ES SOLO ROCK AND ROLL… PERO ME GUSTA parte 1

 

Ocasionalmente tenemos la oportunidad de ver de primera mano cómo se elaboran artículos para nuestro consumo habitual, y puede que hasta nos llegue a parecer desagradable su composición o método de elaboración, dado que el proceso de preparación en ocasiones no es tan atractivo como el producto resultante final. Pero ¿qué pasa con la música y la cultura que consumimos y que indudablemente tanto nos influye, marcando incluso tendencias generacionales? ¿Consiste exclusivamente en una preparación netamente artística, académica y práctica, aderezada con el ingenio y creatividad del artista? ¿Con qué frecuencia, y hasta qué punto podemos ver cómo se fabrica realmente?

Desde la época de Platón y su República, la política ha sido entendida esencialmente como algo que se mueve paralelamente con la cultura. Las canciones y el arte con los que nos emocionamos y las historias que capturan nuestros corazones y mentes dan forma a nuestros sistemas afectivos y colorean nuestra imaginación de maneras que son difíciles de cuantificar. De hecho, los efectos son casi imposibles de medir porque impregnan todas las facetas de nuestro ser, incluidas las dimensiones inconscientes. Como resultado, las consecuencias de diversos fenómenos culturales a menudo sólo se hacen evidentes años después de que hayan tejido su magia y lanzado sus hechizos a lo largo de generaciones.

 

Entonces, ¿por qué no echar un vistazo más de cerca a algunos de los artistas más populares de nuestra época y conocer a los verdaderos artífices de esa magia? En nuestros tiempos más inmediatos, tomaremos como ejemplo a la indiscutible diva de la música popular de los últimos años, la (según Wikipedia) cantante, compositora, pianista, productora, bailarina, actriz, activista, diseñadora y modelo Lady Gaga, con multimillonarias ventas de discos e innumerables premios en su haber.

En la carrera fulgurante de esta superstar se destaca un mentor espiritual y artístico, de nombre Fernando Garibay.

Conocido como un erudito multidisciplinar mexicano-estadounidense, productor discográfico, compositor, empresario, autor, orador y académico, Garibay se describe a sí mismo como alguien que enseña creatividad y ayuda a las estrellas del pop a «encontrarse a sí mismas». Garibay, uno de los principales artistas detrás de los artistas, sirvió como mentor musical de Lady Gaga y ahora enseña creatividad como una habilidad básica a los jóvenes líderes globales del Foro Económico Mundial (1).

En sus propias palabras, Garibay describe su relación creativa con varias estrellas del pop mundial de la siguiente manera: «Soy tu espejo; voy a mostrarte la mejor versión de ti mismo, una versión que no puedes ver porque no puedes ponerle un espejo a tu cerebro». (2)

En cuanto a la cuestión de escribir canciones y el mágico arte de crear nuevos «hits», Garibay explicó lo siguiente en una entrevista con el medio Gulf Business:

«La gente no sabe lo que quiere. Debes mostrárselo. O, más exactamente, hay que crear una realidad que aún no han percibido. Muéstrame una parte de mí que nunca supe que existía y tendrás un éxito. La forma de crear realidad para las personas es crear una historia que sea genuina, en la que puedan creer, de modo que se convierta en su historia. La historia que cuentas, lo que vistes, lo que proyecta tu video, debe ser congruente con tu mensaje e identidad. Crea ese mundo para que sea tan auténtico que todos quieran ser como tú, pasar el rato contigo o tener una relación romántica contigo. Toca todas esas notas y tendrás algo. Eso es el grupo NWA, los Beatles, Pink Floyd o Led Zeppelin. Crearon mundos enteros. Lo que hicieron NWA y Prince fue crear una realidad diferente a aquella en la que arriesgas tu vida y luchas contra los malos. Escuchas una canción e inmediatamente te transportas. La realidad cambia y conecta con audiencias desde Centroamérica hasta Japón. Cuando el arte, la música pop, el cine o cualquier medio escala, es porque has creado una realidad alternativa para las personas».

Fundador del Instituto Garibay, Fernando desempeña el papel de erudito y gurú de la creatividad para una nueva generación de jóvenes líderes globales, estrellas del pop e individuos de «alto rendimiento» que desean trascender los límites ordinarios de la vida cotidiana y acceder al potencial de su humanidad más profunda.

Bajo el lema «Complejo Industrial Creativo», la página web del Instituto Garibay se describe en los siguientes términos:

«EL COMPLEJO CREATIVO-INDUSTRIAL™ es un ecosistema fundado por el Instituto Garibay, la primera y única institución de investigación y desarrollo enfocada en el arte, la creatividad, el entretenimiento (cine, juegos, música, experiencial) como instrumento de poder blando, identidad cultural y patrimonio, renacimiento intelectual y crecimiento económico sostenible. Siendo una creación del renombrado productor discográfico y erudito Fernando Garibay, el Instituto une a líderes globales, universidades y académicos de talla mundial, instituciones financieras y líderes de opinión con miembros de élite de la clase creativa para catalizar la innovación, el diálogo empoderado y cultivar el compromiso y los iconos inspiradores del futuro. Nuestra investigación y metodologías aplicadas reúnen las mejores prácticas de las industrias creativas. Colaboramos con una red extraordinaria de los mejores artistas, intérpretes, productores, personas influyentes/líderes de opinión clave, financieros, empresarios, intelectuales y artistas. Ofrecemos avances innovadores en creatividad, instinto/intuición y alfabetización sensorial™ para organizaciones, públicas y privadas, soberanas y disruptivas, con y sin fines de lucro».

 

En este punto, deberíamos tener claro que esto es una «madriguera de conejo».

 

Por desgracia, vemos y escuchamos muy poco sobre los artistas detrás de los artistas y, sin embargo, son los más interesantes y creativos. De hecho, con ideas más elaboradas y perspectivas refinadas, se podría argumentar que ellos son los verdaderos artistas y visionarios.

Consideremos otra rama diversificada de Garibay y sus círculos: el Liminal Collective. (3) Impulsada por una visión adelantada de la humanidad, se describe a sí misma como una institución de élite que reúne a personas de alto rendimiento del mundo militar, del entretenimiento, de la ciencia y de los negocios:

«Reunimos equipos multidisciplinarios personalizados para trabajar en el umbral del potencial humano, aplicando la ciencia profunda del desempeño de élite, aprovechando tradiciones antiguas y rompiendo convenciones…».

 

El papel del Liminal Collective es reunir a personas de alto rendimiento que buscan desafiar sus límites y trabajar en el «umbral del potencial humano». Tomemos como ejemplo sus reuniones íntimas y exclusivas por invitación del grupo «Leyendas de Ibiza». El encuentro exclusivo se describe en los siguientes términos:

«Una reunión íntima y exclusiva solo por invitación para un grupo diverso de personas de alto desempeño, incluidos empresarios, líderes empresariales, atletas, militares, líderes en música, cultura o artes. Si estás en la cima de tu juego o buscas aumentar tu potencial humano, esta experiencia es para ti. Este viaje inmersivo a través de la creatividad, la ciencia, la tecnología, la música y la sabiduría antigua está diseñado para cambiar vidas».

 

Por otro lado, la rama Executive Acheron del colectivo ofrece «aventuras experienciales» que reúnen a los llamados «líderes de élite» del mundo para que puedan aprender a desbloquear su potencial humano oculto. Una descripción del programa exclusivo dice lo siguiente:

«En una referencia al infame viaje de Dante, lo guiaremos en una aventura experiencial que reúne a cohortes de líderes de élite del mundo para explorar los primeros principios de la humanidad. Infundiremos las prácticas poderosas y transformadoras de los antiguos ritos de iniciación con conocimientos y ciencia de vanguardia, para que pueda optimizarse tanto para la vida como para los negocios. En los desafíos residen nuestras mayores transformaciones».

 

 

Aunque quizás muchos lo vean como un término genérico y hasta positivo, la noción moderna de desbloquear el «potencial humano» más profundo o las reservas ocultas puede ser un tema muy controvertido que parece no tener un origen muy claro. Lo cierto es que este método fue popularizado por una de las instituciones contraculturales de vanguardia y mecas de la Nueva Era, el Instituto Esalen. Siendo pionera en los trabajos de Abraham Maslow, Aldous Huxley, Alan Watts y Sigmund Freud, entre otros, la noción de expandir el potencial humano tiene sus raíces en un desarrollo histórico muy específico en el Occidente moderno, cuyas implicaciones más profundas siguen siendo en gran medida desconocidas, a pesar de haber dado forma a generaciones de artistas y líderes de opinión en todo el mundo occidental.

Fundado en 1962, el Instituto Esalen sirvió como vanguardia de una nueva visión contracultural de Estados Unidos y el mundo occidental. Específicamente, buscó establecer una nueva ética religiosa y espiritual para reemplazar lo que se consideraban tradiciones religiosas obsoletas del platonismo y el judeocristianismo. Entre sus intereses estaban el misticismo infundido con drogas, la investigación psíquica, la integración del misticismo oriental en la vida estadounidense y un fuerte enfoque en los efectos «liberadores» de los estados alterados de conciencia a través de sustancias químicas, la meditación y diversas formas de aprendizaje experimental.

 

Como señala Jeffrey J. Kripal en su «Esalen: America and the religion of no religion»:

«En 1960, Price fue a escuchar a Aldous Huxley dar una conferencia titulada Potencialidades humanas en el Centro Médico de San Francisco de la Universidad de California. Aunque ‘somos más o menos los mismos que hace veinte mil años —dijo Huxley—, en el transcurso de estos veinte mil años hemos actualizado un inmenso número de cosas que en ese momento y durante muchos, muchos siglos después eran totalmente potenciales y latentes en el hombre’. Continuó sugiriendo que otras potencialidades permanecen ocultas en nosotros y llamó a su audiencia a desarrollar métodos y medios para actualizarlas. ‘Los neurólogos nos han demostrado —continúa Huxley— que ningún ser humano ha utilizado jamás ni el diez por ciento de todas las neuronas de su cerebro. Y tal vez, si lo hacemos de la manera adecuada, podremos producir cosas extraordinarias a partir de esta extraña obra que es el hombre’».

Esta noción de «potencial humano» seguiría inspirando algo más que un simple movimiento intelectual, repleto de innumerables nuevos gurús de la autorrealización, profecías de la Nueva Era, prácticas tántricas orientales y escuelas de liberación psicodélicas, todo lo cual sería anunciado como un nuevo «potencial humano» o «religión de no religiones». Con una generosa financiación de Lawrence Rockefeller, cuyo aporte financiero inicial se distribuiría por toda California para ayudar a fundar un nuevo ecosistema floreciente de instituciones presuntamente espirituales, esta nueva religión sin religiones sería aquella en la que Estados Unidos y la civilización occidental moderna finalmente se liberarían de las restricciones de la filosofía y la espiritualidad clásicas y tradicionales occidentales.

Porque se nos dice que ésta era una época en la que el ser y el devenir estaban separados. En su libro, Kripal hace referencia a los comentarios de Aldous Huxley en «Las puertas de la percepción»:

«Istigkeit… ¿no era ésa la palabra que le gustaba utilizar al maestro Eckhart? “Ser-esencia”. El Ser de la filosofía platónica, excepto que Platón parece haber cometido el enorme y grotesco error de separar el Ser del devenir e identificarlo con la abstracción matemática de la Idea. Pobre hombre, nunca podría haber visto un ramo de flores brillando con su propia luz interior y casi temblando bajo la presión del significado que estaban cargados… una fugacidad que era aún vida eterna, un perecer perpetuo que era al mismo tiempo ser puro, un conjunto de detalles minúsculos y únicos en los que, por alguna paradoja indescriptible pero evidente por sí misma, se podía ver la fuente divina de toda existencia. (Las Puertas de la Percepción., 17-18)

 

Como señala Kripal, con respecto al advenimiento de nuevos proselitistas psicodélicos como Aldous Huxley, Alan Watts, Timothy Leary y otros que abogan por una nueva «iluminación del cuerpo»:

«En cuanto a Joyous Cosmology de Watts, el subtítulo por sí solo sugiere que la iluminación del cuerpo estaba entrando rápidamente en los niveles químicos, e incluso moleculares y genéticos, a través de una especie de micromisticismo. Además, con Leary (quien coescribió el prólogo de The Joyous Cosmology con su colega de Harvard Richard Alpert), no pasaría mucho tiempo antes de que todo un misticismo genético de las bases del ADN se desatara en la cultura. Un número muy pequeño de escritores, artistas e intelectuales estaban transformando a toda una generación, y lo hacían con lo que eran esencialmente tratados químico-espirituales infundidos, la mayoría de las veces, con una especie de reduccionismo sutil de lo sagrado a lo químico». (Kripal, 123)

 

Ahora, se nos dice, la humanidad finalmente tendría la oportunidad de reunir lo material y lo inmaterial, la materia y el espíritu, el cuerpo y la mente. En términos de Lawrence Rockefeller, el hombre ahora estaría unido en «mente, cuerpo y espíritu».

Dicho en lenguaje más directo, estos personajes, engrasados y catapultados con montones de dólares por cortesía de los Rockefeller y compañía, con el cerebro enajenado por sustancias narcóticas autoadministradas sin mesura y con un ego inflado al límite, constituyeron el origen y germen del movimiento contracultural en general y de la desintegración controlada de todos los principios morales e intelectuales que hacían del cerebro humano un órgano estabilizado y competentemente funcional. A la luz de estos hechos, podemos comprender perfectamente porqué actualmente en la sociedad occidental (o donde ésta haya ejercido su influencia) se observan las más insólitas aberraciones intelectuales, la elevación de la locura y la estupidez al grado de arte supremo, o más tristemente los desórdenes psíquicos de todo tipo generalizados entre la población.

 

 

 

 

Hoy en día, tal vez ningún artista encarne mejor que Marina Abramović (la autonombrada «madrina del arte de la performance» luciferina) el nuevo espíritu «ilimitado» del llamado yo plenamente autorrealizado. Conocida como la «abuela del arte escénico», es la principal mentora espiritual y creativa de Lady Gaga.

La «ilimitada» Marina fue mencionada en las filtraciones de correo electrónico del Comité Nacional Demócrata estadounidense como la anfitriona de veladas de «cocina espiritual» a las que asistieron personas influyentes en Washington, entre ellas tipos como John Podesta, cuya asociación con redes de tráfico sexual infantil no es ya ningún secreto. Nada menos que personas como Lady Gaga se han convertido en devotas del «Método Abramović», que consiste en varias prácticas diseñadas para llevar a las personas a sus «límites absolutos».

La brujilla M. Abramovic y el Gran Jefe y omnipresente Jacob Rotschild

En este punto, debemos señalar que debido a que las ideas a menudo toman la forma de nuevos movimientos estéticos, muchas veces pueden ser difíciles de analizar o discernir. A veces expresadas en forma de ritmos hipnóticos, espectáculos, letras pegadizas y actuaciones musicales catárticas, las canciones funcionan de manera muy similar a lo que Platón observó en sus Leyes hace más de 2000 años, es decir, como «encantos». Porque las canciones no toman la forma de un conjunto discreto de proposiciones o argumentos lógicos, sino que se manifiestan a través de una serie de estados alterados y transformaciones emocionales conjuradas por el tratamiento sutil de imágenes, ritmos musicales e historias. En la mayoría de los casos, en la medida en que se expresan mensajes particulares, estos permanecen en gran medida ocultos debajo de las estructuras profundas de nuestra psique, tomando la forma de «pensamientos sentidos», melodías que nos hacen sentir bien e himnos pegadizos.

Independientemente de si las canciones sugieren algún curso de acción directo, estos pensamientos sentidos a menudo nos anclan a un conjunto determinado de ideas y emociones, lo deseemos o no. Escuchamos una línea o una letra y luego la asociamos con un estado de ánimo particular, y ese estado de ánimo particular se asocia con un conjunto de pensamientos o comportamientos. Por estas razones, el arte se convierte en una de las cosas más difíciles de cuestionar o analizar más allá de su encantadora superficie, dado que sus efectos son tan sutiles y encubiertos. Por tanto, también se convierte en una de las influencias más potencialmente subversivas.

De este modo, nos sentimos conmovidos sin poder articular exactamente cómo o por qué y, sin embargo, los efectos son definitivos, inmediatos, aunque a menudo temporales. Sin embargo, con el tiempo, una experiencia constante y regular de tales encantos etéreos puede ejercer un hechizo aparentemente duradero sobre nosotros y sobre toda una multitud.

Hoy en día, como hemos visto, se podría considerar gran parte de lo que conocemos como cultura y música pop modernas como una especie de magia artificial creada por un grupo de magos en gran medida invisibles, pero la pregunta es: ¿es esto realmente nuevo? ¿o es el resultado consecuente de un experimento implementado hace ya tiempo?

 

 

Jinetes de la tormenta

La mayoría de nosotros probablemente nos hemos dejado llevar por el seductor compás de «Riders of the Storm» de los Doors o hemos agitado la cabeza al ritmo de los mágicos himnos de «Sgt. Peppers lonely hearts club band» de Beatles. Pero, ¿qué es exactamente lo que hemos estado haciendo? Muchos podrían simplemente argumentar: «¿A quién le importa? Nos hace sentir bien». Desde el Verano del Amor hasta la Teoría del Caos, varias narrativas de moda y explicaciones historicistas han dado forma a la versión oficial.

Si bien a todos nos han desconcertado ciertas representaciones caricaturescas de teorías de conspiración infumables, y hemos escuchado los desvaríos de muchas madres conservadoras de clase media advirtiendo sobre «la música del diablo», la historia real del rock y la música moderna es de hecho una historia fascinante y rara vez explorada. Claro, las leyendas y los rumores sobre influencias ocultas y maléficas siempre han flotado alrededor, pero en la mayoría de los casos la reacción ha sido simplemente encogerse de hombros o reírse de cualquier posible conexión y/o influencia insignificante que pudieran haber tenido. En general, se podría decir que las estrellas del rock (y se podría hacer extensivo a la élite del arte moderno en general) están por encima del bien y el mal: cualquier comportamiento obsceno, degradante e incluso a veces criminal o delictivo no solo se les consiente, sino que hasta está bien visto por la gran mayoría (sobre todo por sus seguidores), como parte de la parafernalia particular de su «oficio». Obviamente, históricamente esto no siempre fue así, lo que despierta legítimas sospechas sobre algo «precocinado» de alguna forma.

Sin embargo, hoy en día, con las imágenes satánicas y luciferinas sirviendo esencialmente como un sello distintivo de la música pop moderna, si es que nos hemos molestado en prestar atención, y a la luz de las revelaciones de personajes como Jeffrey Epstein, que expusieron que grandes sectores de la élite política estadounidense (y occidental en general, como se podría demostrar) están en deuda con las redes de chantaje de pedófilos, es comprensible que la curiosidad haya aumentado: ¿de dónde provienen exactamente todas las bromas luciferinas y los shows satánicos?

¿Y son sólo eso, «shows»?

Sin duda, parte de esto es propaganda intencionada por parte de buscadores de chismes que no tienen nada mejor que hacer. Pero la curiosidad de algunos investigadores diligentes ha demostrado que no todo es broma… Tomemos como ejemplo a un ávido investigador de teorías de conspiración como Jules Evans. Con una tendencia a rechazar cualquier tipo de conspiración global o narrativa caricaturesca ficticia, Evans (y no es el único) explora la historia y el perfil de una de las principales influencias de la contracultura del rock, las drogas y el sexo de los años 60: Aleister Crowley. En su artículo «Los hijos de Crowley», Jules explora las influencias de Crowley y el ocultismo en la contracultura de los años 60 de una manera inusualmente sobria y artísticamente gratificante.

Comienza simplemente señalando algunos indicios peculiares:

«Su influencia [la de Crowley] es enorme. Resulta que todos esos chiflados evangelistas cristianos que advirtieron que el rock and roll es demoníaco tenían razón. La oblea de la música pop está empapada de ocultismo, particularmente en la versión altamente egoísta de Aleister Crowley.

Por ejemplo, en un rápido “recorrido mágico y misterioso”:

Crowley aparece en la portada de Sgt Pepper’s Lonely Hearts Club Band de los Beatles. John Lennon dijo una vez: «Todo el asunto de los Beatles era hacer lo que quisieras, ¿sabes?».

Según Jules, la efigie de Crowley incluso aparece en uno de los álbumes de Doors:

«Una estatua de él también aparece en la portada del álbum de los Doors, Doors 13. Los Doors admiraban a Crowley como alguien que había ‘atravesado al otro lado’ y que era un maestro del espectáculo anárquico. Jim Morrison dijo una vez, en palabras muy crowleyanas: ‘Me interesa todo lo relacionado con la revuelta, el desorden, el caos, especialmente la actividad que parece no tener significado'».

Evans menciona a Gary Lachman, el bajista original del grupo Blondie, quien se introdujo en el ocultismo hacia 1975 mientras tocaba en la banda, a partir de elementos eclécticos de magia vulgar que circulaban por la escena del rock underground neoyorquino por esa época, más bien como complementos del show artístico. Posteriormente, Lachman se convertiría en un auténtico estudioso de lo oculto, profundizando en las teorías de Crowley, a quien finalmente rechazó como una influencia no muy benéfica.

Jimmy Page, el guitarrista del grupo Led Zeppelin, además de estar muy interesado en el ocultismo era un gran admirador de Crowley y compró su antigua casa junto al lago Ness. El famoso lema de Crowley, «Haz lo que quieras» (junto con «Así sea»), aparece grabado nada menos que en las matrices de la primera edición del vinilo Led Zeppelin III (1970).

Otro «creyente» fascinado por Crowley fue David Bowie: inmerso en el mundo de las drogas y ocultismo kitsch, sus viajes místicos llegaron a hacerle creer que estaba perseguido por seres incorpóreos y malvados. Su paranoia se exacerbó cuando llegó a la cima de su carrera, a mediados de la década de 1970, e incluía delirios extraterrestres, todo tipo de merchandising oculto y un extraño afecto por el fascismo de Hitler. Años después renegaría de sus ideas y declaraciones de esta época afirmando que eran los efectos del consumo excesivo de cocaína. Curiosamente, su fama no decayó, llegando a grabar por entonces algunos álbumes icónicos en su carrera; con el tiempo se reciclaría y asentaría su trabajo artístico centrándose en otros fundamentos más comerciales y pragmáticos (y dejando un poco de lado las drogas).

Regresando a finales de la década de 1960 y principios de los 70, tenemos a los Rolling Stones, que siempre han alardeado sin complejos de su inclinación satanista, y Marianne Faithfull (quien estuvo emparejada con Mick Jagger); estos se adentraron en la magia crowleyana a través del cineasta Kenneth Anger, de ahí su álbum His Satanic Majesties y su canción Sympathy for the Devil. Jagger también hizo la soporífera banda sonora de la película de Anger, Invocation to my Demon Brother (Invocación de mi demonio guardián), mientras que Marianne Faithfull apareció en Lucifer Rising de Anger (1972), protagonizada por un auténtico chalado miembro de la familia Manson (Bobby Beausoleil), además de contar con la participación del hermano menor de Mick Jagger y el propio Jimmy Page. Existen muy diversos ejemplos de estrellas del rock y de la contracultura de las décadas de los 60 y los 70 que participaron en films y exposiciones «artísticas» que tenían en común una baja o ínfima calidad, la incorporación de elementos de ocultismo barato generalmente relacionados directamente con el satanismo, y una repercusión limitada a ciertos «selectos» círculos oscuros; habría algunas excepciones de películas como la propia Lucifer rising o La semilla del diablo (Rosemary´s baby), que fueron generosamente financiadas y meticulosamente realizadas, llegando a tener una mayor repercusión y el consiguiente impacto. (4)

 

 

Aunque muchos críticos y estudiosos han considerado estos escarceos con el ocultismo y el satanismo como un comportamiento inocuo elaborado con el objeto de crear una atmósfera que atraiga más fans (es decir, más fama y dinero), y en todo caso carente de un fondo auténticamente serio (se suele citar como ejemplo los shows insustanciales pero efectistas de artistas como Kiss o Alice Cooper), es muy posible que detrás de todo el show business haya algo más: es muy probable que el origen y popularización masiva de la música rock y derivados, que tuvo lugar en la década de 1960, sí que tuviera un componente realmente maléfico y satánico, en el sentido de antitradicionalista y «destructor de esquemas», paralelamente al carácter fundamental de la contracultura y en el seno de esta. Una vez que la semilla nociva fue insertada en la sociedad (principalmente en los jóvenes, recordemos los macroconciertos y el movimiento hippie), en realidad no era necesario continuar con el «ritual», que ya de hecho está tan asumido que funciona por sí solo sin cuestionamiento moral, como efectivamente vemos en el desarrollo posterior de la música moderna hasta la actualidad, donde todo tiene cabida. Así, visto en perspectiva a partir de los ejemplos de artistas que hemos citado, da la impresión de que en la década de 1970 el público ya estaba predispuesto a consumir música innovadora con avidez y a idolatrar a los artistas más emblemáticos y audaces, cuya clave de éxito masivo parece ser una mezcla de ingenio, vahos ocultistas remanentes de la explosión satanista de los años anteriores y desenfreno en el consumo de drogas. Todo esto es indudablemente una proyección del «Haz lo que quieras… [es toda la ley]» promovido por Aleister Crowley, y aun siendo conscientes de ello, muchas personas opinan que ese haz lo que quieras debe ser entendido positivamente como despierta tu auténtico potencial (lo que ya nos suena demasiado familiar, concretamente a new age transhumanista).

 

Existe un libro realmente interesante y concienzudo que recopila mucha información disponible y la relaciona con bastante coherencia, de modo que se revela un panorama extremadamente inquietante de lo que fueron los «buenos tiempos» de la década de 1960 y 1970. Se trata de «Weird scenes inside the canyon: Laurel Canyon, covert ops and the dark heart of the hippie dream» (Escenas extrañas dentro del cañón: Laurel Canyon, operaciones encubiertas y el corazón oscuro del sueño hippie), del historiador e investigador David McGowan. (5)

Ya en el prólogo se anuncia lo siguiente acerca de Laurel Canyon, un barrio residencial de Los Angeles (California, EE.UU.) que en la década de 1960 se convirtió en núcleo clave del movimiento contracultural y que es el eje de la narración del libro de McGowan:

«Laurel Canyon era la fuente de las vibraciones de paz, amor y arroz integral que desbordaban las ondas de Estados Unidos mientras se libraba la guerra de Vietnam, pero acechando bajo su barniz florido y teñido se escondía una exquisita oscuridad de drogas, desenfreno, depravación a tope y carnicería espeluznante…»

 

Respecto de Jim Morrison (el líder de The Doors), McGowan refiere que el cantante tenía un gran interés por el ocultismo, principalmente por el trabajo de Aleister Crowley, como ya hemos mencionado. McGowan señala que Jim Morrison llegaría a ser uno de los mayores iconos de la contracultura, aunque su personalidad era bastante curiosa, por no decir desquiciada y errática como demuestra claramente a lo largo de su corta carrera que transitó entre vahos y nubes producidas por las drogas que finalmente le conducirían a la muerte.

Hablando más específicamente sobre Morrison, McGowan señala algunos datos curiosos sobre el misterioso «Rey Lagarto», especialmente sus antecedentes familiares:

«Sin embargo, curiosamente, el autoproclamado “Rey Lagarto” también tiene otro reclamo a la fama, aunque ninguno de sus numerosos cronistas considerará que sea de mucha relevancia para su carrera y su posible muerte prematura: él es el hijo, da la casualidad, del almirante de la U. S. Navy George Stephen Morrison, quien luego lideraría el incidente estadounidense del golfo de Tonkin que serviría para acelerar la guerra de Vietnam».

McGowan recuerda a sus lectores:

«Para que conste, el incidente del Golfo de Tonkín parece diferir algo de otras supuestas provocaciones que han llevado a este país a la guerra. Esto no fue, como hemos visto tantas veces antes, una operación de “bandera falsa” (es decir, una operación en la que el Tío Sam se ataca a sí mismo y luego señala con el dedo acusatorio a otra persona). Tampoco se trató, como también hemos visto en más de una ocasión, de un ataque provocado de forma bastante deliberada. No, resulta que lo que en realidad fue el Incidente del Golfo de Tokin es un “ataque” que nunca tuvo lugar. Todo el incidente, como se ha reconocido hasta casi oficialmente, fue inventado enteramente.

… Y así es que, incluso mientras el padre conspira activamente para fabricar un incidente que se utilizará para acelerar masivamente una guerra ilegal, el hijo se está posicionando para convertirse en un icono de la multitud «hippie» pacifista. Supongo que no hay nada inusual en eso. Es ya sabes, un mundo pequeño y tal. Y no es que la historia de Jim Morrison sea única en modo alguno».

El padre de Jim Morrison no era otro que el almirante de la Marina estadounidense George Stephen Morrison, un oficial militar de alto rango que supervisó una de las operaciones psicológicas más notorias del complejo industrial militar. Y, efectivamente, no era un caso aislado de «icono contracultural» relacionado estrechamente con el ejército estadounidense, como veremos.

En referencia a los curiosos antecedentes de los artistas de Laurel Canyon que siempre parecían provenir de familias militares y del establishment de inteligencia, McGowan señala:

«Al comienzo de este viaje, se observó que la historia de Jim Morrison no era de ninguna manera única. Sin embargo, eso no es exactamente cierto. Es muy cierto que los antecedentes familiares de Morrison no diferían significativamente de los de sus pares musicales, pero en muchos otros aspectos significativos, Jim Morrison era de hecho un individuo singular y, muy posiblemente, la estrella de rock más improbable que jamás haya tropezado con un escenario.

Básicamente, Morrison llegó a la escena como una estrella de rock completamente desarrollada, con una banda de acompañamiento, una personalidad en el escenario y una impresionante colección de canciones; de hecho, suficientes para llenar los primeros álbumes de los Doors.

Cómo exactamente se reinventó de una manera tan radical sigue siendo un misterio, ya que antes de su repentina encarnación como cantante y compositor, James Douglas Morrison nunca había mostrado el más mínimo interés por la música. Ninguno en absoluto. Ciertamente nunca estudió música y no sabía leerla ni escribirla. Según él mismo, nunca tuvo mucho interés ni siquiera en escuchar música. Le dijo a un entrevistador que “nunca fue a conciertos, uno o dos como máximo”. Y antes de unirse a los Doors, “nunca canté. Ni siquiera lo concebí”».

De hecho, el propio Morrison declararía a la revista Rolling Stone en 1969: «Supongo que todo ese tiempo estaba inconscientemente acumulando información y escuchando. Así que cuando por fin sucedió, mi subconsciente había preparado todo».

McGowan continúa:

«Así que aquí teníamos a un tipo que nunca había cantado, que “ni siquiera había concebido” la noción de que podía abrir la boca y emitir canto, que no podía tocar un instrumento y no tenía ningún interés en aprender esa habilidad y que nunca había escuchado mucha música ni estado cerca de una banda, ni siquiera para ver una actuación, y sin embargo, de alguna manera emergió, prácticamente de la noche a la mañana, como una estrella de rock completamente formada que rápidamente se convertiría en un ícono de su generación. Aún más extraño, la leyenda sostiene que trajo consigo suficientes canciones originales para llenar los primeros álbumes de los Doors. Verá, Morrison no hizo lo que hacen otros cantantes y compositores que escriben las canciones a lo largo de la carrera de la banda; en cambio, supuestamente escribió todas a la vez, antes de que se formara la banda. Como Jim reconoció una vez en una entrevista, “no era un compositor muy prolífico. La mayoría de las canciones que he escrito las escribí al principio, hace unos tres años”.

De hecho, todas las buenas canciones que se le atribuye haber escrito a Morrison fueron escritas durante ese período, el período durante el cual, según la leyenda del rock, Jim pasaba la mayor parte de su tiempo en la azotea de un edificio de apartamentos en Venice Beach de Los Angeles consumiendo grandes cantidades de LSD. Esto fue justo antes de unirse con Ray Manzarek para formar The Doors. La leyenda también sostiene, por extraño que parezca, que el encuentro casual se produjo en la playa, aunque parece mucho más probable que la pareja se hubiera conocido en UCLA, donde ambos asistieron a la escuela de cine bastante pequeña y muy unida de la universidad».

Dicho esto, McGowan señala que, en realidad, ninguno de los miembros de The Doors tenía experiencia previa:

«No era sólo Morrison quien, en retrospectiva, era un poco raro; toda la banda se diferencia de otras bandas de Laurel Canyon en varios aspectos importantes. Como señaló una vez Vanity Fair, «The Doors siempre fueron diferentes». Los cuatro miembros del grupo, por ejemplo, carecían de experiencia previa en bandas. Morrison y Manzarek, como se señaló, eran estudiantes de cine, y Manzarek reclutó al baterista John Densmore y al guitarrista Robby Kreiger de su clase de Meditación Trascendental, que es, supongo, donde uno va a buscar músicos para completar su banda. Sin embargo, esa clase aparentemente carecía de un bajista, por lo que prescindieron de él, excepto en aquellas ocasiones en las que utilizaron músicos de sesión y luego afirmaron que no los tenían».

Según el productor de la banda, Paul Rothchild:

Los Doors no eran grandes intérpretes en vivo musicalmente. Eran emocionantes teatral y cinéticamente, pero como músicos no lo lograron; había demasiada inconsistencia, había demasiada mala música. Robby estaba terriblemente desafinado con Ray, John se perdía pistas, también había un mal uso del micrófono, donde no se podía escuchar a Jim en absoluto».

¿Pero quién era Paul Rothchild?

Bueno, como nos informa McGowan:

«Otro personaje curioso que se instaló en Laurel Canyon fue el productor Paul Rothchild, quien jugó un papel clave en la configuración del sonido de los grupos The Doors y Love. En junio de 1981, el editor de Sports Illustrated, Philip Howlett, escribió un breve artículo para presentar a los lectores al nuevo escritor Bjarne Rostaing:

Nacido en Lincoln, Nueva York, Rostaing creció en varios lugares de Connecticut, donde asistió a lo que él recuerda como una docena de escuelas. “Obtuve mi licenciatura y mi maestría en inglés en la Universidad de Connecticut —dice—, luego hice parte de un doctorado en la Universidad de Washington antes de ingresar al Cuerpo de Inteligencia del Ejército en 1959. Tuvimos a Paul Rothchild, quien luego se convirtió en productor de los Doors y Janis Joplin, para darle una idea de cómo era la unidad”».

 

McGowan reflexiona sobre uno de esos secretos a voces en el mundo del «entretenimiento»:

«Con toda probabilidad, era como muchas otras unidades de inteligencia diseñadas para entrenar formadores de opinión pública, ya fueran actores, novelistas, periodistas o, en este caso, periodistas deportivos (Rostaing) y productores de música popular (Rothchild). Es bastante impactante, por supuesto, saber que el director de dos de las bandas más influyentes e innovadoras de Laurel Canyon tenía experiencia en trabajo de inteligencia militar. Aparentemente, la búsqueda aún continúa para cualquier persona de alguna importancia en la escena de Laurel Canyon que no tuviera conexiones directas con la comunidad de inteligencia».

 

Notas:

(1) https://www.weforum.org/press/2022/04/from-entrepreneurs-to-scientists-meet-the-2022-class-of-young-global-leaders/

(2) https://www.youtube-nocookie.com/embed/gUHVzcBOS2o?start=28&rel=0&autoplay=0&showinfo=0&enablejsapi=0  (inglés)

(3) https://www.liminalcollective.com/

(4) La relación del director Roman Polanski con el ocultismo y más concretamente el satanismo culminó con el asesinato ritual de su esposa Sharon Tate y está fuera de toda duda. Este asesinato fue un asunto muy turbio que sucedió a pocos kilómetros precisamente de Laurel Canyon; también se puede decir que la pareja Polanski-Tate tenía muchos y fuertes vínculos con la «élite» contracultural de Laurel Canyon, incluidos músicos, actores y artistas en general.

(5) https://www.youtube.com/watch?v=o2GjY8DN-7I (en inglés)

 

                                                                  ………………………………………….. continúa en la parte 2

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