El papa Francisco ha muerto… pero el daño que hizo al cristianismo seguirá vivo.
Jorge Mario Bergoglio, el sacerdote jesuita que adoptó el nombre de papa Francisco en 2013 (en honor a san Francisco de Asís, patrono de los ambientalistas), ha fallecido. Pero el daño que ha causado a la imagen del cristianismo probablemente perdurará por muchas generaciones más.
Tal vez algunos hayan oído hablar del supuesto papel del obispo Bergoglio en la colaboración con las juntas militares fascistas patrocinadas por los Rockefeller y dirigidas y asesoradas por la CIA en Argentina (1976-1983), supervisando ciertas campañas de tortura y asesinato dirigidas en el escenario de la Operación Cóndor (1), y que finalmente trascendieron y fueron hechas públicas mediante denuncias directas que apuntaban a Bergoglio como colaborador del general dictador Videla en el secuestro y tortura concretamente de dos sacerdotes argentinos y algunos civiles cercanos a ellos.
¿Qué papel jugó por aquel tiempo Jorge Mario Bergoglio? Recordemos el asunto.
En 1973, Bergoglio fue nombrado «Provincial» para Argentina de la Compañía de Jesús. Con este nombramiento, Bergoglio se convertía en el jesuita de mayor rango en Argentina durante la dictadura militar dirigida por el general Jorge Videla (1976-1983). Posteriormente se convirtió en obispo y arzobispo de Buenos Aires. El papa Juan Pablo II lo elevó al título de cardenal en 2001.
En 1976, el general Jorge Rafael Videla ascendía al poder en Argentina mediante un golpe de Estado que acababa con el mandato de Isabel Perón. Establecido como dictador, la junta militar de gobierno que dirigió fue responsable de multitud de asesinatos, incluidos los de sacerdotes y monjas que se opusieron al gobierno militar tras el golpe de Estado mencionado, patrocinado por la CIA, el día 24 de marzo de 1976.
Videla sería posteriormente condenado por crímenes contra los derechos humanos, incluyendo torturas, asesinatos y secuestros, además de otros delitos graves. En 1985, Videla sería condenado a cadena perpetua, ingresando en prisión, aunque su condena sería revisada y de nuevo confirmada posteriormente. Esto no es extraño, dado que Videla había hecho un buen trabajo para Washington. El secretario de Estado de Estados Unidos en aquel tiempo, Henry Kissinger, jugó un papel detrás de escena en el golpe militar de 1976, siguiendo de cerca todos estos acontecimientos personalmente. En la década de 1970, Estados Unidos dirigió las juntas militares y dictaduras de los países latinoamericanos y trabajó arduamente en su asesoramiento y apoyo para deshacerse de cualquier tipo de oposición que surgiese, en el escenario de lo que se denomina generalmente la Operación Cóndor.
Paralelamente al «experimento» social, se realizaban los correspondientes movimientos financieros a cargo de los halcones de Wall Street, que en Argentina se materializaron con el nombramiento por parte de la junta militar de José Alfredo Martínez de la Hoz como ministro de Economía (recomendado obviamente por Wall Street), miembro del establishment empresarial argentino muy afecto a los militares (y buen amigo de David Rockefeller), y que rápidamente conseguiría establecer un programa de actuación que aumentó significativamente la pobreza de la población y la deuda de la nación con el FMI.
El paquete de política macroeconómica descrito como neoliberal y adoptado por Martínez de Hoz fue una copia del impuesto en octubre de 1973 en Chile por la dictadura de Pinochet asesorada por los «Chicago Boys», (2) tras el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 y el asesinato del presidente Salvador Allende.
El satanista de alto grado H. K., contento por los servicios prestados (arriba, con Pinochet, debajo, con Videla).
Washington apoyó firmemente a la Junta Militar, que libró la «guerra sucia» en su nombre. A su vez, la mayor parte de la jerarquía de la Iglesia católica desempeñó un papel importante en el mantenimiento de la legitimidad de la Junta Militar. La Orden jesuita –que representaba la facción conservadora pero más influyente dentro de la Iglesia católica, estrechamente asociada con las elites económicas de Argentina– apoyó a la Junta Militar.
Condenar la dictadura militar (incluidas por supuesto sus violaciones de derechos humanos) era impensable dentro de la Iglesia católica. No obstante, si bien las altas esferas de la Iglesia apoyaban a la Junta Militar, las bases se oponían a la imposición del régimen militar y la represión consecuente.
La abogada de derechos humanos argentina Myriam Bregman tuvo ocasión de interrogar oficialmente a Jorge Mario Bergoglio en uno de los juicios (2010-11) que se llevó a cabo contra los militares del ESMA, la infame Escuela de Mecánica de la Armada que funcionó como centro de detención, tortura y exterminio de la Junta Militar. Sobre aquel suceso, que implicaba el secuestro mencionado de dos sacerdotes jesuitas que fueron torturados y liberados posteriormente, la abogada relató:
«Contrariamente a la imagen que hoy se da de él como una persona humilde, Bergoglio no tuvo empacho en utilizar todos los privilegios que le daba su investidura, negándose a ir a declarar como cualquier persona a los tribunales, por lo que se hizo trasladar todo el juicio a la sede de la Curia en Buenos Aires y tuvimos que hacer el interrogatorio allí mismo. Durante su declaración, el hoy Papa contestó con evasivas y contradijo lo que había dicho la testigo anterior. Trató de hacer una defensa formal de sus acciones durante el período que duró el secuestro de los curas jesuitas por parte de los militares, afirmando que al enterarse que habían sido secuestrados se lo informó a sus superiores. Hizo también algunas afirmaciones muy graves, como que dos o tres días después de haberse perpetrado este secuestro él ya sabía que estaban en la ESMA. Algo que hasta el día de hoy ni muchas Madres de Plaza de Mayo saben respecto de sus hijos, a pesar de su intensa búsqueda. ¿Cómo se enteró? Relató que se entrevistó con Videla y Massera, pero bastante tiempo después. También reconoció que cuando los sacerdotes Jalics y Yorio fueron liberados le contaron que quedaba gente secuestrada en la ESMA, y aun así no hizo nada».
Pero lo que recuerda con mayor detalle la abogada Myriam Bregman de aquel interrogatorio es cuando le preguntó sobre la apropiación de bebés durante la dictadura: «Jamás olvidaré la cara que puso Bergoglio cuando le preguntamos por los niños apropiados […]. Contestó que se había enterado hace poco, hace unos diez años, o sea, en el 2000, cuando toda la sociedad sabía de la búsqueda de Abuelas de Plaza de Mayo al menos desde el año 1983...».
Por último, Bregman señaló:
«La actitud reticente de Bergoglio a contestar y lo acotado de sus respuestas en aquel entonces tuvo coherencia con la línea de silencio y ocultamiento adoptada por la jerarquía eclesiástica durante todos los años posteriores a la dictadura, negándose sistemáticamente a aportar los archivos y documentos con que cuentan. Es parte de la política de la cúpula de la Iglesia católica, que bendijo y colaboró directamente con la dictadura iniciada en Argentina en 1976. No me extraña que a sacerdotes como Christian Von Wernich, que están condenados por ser autores del genocidio, del plan de tortura y exterminio de la dictadura, no se los haya excomulgado y puedan seguir dando misa como cualquier otro cura. Lo mismo sucedió con el cura Grassi, condenado por abusar de niños, y por cuya expulsión la Iglesia que Bergoglio comandaba hasta ayer no movió un dedo. Nadie puede negar que el hoy papa Francisco I encubrió a genocidas y pederastas en las filas de la Iglesia».
No es este un testimonio aislado o infundado sobre Bergoglio, sino que buena parte de la sociedad argentina era consciente del tema y de la participación del religioso jesuita en los hechos. Pero en el año 2013, Jorge Mario Bergoglio se convertía en el papa Francisco, y ello provocó que se movilizara una campaña mediática a nivel mundial destinada a lavar la imagen del flamante papa y a diluir el recuerdo de su colaboración con la Junta Militar, a su vez condenada en firme por gravísimos crímenes que afectaron a miles de personas.
Jorge M. Bergoglio y el general Videla, muy risueños.
Las acusaciones contra Bergoglio en relación con los dos sacerdotes jesuitas secuestrados, que a juzgar por los testimonios y pruebas existentes son bastante verosímiles, (3) sin embargo son solo la punta del iceberg. Si bien Bergoglio era una figura importante en la Iglesia católica, ciertamente no fue el único que apoyó a la Junta Militar, apoyo que resultó clave para las operaciones oscuras de los militares, teniendo en cuenta la influencia que tiene tradicionalmente la Iglesia católica en toda Sudamérica.
Prácticamente toda la jerarquía católica apoyó la dictadura militar patrocinada por Estados Unidos. Cabe recordar este suceso acaecido el 23 de marzo de 1976, en vísperas del golpe militar:
Videla y otros conspiradores recibieron la bendición del arzobispo de Paraná, Adolfo Tortolo, quien también se desempeñaba como vicario de las Fuerzas Armadas. El mismo día de la toma, los líderes militares mantuvieron una larga reunión con los líderes de la Conferencia Episcopal. Al salir de la reunión, el arzobispo Tortolo declaró que si bien «la Iglesia tiene su propia misión específica… existen circunstancias en las que no puede abstenerse de participar, incluso cuando se trata de problemas relacionados con el orden específico del Estado». Instó a los argentinos a «cooperar positivamente» con el nuevo gobierno. (4)
El propio general Videla afirmó haber mantenido numerosas conversaciones con el primado de Argentina, el cardenal Raúl Francisco Primatesta, sobre la guerra sucia de su régimen contra activistas de izquierda. Añadió que también conversó con otros obispos destacados de la Conferencia Episcopal Argentina, así como con el entonces nuncio apostólico, Pio Laghi. (5)
Pio Laghi, nuncio apostólico del Vaticano en Argentina, admitió «haber hecho la vista gorda» ante las torturas y las masacres. Laghi tenía vínculos personales con miembros de la junta militar gobernante, incluido el general Jorge Videla y el almirante Emilio Eduardo Massera.
El nuncio Pio Laghi, con los feligreses de la Junta Militar argentina.
Al respaldar a la Junta Militar, la jerarquía católica fue cómplice de torturas y asesinatos en masa, con un saldo estimado de más de 20.000 muertos y desaparecidos entre 1976 y 1978. Miles de víctimas adicionales fueron asesinadas desde 1978 hasta 1983, cuando al fin los militares fueron obligados a dejar el poder.
En definitiva, estos acontecimientos no lucirían nada bien en el currículum de un religioso, así que mucho menos en el de un papa de la Iglesia católica.
Pero pasemos a algunos de los mayores logros del papado de Francisco, a quien se ha descrito como un religioso sencillo, preocupado por los pobres, gran luchador por los derechos humanos y que con ciertas decisiones muy progresistas no cabe duda que ha abierto una brecha entre los católicos «conservadores» y los «liberales», sin llegar a convencer ni a unos ni a otros. Sin embargo, es gracias a su postura en el debate medioambiental por lo que más reconocimientos y alabanzas ha recibido: ha sido «el papa que asumió totalmente la evidencia científica sobre el cambio climático y abogó por la defensa del planeta y el medio ambiente».
El papa Francisco, ejemplo de activismo medioambiental.
La idea cristiana de que la humanidad está hecha a imagen viva de un Creador ha sido la columna vertebral de toda resistencia exitosa contra el oligarquismo desde la antigüedad. Este concepto de «imago dei», imagen de Dios, (compartido con el judaísmo) tiene su corolario en la expresión «capax dei», la capacidad o el mandato de participar en la creación misma.
«El hombre, como dice la tradición del pensamiento cristiano, es “capax dei”: capaz de conocer a Dios y de acoger el don de sí mismo que él le hace. En efecto, creado a imagen y semejanza de Dios (Gn 1, 26), está capacitado para vivir una relación personal con él y responder con la obediencia de amor a la relación de alianza que le propone su Creador». (Juan Pablo II, Audiencia General, agosto 1998)
Estos conceptos inspiraron las mejores tradiciones renacentistas, la formación del Estado-nación y los avances más revolucionarios tanto en las artes como en las ciencias. Cada vez que la humanidad trabajó en línea con este espíritu de bondad, los efectos fueron los mismos: menor poder para la clase oligárquica, mayor poder para sostener una vida con estándares más altos y mayor acceso a la libertad tanto para los ciudadanos como para las naciones.
Esta poderosa noción cristiana también resulta ser el objetivo que el papa Francisco se dedicó por completo a destruir a lo largo de su vida… transformando el cristianismo en un conducto para el culto a Gaia, la despoblación y la esclavitud global.
Refiriéndose a los Acuerdos de París, (6) el papa Francisco describió la importancia de que todos los cristianos respeten los nuevos valores establecidos en la Agenda Verde diciendo:
«No hay alternativa. Solo podemos alcanzar los objetivos del Acuerdo de París si actuamos de forma coordinada y responsable. Estos objetivos son ambiciosos y ya no pueden postergarse. Hoy les toca a ustedes tomar las decisiones necesarias».
Por si acaso alguien tuviera la idea de revivir políticas nacionalistas en oposición a las fuerzas globalizadoras de la era postestado-nación en la que supuestamente estamos entrando, el Papa dijo:
«Podemos afrontar estas crisis replegándonos al aislacionismo, el proteccionismo y la explotación. O podemos ver en ellas una verdadera oportunidad de cambio, un auténtico momento de conversión, y no solo en un sentido espiritual».
Este llamado a la conversión de la sociedad hacia la acción climática se hizo evidente a través de la encíclica Laudato Si (7) de 2015 producida por el Papa para marcar el comienzo de la ecologización del cristianismo bajo un nuevo modelo de pensamiento, que reduce a los seres humanos a una mera parte integrante del ecosistema que no exhibe atributos especiales por encima o más allá de los insectos, pájaros y mamíferos de la selva.
En Laudato Si, el Papa apuntó directamente a la idea «vieja y obsoleta» del cristianismo que consideraba a la humanidad como una criatura divina nacida con una chispa prometeica, diciendo:
«Una presentación inadecuada de la antropología cristiana dio lugar a una comprensión errónea de la relación entre los seres humanos y el mundo. A menudo, lo que se transmitía era una visión prometeica de dominio del mundo».
El nuevo ideario presuntamente cristiano revelado por el papa Francisco veía a la humanidad no como una especie que podía trascender los límites de la naturaleza, como lo hizo Prometeo cuando robó el fuego del dios tirano Zeus y se lo dio a la humanidad: en la cosmovisión de Francisco, la humanidad se define desde el punto de vista de Zeus: una criatura que debe permanecer ignorante, despoblada y ligada inexorablemente al ecosistema dentro del cual evolucionó.
Si los ecosistemas de la Tierra imponían límites a todas las especies según variables como el espacio, el alimento y la disponibilidad de recursos, entonces, según los sacerdotes seculares del nuevo orden mundial, se espera que la humanidad no sea diferente. La naturaleza era poco más que una figura de la madre Gea de la antigua Babilonia, con la oración inicial de la encíclica de 2015:
«Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana, la Madre Tierra, que nos sustenta y gobierna, y que produce diversos frutos con flores y hierbas de colores. Esta hermana ahora clama a nosotros por el daño que le hemos infligido».
Vandana Shiva, (8) la gurú choni y sacerdotisa ecofeminista de Gaia, ensalzó las virtudes de Laudato Si y afirmó:
«No solo leí la encíclica Laudato si del papa Francisco, sino que también participé en el diálogo en el Vaticano sobre cómo redefinir la economía y superar la economía de la indiferencia. Al leer Laudato si, sentí como si estuviera leyendo nuestros antiguos textos védicos, especialmente el Atharvaveda, sobre nuestro deber de respetar la Tierra y a todas sus criaturas».
El Consejo para el Capitalismo Inclusivo y el Vaticano
En 2020, el papa Francisco supervisó la fusión del Vaticano con una entidad dudosa vinculada al FEM (Foro Económico Mundial) por medio de la iniciativa llamada «El Consejo para el Capitalismo Inclusivo», patrocinado por Mark Carney (otro personaje de cuidado) y lady Lynne Forrester de Rothschild con el fin de promover «acciones colectivas… destinadas a conducir al cambio sistémico al hacer del capitalismo una mayor fuerza para la inclusión y la sostenibilidad…[en consonancia con los objetivos de la Agenda 2030]».
Al describir la fusión, Rothschild afirmó:
«Esta es una nueva alianza histórica entre algunos de los líderes empresariales y de inversión más importantes del mundo y el Vaticano… uniendo imperativos morales y de mercado para reformar el capitalismo y convertirlo en una fuerza poderosa para el bien de la humanidad».
El consejo está además liderado por un grupo central de líderes mundiales que incluso se autodenominan «guardianes», e incluye a los directores ejecutivos de organizaciones poderosas como State Street, Bank of America, Johnson & Johnson, la Fundación Rockefeller, la Fundación Ford, Merck, British Petroleum y los bancos Rothschild. No es precisamente el círculo de pesos pesados políticos más elevado moralmente que uno pueda imaginar, pero aun así, tal vez el mal del que han formado parte durante décadas se haya orquestado en aras de un bien superior que solo esa élite puede conocer… quién sabe.
Así que la pregunta es: ¿a qué tipo de conversión se refería el papa Francisco al querer que el mundo cristiano se comprometiera a apoyar los Acuerdos Climáticos de París y la ecologización de la economía mundial?
¿Fue por la aceptación de los valores cristianos encarnados en el mensaje de Cristo de amar al prójimo y a Dios? ¿O fue por la aceptación del llamado antiimperialista de Cristo a expulsar a los mercaderes del templo y ayudar a los enfermos y pobres?
Bueno, si uno tiene que evaluar el propósito de la COP26 (Conferencia de las Naciones Unidas sobre el cambio climático de 2021) y de los ideólogos del Foro Económico Mundial como Mark Carney, que están organizando esta transformación de la humanidad en una nueva sociedad esclavista bajo el ecoimperialismo, entonces la respuesta huele más a azufre que a amor.
Los objetivos antidesarrollo de las cumbres de la COP
Con el propósito de reformar todo el sistema de valores políticos, económicos, de seguridad y culturales de la humanidad en torno a un nuevo orden verde global, las iniciativas de la COP26 exigen que los objetivos globales de reducción de carbono sean legalmente vinculantes y exigibles por los nuevos mecanismos de gobernanza mundial. Carney ha solicitado la recaudación de 135 billones de dólares durante los próximos 30 años para reducir las emisiones de CO2 en un 80% con respecto a los niveles de 1991, mediante la expansión de molinos de viento, paneles solares, plantas de biocombustibles y redes verdes por toda la superficie terrestre.
Se espera que amplias franjas de naciones bloqueen sus tierras al cultivo tradicional en defensa de los ecosistemas (y de ese modo prohíban la construcción de represas hidroeléctricas o desarrollos reales y beneficiosos en regiones como la cuenca del río Congo, entre otras muchas).
Los sistemas bancarios están siendo reconfigurados por el pacto de la Banca Verde de Carney para canalizar la financiación hacia costosos sistemas de energía verde, mientras que se prevé la destrucción de las empresas contaminantes que producen CO2. Carney ha declarado que un eje central de esta nueva economía anticarbono se basa en nuevos índices de carbono que se espera que todas las empresas adopten y que mostrarán su grado de virtud ecológica, basado en un gradiente de verde intenso a marrón (y cincuenta tonos intermedios). El lugar que ocupe su empresa en este gradiente determinará los niveles de tasas de interés que pagará o si podrá o no acceder a préstamos. Carney presentó este nuevo sistema en 2019, diciendo:
«La divulgación de información climática debe ser exhaustiva, la gestión del riesgo climático debe transformarse y la inversión sostenible debe generalizarse… Las empresas que anticipen estos avances serán recompensadas generosamente. Las que no lo hagan, desaparecerán».
Todo esto se está haciendo en base a la supuesta (y completamente acientífica) creencia de que esto a su vez mantendrá las temperaturas dentro de 1,5 grados como mucho por encima de los niveles preindustriales.
Dejando de lado por el momento que nunca se ha demostrado que el CO2 tenga algún papel causal en las fluctuaciones de temperatura, veamos el tipo de efecto que este nuevo acuerdo verde global tendrá sobre la vida humana.
La electricidad poco fiable y de baja calidad derivada de los parques eólicos y de paneles solares es de magnitudes muy inferiores a la calidad de la energía derivada de los combustibles fósiles o de las centrales nucleares. Es bien sabido que estas fuentes de energía «verdes» pueden funcionar en grados limitados dentro de los sectores residenciales de una economía, pero los sectores de transporte e industrial, que consumen más del 50% de las necesidades de electricidad de la sociedad industrial, no funcionarán con energía solar o eólica, ya que no se puede fabricar un molino de viento con energía eólica y no se puede procesar acero industrial con energía eólica o solar.
Y olvídense de alimentar una red ferroviaria de alta velocidad o de levitación magnética. Las densidades térmicas de las energías renovables son demasiado bajas, y cualquier sociedad lo suficientemente ingenua como para cerrar sus centrales de petróleo, gas natural y nucleares «sucias» para favorecer a aquellas incapacitará irremediablemente su sector industrial. Si el país se encuentra entre los sectores subdesarrollados del mundo, podría encontrarse recibiendo grandes cantidades de dinero monopolista como soborno para firmar los pactos verdes de la COP26, como Boris Johnson (el ampliamente conocido títere y satanista correveidile) ha defendido en su discurso en la COP26, pero se condenaría a no poder construir industria pesada jamás.
El secretario del Consejo de Seguridad ruso, Nicolai Patrushev, recientemente denunció lo absurdo de las redes de energía verde, diciendo con buen criterio:
«La crisis energética europea ha demostrado que las tecnologías existentes no permiten satisfacer la demanda económica únicamente mediante fuentes de energía renovables. Europa, una región industrializada, resultó incapaz de sustituir el carbón, el petróleo y el gas por centrales eólicas, solares y mareomotrices».
El efecto general y directo de esta política anticientífica es una enorme reducción de los recursos de la humanidad para sustentar a sus ocho mil millones de habitantes. Es la abolición de la soberanía de las naciones y la supresión de los medios para llevar a cabo el mandato de sacar a la humanidad de la miseria, la pobreza y la desesperación… todo bajo el pretexto moralista de proteger virtuosamente el medio ambiente.
Vale la pena preguntarse: ¿El mandato del Acuerdo de París de crear un plan global de descarbonización se basa realmente en la sincera intención de preservar el medio ambiente y proteger a los pobres? ¿Estaban los esfuerzos del papa Francisco por reorientar a toda la Iglesia católica hacia la agenda verde realmente impulsados por el amor cristiano, como tanto le gustaba decir al papa? ¿O hay algo más oscuro en juego?
El fundador del Club de Roma, sir Alexander King, reveló el secreto de manera muy directa cuando declaró en 1991:
«Al buscar un nuevo enemigo que nos uniera, se nos ocurrió la idea de que la contaminación, la amenaza del calentamiento global, la escasez de agua, la hambruna y similares serían la solución. Todos estos peligros son causados por la intervención humana, y solo mediante un cambio de actitud y comportamiento se pueden superar. El verdadero enemigo, entonces, es la humanidad misma».
Las tradiciones antimaltusianas del Vaticano
En tiempos mejores, muchos años atrás, algunos líderes de la iglesia propusieron una visión mucho más saludable: veían que el camino hacia la solución de la Guerra Fría estaba en terminar genuinamente con la pobreza y la guerra a nivel mundial.
Al igual que estadistas católicos devotos como Enrico Mattei, John F. Kennedy, Konrad Adenauer o Charles De Gaulle, que lucharon contra un estado profundo ideológico maltusiano dentro de sus naciones, la Iglesia en su conjunto estuvo atrapada en una batalla entre ideologías opuestas a lo largo del siglo XX.
Para quienes lideraban la facción humanista durante estos tiempos turbulentos (especialmente tras los asesinatos y golpes de Estado perpetrados contra los líderes antes mencionados), navegar por la Guerra Fría no significó simplemente establecerse entre el comunismo y el capitalismo, como se esperaba que muchos hicieran según las reglas de la «teoría de juegos». Su estrategia adoptó la forma de una solución mucho más moral.
En la encíclica Laborem Exercens de 1981 del papa Juan Pablo II, se expusieron los términos de la dicotomía maniquea de la Guerra Fría, al criticar dos ideologías opuestas que contenían venenos inversos, aunque igualmente destructivos. Por un lado, la encíclica polemizaba contra los sistemas que priorizan las libertades individuales sobre el bienestar social (por ejemplo, la doctrina hedonista de Smith del laissez faire, un capitalismo de «cada uno contra todos los demás»). Por otro lado, el Papa criticó el materialismo destructivo del «materialismo dialéctico» de Marx, que valora solo la totalidad, en total desacato al respeto por la sacralidad del individuo.
El principio cristiano defendido por el Papa en este escrito seminal se encuentra en el pasaje bíblico de Génesis 1:28 que llama al hombre a «fructificar y multiplicarse; llenar la tierra y sojuzgarla».
Si realmente queremos mantener la creencia de que la humanidad fue hecha a imagen viviente del Creador, y si entendemos que el Creador es un principio de vida y creatividad (y no un tirano impotente que hizo las reglas del universo para no participar nunca más en su proceso de creación y evolución), entonces se deben aceptar y seguir ciertas verdades inapelables.
Multiplicar parece bastante sencillo, pero ser fructífero es lo más importante. Multiplicar significa algo cuantitativo, pero ser fructífero significa algo cualitativo. En la encíclica, el papa Juan Pablo II escribió:
«Mediante el trabajo, el hombre debe ganarse el sustento diario y contribuir al avance continuo de la ciencia y la tecnología, y sobre todo, a elevar incesantemente el nivel cultural y moral de la sociedad en la que vive en comunidad con quienes pertenecen a su misma familia. Y por trabajo se entiende toda actividad humana, manual o intelectual, cualquiera que sea su naturaleza o circunstancias; toda actividad humana que pueda y deba reconocerse como trabajo, entre las múltiples actividades de las que el hombre es capaz y a las que está predispuesto por su propia naturaleza, en virtud de su humanidad. El hombre está hecho para ser en el universo visible imagen y semejanza de Dios mismo, y es puesto en él para someter la tierra. Desde el principio, por lo tanto, está llamado a trabajar. El trabajo es una de las características que distinguen al hombre del resto de las criaturas, cuya actividad para sustentar su vida no puede llamarse trabajo. Solo el hombre es capaz de trabajar, y solo el hombre trabaja, ocupando al mismo tiempo su existencia en la tierra».
Como bien dice la encíclica, ser «fructífero» significa elevar el nivel de vida, la educación y la cultura de todas las personas. Implica aplicar los frutos de los descubrimientos científicos equitativamente en forma de progreso tecnológico para todos los seres humanos, ya que la ausencia de este tipo de progreso condenaría a la humanidad al destino de los animales. La falta de progreso científico y tecnológico garantizaría que la capacidad de sustentación y los límites del crecimiento de la especie estuvieran relativamente fijados a los recursos, minerales, tierras agrícolas, técnicas de producción, etc., existentes en un momento dado.
El papa Juan Pablo II reconoció que la solución a la dicotomía de la bipolaridad de la Guerra Fría se encontraba en esta mayor comprensión de la naturaleza del trabajo y de la vida humana, diciendo:
«El trabajo humano es una clave, probablemente la clave esencial, de toda la cuestión social, si intentamos verla realmente desde la perspectiva del bien del hombre. Y si la solución —o más bien la solución gradual— de la cuestión social, que surge constantemente y se vuelve cada vez más compleja, debe buscarse en la dirección de «humanizar la vida», entonces la clave, es decir, el trabajo humano, adquiere una importancia fundamental y decisiva».
Al describir la noción de «someter la tierra» y las aspiraciones infinitas e interconectadas de la humanidad hacia la superación personal y la infinita abundancia de nuevos descubrimientos, el Papa dijo lo siguiente:
«La expresión «someter la tierra» tiene un alcance inmenso. Se refiere a todos los recursos que la tierra (e indirectamente el mundo visible) contiene y que, mediante la actividad consciente del hombre, pueden descubrirse y utilizarse para sus fines. Por eso, estas palabras, situadas al comienzo de la Biblia, son siempre relevantes. Abarcan tanto las épocas pasadas de la civilización y la economía como toda la realidad moderna y las futuras fases de desarrollo, que quizás ya estén, en cierta medida, comenzando a tomar forma, aunque en su mayor parte aún sean casi desconocidas y ocultas para el hombre».
La prohibición del descubrimiento creativo y la destrucción de la tecnología, que de otro modo podría liberar a innumerables esclavos o siervos de las ataduras materiales y llevarlos a una posición superior en el cosmos como criaturas de inteligencia y dignidad, ha sido una técnica empleada por los oligarcas desde los tiempos de la antigua Babilonia y Roma. Es la misma técnica que intentó persuadir a los esclavos del Sur confederado en los EE.UU. de que la esclavitud estaba no solo permitida sino sancionada por la Biblia, y que algunos nacían como personas elegidas destinadas a gobernar a los débiles. Fue aplicada por regímenes regresivos en el seno de la Iglesia, buscando convencer a sus feligreses de que Dios quiso que la humanidad fuera ignorante, ya que comer del árbol del conocimiento era la raíz del pecado.
Desafortunadamente, esta perversión del cristianismo se apoderó de muchos líderes de pensamiento dentro de la Iglesia Católica, quienes se adhirieron a la agenda transhumanista de reformadores como el jesuita modernista Pierre Teilhard de Chardin y sus muchos secuaces dentro de la orden. Estas mismas fuerzas se encontraron impulsando una liberalización corrupta durante los años de las reformas del Vaticano II (1962-1965), y acogieron el llamado de Chardin para adaptar el cristianismo a las reglas de la época, tomando partido en el juego bipolar de la Guerra Fría entre capitalismo y comunismo.
Son las mismas agencias que trabajan cada vez más para separar a la Iglesia de sus propios principios y convertirla en un mero instrumento adaptable, susceptible a los gustos y estándares fluctuantes de nuestra época: si el estilo y las normas de una época se polarizan con el modernismo, el liberalismo, el ecologismo y la lucha contra el calentamiento global, entonces también los valores de la Iglesia liberalizada deben adaptarse a dichos estándares, sin importar cuán alejados estén de la Verdad, la moral o las enseñanzas de Cristo.
Éste fue el legado de la transformación sulfúrica del Vaticano a la que se dedicó el Papa Francisco.
Notas:
2.- Los Chicago boys eran un grupo de economistas chilenos que estudiaron en la Universidad de Chicago con el influyente premio nobel Milton Friedman, y que se hicieron cargo de la dirección económica de Chile bajo la dictadura de Pinochet. Milton Friedman se felicitaba de lo que llamó el “milagro de Chile”, achacando la supuesta recuperación del país a la política económica patrocinada por sus pupilos; sin embargo, esa recuperación no fue real, sino una sucesión de altibajos que hicieron que al término de la dictadura (1990) el índice de pobreza en Chile llegara al 40%.
3.- Incluso el gobierno militar reconoció en un memorándum que el padre Bergoglio había acusado a los dos sacerdotes de haber establecido contactos con los guerrilleros y de haber desobedecido las órdenes de la jerarquía eclesiástica. También declaró que la orden jesuita había exigido la disolución de su grupo y que se habían negado a acatar las instrucciones de Bergoglio. El documento reconoce que la detención de los dos sacerdotes, quienes fueron trasladados al centro de tortura y detención de la Escuela Naval de Mecánica (ESMA), se basó en información transmitida por el padre Bergoglio a las autoridades militares.
4.- https://nuso.org/articulo/iglesia-y-dictadura-la-experiencia-argentina/
6.- Acuerdo formalizado en el año 2015 que trata de imponer una reducción inmediata a nivel mundial de los gases de efecto invernadero, buscando limitar la subida de temperatura global a 1,5º C por encima del nivel preindustrial (??). El acuerdo incorpora también explícitamente el reconocimiento de los derechos humanos, la perspectiva e igualdad de género, el empoderamiento de la mujer, los derechos de los pueblos indígenas, los migrantes, los niños, los discapacitados… y propone generar flujos financieros para lograr la reducción de emisiones y el desarrollo resistente a los efectos del cambio climático.
7.- (Alabado seas) es la frase inicial del Cántico de las Criaturas de san Francisco de Asís, el nombre que eligió Jorge Bergoglio tras ser elegido pontífice el 13 de marzo de 2013, y un santo vinculado por los católicos a la paz, la pobreza y la protección de la Creación.
8.- Todo un personaje. Una musa del perroflautismo ecológico a nivel galáctico.

