 los años del furor rosacruz desencadenado por los manifiestos el Elector Palatino y su esposa reinaban en Heidelberg, y Cristián de Anhalt se preparaba para la aventura bohemia.

Y esa aventura no fue simplemente un esfuerzo político contra los Habsburgo. Fue la expresión de un movimiento religioso que había ido cobrando fuerza durante muchos años, impulsado por influencias secretas que se movían en Europa; un movimiento para resolver problemas religiosos según líneas místicas sugeridas por influencias herméticas y cabalísticas».

 

 

NOTAS:

[1] Hermandad de Moravia, se trata de una Iglesia evangélica preluterana impulsada en el reino de Bohemia (en centroeuropa) a principios del siglo XV por el sacerdote checo Jan Hus (movimiento husita), que pretendía alejarse de lo que consideraba una Iglesia católica corrupta volviendo a las raíces del cristianismo, introduciendo algunas modificaciones en el ritual tradicional católico.

[2] Gershom Scholem (1995). La idea mesiánica en el judaísmo y otros ensayos sobre la espiritualidad judía. Orgías Sagradas: la secta sabateana extremista de Jacob Frank. Museo del Pueblo Judío.

[3] A Isabel I se le ofreció la corona de los Países Bajos.

[4] Williams, Gwyn A. (1985). ¿Cuándo fue Gales?: Una historia de los galeses. Black Raven Press, pág. 124.

[5] Bauer, R. (2008). Un nuevo mundo de secretos: filosofía oculta y conocimiento local en el Atlántico del siglo XVI. En Ciencia e imperio en el mundo atlántico (págs. 99-126).

[6] John Dee fue el maestro de Philip Sidney. Véase Yates, «La Ilustración Rosacruz», pág. 35.

[7] Francis Yates. La Ilustración Rosacruz, pág. 15.

[8] Ibíd.

[9] Ibíd., pág. 18.

[10] Ibíd., pág. 19.

[11] Wedgwood, Guerra de los Treinta Años, pág. 98.

[12] Yates, pág. 9.

[13] Yates, pág. 11.

[14] Ibíd.

[15] Ibíd., págs. 12-13.

[16] Yates escribe: «Durante el invierno de 1619-1620, quienes luego serían conocidos como los ‘Reyes de Invierno de Bohemia’ reinaron en Praga, en ese palacio tan lleno de recuerdos de Rodolfo II. Parece que no se sabe mucho de lo que ocurrió en Praga durante el reinado de esta fantástica pareja…».

[17] Ibíd., pág. 14.

[18] Ibíd., pág. 25.

[19] Ibíd., págs. 27-28.

[20] Ibíd., pág. 30.

[21] Véase el libro de Yates “La Ilustración Rosacruz”.

[22] Ibíd., págs. 31-34.

[23] Ibíd., págs. 35-37.

[24] Ibíd., págs. 39-41.

Comment

  1. Usuario 2026.04.15

    Estimado autor,
    Disfruto y valoro enormemente el contenido de su blog. Hoy me animo a escribirle para proponerle un tema que me parece fascinante: la carga simbólica de Génesis 3:7. Llevo días meditando sobre la trascendencia de este momento y cómo se refleja en nuestra realidad. Me resultaría sumamente enriquecedor conocer su visión sobre este pasaje.

    • opherus 2026.04.20

      Muchas gracias por su amable comentario. Efectivamente, es sumamente interesante ese pasaje del Génesis, aludiendo veladamente a los efectos del conocimiento en la psique del hombre y sus amplias implicaciones en la definición del bien y el mal; trataremos de profundizar en la cuestión en algún artículo futuro, aunque puede usted ver, en términos generales, que uno de los objetivos que proponemos con el contenido de este sitio web es que la mente aprenda a inferir ciertas cualidades y sutiles consecuencias del acceso al "árbol de la sabiduría". Es decir, en definitiva a entrenar a la mente para "abrir los ojos" sin ser deslumbrada por espejismos.

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