ECOACTIVISMO: LA NUEVA RELIGIÓN PARA LA DECONSTRUCCIÓN DE LA CIVILIZACIÓN parte 1

 

El verde es el nuevo negro: los habitantes de la superficie y los del subsuelo, sembrados para deconstruir la civilización

En la película de Hollywood de 2022, How to blow up a pipeline (Sabotaje, en España), varios ansiosos jóvenes ecoactivistas conspiran para volar literalmente un oleoducto en Texas (EE.UU.), supuestamente para salvar la civilización.

Haciendo frente a unas autoridades gubernamentales tiránicas e ignorantes, estos jóvenes revolucionarios apoyan la justicia ecológica e inspiran otros actos de ecoterrorismo; evidentemente, defienden hasta el extremo la idea de que la destrucción de la propiedad (la violencia, en definitiva) es perfectamente permisible como táctica para buscar la justicia social-ambiental tal y como estos audaces «iluminados» la entienden.

Aunque lo pueda parecer, esta no es una película hecha simplemente para nuestro entretenimiento, con acción y suspense y un mensaje ecologista-catastrofista simplón y directo (al estilo de mente infantiloide tipo Greta Thunberg), sino parte de una campaña de reclutamiento mucho mayor diseñada para radicalizar a jóvenes víctimas nihilistas del sistema educativo actual, moralmente corrupto, y convertirlas en ecoterroristas.

El efecto deseado de este tipo de propaganda es la creación de un ejército de idiotas útiles, ideológicamente cargados de un profundo odio hacia la humanidad y dispuestos a llegar a cualquier extremo —incluido matar y morir— en defensa de la madre Tierra Gaia, cuyo «frágil equilibrio» la humanidad ha alterado con la llegada de la civilización industrial y el Estado-nación soberano.

Cabe destacar que existe un conjunto muy consistente de libros pseudointelectuales y ensayos sociológicos alrededor del tema, cuya lectura es una condición previa para este impulso antinatural de derribar los cimientos de la civilización, ya sea desde una perspectiva «de abajo hacia arriba» o «de arriba hacia abajo».

De hecho, la película mencionada (How to blow up a pipeline) se basó en el relato del libro del mismo título publicado en 2021 por el profesor sueco de ecoterrorismo Andreas Malm (de la Universidad de Lund), quien ha hecho carrera defendiendo la idea de que la única salvación de la sociedad humana es destruir la infraestructura energética contaminante que sustenta la vida moderna.

El libro es de lectura obligatoria en cientos de universidades de Europa y Norteamérica y no puede ser ignorado de ninguna manera como una idea marginal, o el producto de los desequilibrios mentales de un enajenado con afán de notoriedad (como ciertamente sugiere).

En un artículo de 2021 publicado en The Guardian de Londres, Malm escribió:

«Podríamos destruir las máquinas que destruyen este planeta. Si alguien ha colocado una bomba de tiempo en tu casa, tienes derecho a desactivarla… Este es el argumento moral que, en mi opinión, justifica la destrucción de las instalaciones de combustibles fósiles. Esto es completamente distinto a dañar cuerpos humanos, para lo cual no existe ningún argumento moral… Los días de la protesta pacífica quizás hayan quedado atrás».

 

La periodista y autora Naomi Klein se hizo famosa por su libro de 2007 La doctrina del shock, donde demostraba (acertadamente) que los orígenes de las políticas de terapia de choque del FMI radican en las entrañas del programa MK Ultra de la CIA, por el que las víctimas eran quebrantadas mentalmente mediante un sistema de electrochoques y otras formas de guerra psicológica y lavado de cerebro.

A la vez, Klein es una admiradora de Malm, y lo ha llamado «uno de los pensadores más originales sobre el tema» (del cambio climático). Sorprendentemente, Naomi Klein todavía no ha llegado a relacionar sus propias investigaciones con los resultados tangibles de las mismas (resultados que después veremos).

El hecho de que la ferviente defensa de Klein del decrecimiento radical y los sistemas de energía verde resultaría en una «terapia de choque» para la economía global, letal para la población mundial, es una ironía sobre la que esta autora no ha reflexionado demasiado profundamente hasta el momento.

El gurú climático canadiense David Suzuki también repitió la tesis de Malm en un evento del movimiento de «justicia climática» Extinction Rebellion en noviembre de 2021, diciendo:

«Estamos metidos en un lío tremendo. A esto hemos llegado; la siguiente etapa, después de esta, será devastadora si nuestros líderes no prestan atención a lo que está sucediendo».

 

El caso de David Skrbina, defensor del ecoterrorismo

Un pensador contemporáneo afín a Andreas Malm, Suzuki y Naomi Klein es el profesor David Skrbina.

A lo largo de su obra, Skrbina ha desarrollado su tesis asumiendo que fuerzas evolutivas irracionales dan forma al crecimiento de la tecnología como una fuerza desatada de la naturaleza que, en última instancia, utiliza a los humanos para sus propios fines, pero con el objetivo final de esclavizar y luego reemplazar a la propia humanidad.

En una entrevista sobre el tema, Skrbina expuso explícitamente este concepto, afirmando:

«La tecnología avanza con una tremenda autonomía. Los humanos somos quienes la implementamos, pero no podemos controlarla ni detenerla. En efecto, funciona como una ley natural. Avanza con una fuerza evolutiva, y por eso nos dirigimos hacia el desastre… La tecnología es como una ola que recorre la Tierra y el universo. Durante mucho tiempo, estuvimos en la cima de esa ola. Ahora estamos en la bajada. La tecnología avanza rápidamente hacia la verdadera autonomía. Nuestra oportunidad de frenarla o redirigirla se desvanece rápidamente. Si la tecnología alcanza la verdadera autonomía —podemos tomar como referencia la fecha de la singularidad de Kurzweil, 2045—, entonces se acabó para nosotros. Probablemente seremos esclavizados, en mayor o menor medida, o aniquilados. Y entonces la tecnología seguirá su curso sin nosotros».

 

Hay que reconocer que este es un concepto bastante aterrador de la tecnología.

Cualquier observador occidental reconocerá esta tesis distópica, inspirada en películas de ciencia ficción como 2001: Odisea del Espacio, Terminator y Matrix. También cabe destacar que esta teoría sobre el poder demoníaco de la tecnología es compartida por transhumanistas como Elon Musk, Peter Thiel, Klaus Schwab o Yuval Harari (quienes difieren de Skrbina únicamente en la «solución» a este hecho; mientras que unos abogan por la guerra contra la civilización tecnológica, otros creen que los humanos deben fusionarse con la tecnología para «mantenerse relevantes»).

Después de revisar algunos «sesudos» tratados antitecnológicos de Skrbina y otros críticos de la civilización industrial, descubrimos que un nombre en particular emerge fuertemente como una especie de profeta moderno y gran filósofo: Ted Kaczynski (alias: Unabomber), quien murió en 2023.

 

La relevancia de la guerra de Unabomber contra la tecnología

El difunto Kaczynski estuvo preso en una cárcel de máxima seguridad en Colorado (EE.UU.), debido a su afición por enviar paquetes a domicilio con bombas caseras que él mismo elaboraba a supuestos «agentes del progreso industrial» (pues así consideraba a sus víctimas, que eran personas no muy conocidas del entorno académico o de trabajos diversos, escogidos parece que al azar), causando la muerte de tres personas e hiriendo a decenas. Se dedicó en cuerpo y alma durante años a desarrollar esta actividad, viviendo en reclusión autoimpuesta. Curiosamente, resulta que mantuvo una red enorme de amigos por correspondencia con literalmente cientos de activistas e intelectuales de todo el mundo occidental a partir de su detención en 1996, desde la celda en que estaba preso.

El propio Skrbina, según afirma, mantuvo una extensa correspondencia con Kaczynski entre 2003 y 2023, e incorporó las teorías tecnológicas de Kaczynski a las clases universitarias que impartía durante más de una década. Además, escribió el prólogo del libro de Kaczynski de 2010, «Esclavitud tecnológica». En 2016, Skrbina incluso describió a Kaczynski como un «profeta y, potencialmente, una especie de salvador de la humanidad y del planeta».

 

La razón del cambio de imagen de Kaczynski, de terrorista a intelectual ilustrado, tuvo mucho que ver con su manifiesto de 35.000 palabras titulado «La sociedad industrial y su futuro», publicado en los periódicos The Washington Post y The New York Times en 1995 (esa publicación fue una condición aparente de su promesa para dejar de atentar contra personas, pues se hizo un año antes de la detención de Kaczynski).

A pesar de que algunos ejecutivos del Washington Post no veían con buenos ojos la perspectiva de seguirle el juego al Unabomber, el mismísimo director del FBI intervino directamente para asegurarse de que el manifiesto se publicara (tal vez pensando que eso ofrecería a la policía pistas para la detención del criminal, que permanecía oculto).

Skrbina describió la estrategia del «profeta» en los siguientes términos:

«Kaczynski mató para obtener la notoriedad necesaria para que el manifiesto llegara a la opinión pública. Y funcionó. Cuando se publicó, el Washington Post vendió alrededor de 1,2 millones de ejemplares ese día, una cifra récord hasta la fecha. Ideó un plan, lo ejecutó y, con ello, provocó que millones de personas reflexionaran sobre el problema de la tecnología como nunca antes lo habían hecho».

 

El manifiesto catapultó inmediatamente al desorientado antiguo sujeto de pruebas del MK Ultra (Kaczynski estuvo en el programa, como veremos) al estrellato intelectual, convirtiéndose en un héroe popular ecoanarquista que ya no era visto como un misántropo profundamente enfermo, sino como un profeta de su tiempo.

Ted Kaczynski construyó su elaborada teoría sobre un axioma simple que, en esencia, equiparaba la «tecnología» con el «cáncer maligno». Este axioma se justificaba con la siguiente observación empírica: la civilización humana, y el consiguiente aumento de la población, no habrían podido producirse en los últimos miles de años sin el progreso tecnológico (es decir, sin el descubrimiento y la aplicación de técnicas diseñadas para mejorar la vida de las personas).

Perfecto. No parece haber problema con eso.

Lamentablemente, Kaczynski asumió a priori, y sin la menor prueba, que todos esos avances tecnológicos se producen únicamente a expensas de la libertad de las personas y la destrucción de la naturaleza.

Para que quede claro: Kaczynski y sus discípulos no contemplan el mal uso de la tecnología por imprudencia, corrupción o malas intenciones. Los defensores de estas ideas también creen en la existencia prístina (no demostrada, por supuesto) del ser humano salvaje preindustrial, siguiendo la doctrina del «buen salvaje» de Rousseau. A pesar de la abundante evidencia de guerras intertribales, canibalismo e incluso degradación ambiental causada por las civilizaciones preindustriales, estos teóricos prefieren basar sus concepciones antropológicas en las románticas ficciones de películas como Avatar y FernGully.

Se ignora por completo cualquier evidencia que demuestre que la tecnología, el crecimiento industrial y la energía de hidrocarburos han impulsado mejoras en la calidad de vida. Del mismo modo, se ignora igualmente toda evidencia que demuestre que la actividad industrial ha coincidido con ecosistemas saludables. [1]

 

En su tratado, Kaczynski afirma explícitamente que la humanidad y nuestras creaciones tecnológicas no se rigen por ideas ni por el libre albedrío, sino por fuerzas misteriosas e irracionales animadas por un utilitarismo crudo, desprovisto de intenciones o ideas causales. Kaczynski afirma:

«El sistema no existe ni puede existir para satisfacer las necesidades humanas. En cambio, es el comportamiento humano el que debe modificarse para adaptarse a las necesidades del sistema. Es culpa de la tecnología, porque el sistema se guía no por la ideología, sino por la necesidad técnica».

 

En una carta de 1998 a su amigo por correspondencia Derrick Jensen (quien pronto descubriremos que desempeña un papel importante en esta historia), Kaczynski escribió: [2]

«Coincido contigo en que la civilización es una maldición y debería ser eliminada, si fuera posible. Pero, a diferencia de ti, no estoy seguro de que la civilización vaya a desaparecer en un futuro próximo. Incluso la mera eliminación del sistema tecnoindustrial es muy problemática, y debemos esforzarnos al máximo para asegurar que suceda. Por eso discrepo profundamente de tu afirmación de que “nuestra tarea principal es lograr que la civilización desaparezca con el mínimo coste posible para la vida humana”. Creo que nos espera una lucha desesperada, y si nos acobardamos, sin duda perderemos».

 

En esa misma carta a Jensen a la que se hace referencia, Kaczynski explicó sus inclinaciones maltusianas diciendo:

«Si algún día queremos deshacernos de este sistema, tendremos que aceptar las consecuencias. La humanidad tendrá que pasar por una prueba de fuego. Cuando una especie se vuelve demasiado numerosa, normalmente llega a un punto en el que sufre un colapso repentino de su población, ya sea por hambruna, epidemias o cualquier otra causa. La humanidad debería estar sujeta a la misma ley».

 

Dado que Kaczynski es seguidor de Thomas Malthus, veamos cómo este «gran economista» consideraba la gestión de la clase que él consideraba obsoleta de la sociedad. En su Ensayo sobre la población de 1799, Malthus escribió:

«Deberíamos facilitar, en lugar de intentar impedirlo neciamente y en vano, el curso natural de la mortalidad; y si tememos la reaparición demasiado frecuente de la horrible forma de la hambruna, deberíamos fomentar con diligencia las demás formas de destrucción que obligamos a la naturaleza a emplear. En nuestras ciudades deberíamos estrechar las calles, hacinar a más gente en las casas y propiciar el regreso de la peste».

 

Cómo Kaczynski y los oligarcas de Davos comparten una misma opinión

No debería sorprender que las observaciones sobre la superpoblación esbozadas por Kaczynski sean similares a las palabras del expresidente del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), Philip Mountbatten, quien afirmó en una entrevista de 1981 a la revista People:

«El crecimiento de la población humana es probablemente la mayor amenaza a largo plazo para la supervivencia. Nos espera una catástrofe si no se controla, no solo para el medio ambiente, sino también para la humanidad. Cuanta más gente haya, más recursos consumirá, más contaminación generará y más conflictos habrá. No tenemos otra opción. Si no se controla voluntariamente, se controlará involuntariamente».

 

En aquel momento, el príncipe Philip había trabajado estrechamente con el vicepresidente de WWF y cofundador de WEF, Maurice Strong, quien se hizo eco de esta visión enfermiza mientras hablaba de una «novela que le gustaría escribir», reflexionando en 1990:

«¿Qué pasaría si un pequeño grupo de líderes mundiales concluyera que el principal riesgo para la Tierra proviene de las acciones de los países ricos? Y si el mundo ha de sobrevivir, esos países ricos tendrían que firmar un acuerdo para reducir su impacto ambiental. ¿Lo harían? La conclusión del grupo es “no”. Los países ricos no lo harán. No cambiarán. Entonces, para salvar el planeta, el grupo decide: ¿acaso la única esperanza para el planeta no reside en el colapso de las civilizaciones industrializadas? ¿No es nuestra responsabilidad propiciarlo?»

 

Dennis Meadows, miembro del Foro Económico Mundial y coautor del infame informe Los límites del crecimiento del Club de Roma de 1972 (también copatrocinado por Maurice Strong), expresó con escalofriantes detalles sus esperanzas de una eliminación «limpia» de la población mundial hasta alcanzar niveles sostenibles en una reciente entrevista de febrero de 2022:

«Espero que esto ocurra de forma civilizada. Me refiero a una forma privada. Una forma pacífica; sin embargo, la paz no significa que todos estén contentos. Significa que el conflicto se ha resuelto por otros medios, no por la violencia, que es a lo que me refiero. Ahora mismo hay 7.000 millones de personas, pero tenemos que ser 1.000 millones. Tenemos que reducir la población. Espero que esto ocurra de forma gradual y equitativa».

 

Puede pensarse que el deseo de Meadows de una matanza «lenta y uniforme» lo hace parecer un poco más ético que las vías ecoterroristas más impacientes elegidas por Kaczynski, pero desde un punto de vista racionalmente objetivo, la diferencia de opinión entre los dos hombres es puramente cosmética.

Mil millones es la cifra mágica a la que Meadows y otros oligarcas de la modelización informática se aferran, lo que presumiblemente garantizaría una cantidad ilimitada de libertad a las vacas que pastan en este supuesto «mundo feliz y verde».

 

¿Qué hizo Derrick Jensen, el amigo por correspondencia del Unabomber, en los años posteriores a su carteo con este?

 

Resistencia «verde profundo» de Derrick Jensen

Además de convertirse en un gurú del movimiento ecologista por derecho propio, publicando 50 libros que promueven el activismo ecológico, Jensen cofundó en 2011 un movimiento ecoanárquico con sede en California (EE.UU.) y con profundo impacto en Canadá llamado «Deep Green Resistance».

Abogando por la destrucción total de las principales infraestructuras del mundo en un intento por salvar a la naturaleza de la nefasta influencia de la humanidad, el movimiento de resistencia de Jensen (inspirado en la filosofía del Unabomber) describió sus técnicas de despliegue de guerreros en la superficie y guerreros subterráneos en una sección titulada «Guerra Ecológica Decisiva»:

«Quienes operen “en la superficie” se dedicarían a construir comunidades sostenibles y justas dondequiera que estuvieran, y emplearían acciones directas e indirectas para intentar frenar los peores excesos de quienes ostentasen el poder, reducir la quema de combustibles fósiles y luchar por la justicia social y ecológica. Mientras tanto, quienes operen “bajo tierra” llevarían a cabo ataques limitados contra la infraestructura, especialmente la energética, para intentar reducir el consumo de combustibles fósiles y la actividad industrial en general. El objetivo principal de este plan sería utilizar ataques selectivos para acelerar el colapso de forma deliberada».

 

El sitio web de Deep Green Resistance describe una estrategia quíntuple para sus miembros, tanto los que trabajan en la superficie como los que trabajan bajo tierra:

– Estrategia A: Emprender acciones militantes directas contra la infraestructura industrial, especialmente la energética.

– Estrategia B: Apoyar y participar en las luchas en curso por la justicia social y ecológica; promover la igualdad y socavar la explotación por parte de quienes ostentan el poder.

– Estrategia C: Defender la tierra y prevenir la expansión de la tala industrial, la minería, la construcción, etc., de manera que queden más tierras y especies intactas cuando la civilización colapse.

– Estrategia D: Crear y movilizar organizaciones de resistencia que apoyen las actividades antes mencionadas, incluyendo capacitación descentralizada, reclutamiento, apoyo logístico, etc.

– Estrategia E: Reconstruir una base de subsistencia sostenible para las sociedades humanas (incluidos los policultivos perennes para la alimentación) y comunidades democráticas localizadas que defiendan los derechos humanos.

Es curiosa la forma en que esta generación de «nuevos iluminados» salpica sus escritos y discursos profusamente con palabras biensonantes como «sostenible», «justicia climática y social», «igualdad», «resistencia contra el poder, o antisistema» (entre otras), aparentando un gran sacrificio altruista por el bien de la humanidad, y a la vez intentando dar sentido y consistencia a esta nueva ecorreligión paranoide.

 

En un vídeo de reclutamiento de 2011, varios devotos y sacerdotes de Deep Green Resistance, incluido el propio Jensen, exponen sus razones para ir a la guerra contra la civilización moderna. Uno de los devotos fanáticos que aparece prominentemente en los videos de reclutamiento de esta especie de secta explica con franqueza que reciben «orientación» de personas relacionadas con el ejército:

«La razón por la que sabemos que esta estrategia puede funcionar es que hablamos con personas que han estado involucradas en el ejército, y nos dicen que atacar nodos críticos de infraestructura es una técnica clásica que se ha utilizado cientos o incluso miles de veces a lo largo de la historia para ganar conflictos a gran escala y, especialmente, conflictos asimétricos».

 

¿Se preguntan estos ecoterroristas por qué el ejército estadounidense los entrenaría para el ecoterrorismo? ¿O acaso piensan lo mismo que los nazis ucranianos o los terroristas del ISIS, quienes también reciben apoyo y entrenamiento militar estadounidense como parte de sus guerras santas? ¿Sospechan estos ecoterroristas que podrían estar siendo utilizados como peones en un tablero geopolítico, o realmente creen: «tomaremos lo que podamos obtener de ellos, pero nosotros seguiremos teniendo el control»?

La organización Deep Green Resistance también contaba con un sitio web de noticias [actualmente inoperativo] con una sección peculiar titulada «Calendario de Acciones Clandestinas», que mostraba explícitamente una lista de más de cien casos de actos ecoterroristas exitosos contra diversos sistemas de infraestructura ferroviaria y energética en América y Europa (incluyendo sabotajes, explosiones y daños varios). En la página web se indicaba:

«El Calendario de Acciones Clandestinas tiene como objetivo dar a conocer y normalizar el uso de tácticas militantes y clandestinas en la lucha por la justicia y la sostenibilidad. A continuación, incluimos una amplia variedad de acciones de luchas de todo el mundo, especialmente aquellas en las que los militantes atacan la infraestructura, porque creemos que este tipo de acción es necesaria para desmantelar la civilización».

 

Habitantes de superficie y subterráneos

En los últimos dos años, una gran cantidad de explosiones en instalaciones de procesamiento de alimentos, graneros y descarrilamientos de trenes se han producido en toda América del Norte y Europa.

¿Esta destrucción es causada por campañas ecoterroristas clandestinas?

Ciertamente, los «personajes de la superficie» como Mark Carney y otros tipos asiduos del Foro de Davos están causando un daño considerable al sistema de apoyo energético de la humanidad al imponer pactos climáticos de los bancos centrales y administraciones gubernamentales para asfixiar la energía contaminante de hidrocarburos, declarar moratorias sobre la energía nuclear en toda Europa y supervisar el colapso de las explotaciones agroindustriales mediante cuotas draconianas de fertilizantes y otras acciones descabelladas.

Como ejemplo notorio tenemos a Gavin Newsom, gobernador de California, que demostró estar a la altura de los ecoterroristas más radicales al gastar más de 500 millones de dólares de los contribuyentes para destruir cuatro represas hidroeléctricas con el fin de reducir la población de California, liberar los desiertos (del acoso del agua, parece ser) y devolver a los ríos sus «derechos humanos inalienables». Si en el proceso se eliminan miles de agricultores, no queda más remedio que considerarlo una bendición disfrazada.

En Estados Unidos, se demolieron más de 1951 represas en la última década, incluidas 57 en 2021. Mientras muchos observadores defienden esto como una restauración de la naturaleza, la destrucción de vidas causada por la reducción de la producción de alimentos y la electricidad asequible es devastadora.

Paralelamente, el consumo de insectos ya parece haber traspasado ampliamente sus límites de producción, ya que el gobierno de Canadá ha presentado con orgullo la granja de grillos más grande del mundo, al tiempo que declara la guerra a la agricultura convencional con la amenaza de una reducción del 30% en la producción de alimentos para 2030.

 

 

El extraño caso de Extinction Rebellion

Paralelamente a Deep Green Resistance, ha surgido otro grupo del cínico pozo negro de la energía juvenil marginada y con el patrocinio de multimillonarios en Inglaterra, llamado Extinction Rebellion.

 

Roger Hallam, el gran gurú verde 

Aunque en apariencia abogan por la no violencia, sus motivaciones ideológicas más profundas se ven claramente reflejadas en las propias palabras del cofundador de Extinction Rebellion, Roger Hallam, quien dijo lo siguiente durante su intervención en una reunión de Amnistía Internacional el 4 de febrero de 2019:

«Vamos a obligar a los gobiernos a actuar. Y si no lo hacen, los derrocaremos y crearemos una democracia que funcione. Y sí, puede que algunos mueran en el proceso».

 

Cuando algunos miembros empezaron a cuestionar cómo los ingresos de Extinction Rebellion procedentes de multimillonarios (los mismos que dominan el sistema capitalista que tanto desprecian) encajaban con su modus operandi, Hallam consoló a su ejército de ecoguerreros explicándoles que los oligarcas también tienen sentimientos y que también sufren de depresión climática:

«Tratamos con personas que lloran por las noches, igual que nosotros. No queremos que se suiciden. ¡No! Queremos que nos llamen y nos den ese millón de libras».

Haría hasta gracia el personaje, si la cuestión no fuera tan seria.

 

En un estudio de EIR de 2019 realizado por Dean Andromidas, [3] se llevó a cabo un extenso análisis de las fuentes de financiación de Extinction Rebellion. Andromidas escribe:

«Según documentos de Extinction Rebellion obtenidos por Breitbart News, George Soros, el mega especulador y financiador de numerosas Organizaciones Impresentables [NGO, o no-good organizations; ONG en español], encabezaba la lista de donantes ecologistas de XR, si bien la cantidad donada aparecía censurada en el documento. Otros fondos europeos procedían de la Children’s Investment Fund Foundation, que aportó nada menos que 121.140 libras esterlinas (unos 155.000 dólares). Esta es la fundación del tristemente célebre fondo de inversión libre con sede en Londres, The Children’s Investment Fund Management, fundado y dirigido por sir Chris Hohn. La directora ejecutiva de esta fundación, con un patrimonio de más de 2.000 millones de libras esterlinas, es Kate Hampton, quien también es vicepresidenta de la importante European Climate Foundation y miembro del consejo de administración del Carbon Disclosure Project (CDP)». [4]

 

También cofundadora de Extinction Rebellion es la activista superjipi Gail Bradbrooke, quien anteriormente trabajó para King Charles’ Business in the Community/Responsible Business Network, que hoy forma parte integral del Foro Económico Mundial. Esta señora no tiene reparos en contar de dónde proviene la inspiración que le condujo a fundar Extinction Rebellion junto a Hallam, después de unos años buscando su sitio en el mundillo ecoactivista:

«Alrededor de 2016, comencé a sentir que había algo en mi interior que necesitaba atención. La ciencia psicodélica nos dice que, como medicinas, los psicodélicos pueden brindar una sanación profunda. Estudios han demostrado que tienen la capacidad de curar a personas de enfermedades previamente incurables, como la depresión. Gran parte de esto se debe a experimentar lo que los investigadores definen como una «experiencia mística»: quienes consumen psicodélicos reportan una profunda sensación de paz, unidad y unión con el planeta, la cual ha demostrado tener un efecto profundo y duradero en su forma de vivir.

Aunque la mayoría de los psicodélicos son ilegales en Occidente, es tradición en muchas culturas indígenas tener una relación y un diálogo con el mundo natural, en parte mediado por plantas como la ayahuasca y el peyote. Últimamente yo no tomo decisiones de “volar” con facilidad, pero decidí viajar a Costa Rica, donde en dos semanas ingerí una dosis abundante de iboga (un tipo de corteza de árbol), kambo (la medicina de la rana) y tuve tres experiencias con ayahuasca. Estaba aterrorizada, pero la razón por la que llevé mi consciencia a tal extremo no fue solo para hacer el trabajo interior sobre mí misma, sino que quería respuestas sobre cómo podía generar un cambio social. ¿Qué me faltaba? ¿Qué no estaba haciendo?»

 

Impresionante.

 

Otro mecenas de Extinction Rebellion es el noble hereditario lord Anthony St. John, banquero de inversión y director de varias empresas mineras en Sudáfrica. Lord St. John no solo es vicepresidente del Grupo Parlamentario Multipartidista de Sudáfrica en la Cámara de los Lores, sino también uno de los principales patrocinadores de Television for the Environment. Este proyecto fue creado en 1984 por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) del Reino Unido. El PNUMA fue fundado por Maurice Strong, cofundador de Davos, quien también había sido vicepresidente del WWF. Desde 2011, el presidente del Fondo Mundial para la Naturaleza es el entonces príncipe (ahora rey) Charles.

St. John no solo es un tipo de sangre azul con una inmensa cuenta corriente y un asiento privilegiado en el coro de la élite mundial más selecta, sino que se declara partidario de las tecnologías limpias y la conservación de la vida silvestre. Como no podía ser menos, es fideicomisario de varias organizaciones benéficas orientadas a la reducción de la pobreza y fomento de la educación en África del Sur.

Viendo cuántos multimillonarios se ajustan a este currículo, cabría pensar porqué África sigue siendo un continente marginal en todos los sentidos.

 

Por supuesto, Extinction Rebellion profesa una resistencia pacífica y no violenta al sistema, al igual que Deep Green Resistance, pero eso no les ha impedido pedir que se llenen los aeródromos del aeropuerto de Heathrow en Londres con drones para perturbar a los controladores aéreos y poner en riesgo la vida de miles de pasajeros.

Esto es algo que habría enorgullecido a Ted Kaczynski, ya que sus primeros intentos de terrorismo involucraron una bomba (que afortunadamente no detonó) en un avión de pasajeros en 1979.

Tampoco les ha impedido incluir un objetivo de cero emisiones netas, no negociable, para todos los gobiernos de aquí a 2030 (es decir, la eliminación del 85% de todas las emisiones de dióxido de carbono en los próximos dos años). Este objetivo irracional se considera, de hecho, una exigencia que, de cumplirse, provocaría una muerte masiva de personas en todo el mundo.

En el próximo episodio de esta serie, analizaremos con mucho más detalle la figura de Theodor Kaczinsky, primero como una voz «académicamente convencional» en los departamentos de filosofía de Estados Unidos, y en segundo lugar como producto del experimento de control mental MK Ultra.

 

 

Notas:

[1] https://canadianpatriot.org/2021/08/11/in-defense-of-co2-astro-climatology-climategate-and-common-sense-revisited/

[2]   https://anarchistnews.org/content/letters-ted-kaczynski-and-derrick-jensen-0

[3]   https://larouchepub.com/special_report/2019/co2_reduction_is_mass_murder/Text/extinction_rebellion_climate_violence.html

[4] Children´s Investment Fund Foundation es una organización filantrópica que fue creada «para mejorar la vida de los niños de todo el mundo», por el multimillonario inglés Chris Hohn. Baste decir que esta fundación está muy relacionada con la infame Fundación Gates y la Fundación Clinton, entre otros (incluyendo al Banco Vaticano y la Corona británica). Se podría escribir un largo artículo solo para empezar a comprender la corrupción de esta fundación, gestionada por el «gestor de fondos de cobertura» Hohn, y cómo se ha enriquecido increíblemente mediante «presuntas» actividades de especulación y otros, poco relacionadas con su aparente función primordial.

 

 

                                                                             …………………………..continúa en la parte 2

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies