EL GNOSTICISMO (I)

Estudiando la filosofía esotérica en todos sus aspectos, nos encontramos a menudo con alusiones a la gnosis, generalmente en su acepción como término derivado del griego  que significa ‘conocimiento’, o más concretamente citando al gnosticismo como sistema de enseñanzas definido y de realidad histórica contrastada. Muchos autores de relevancia dedicados a la filosofía hermética no sólo lo mencionan, sino que se consideran herederos de dicha línea de pensamiento e incluso han promovido la revitalización del gnosticismo como opción válida para la estructuración y desarrollo del pensamiento hermético.


El gnosticismo es básicamente un conjunto de corrientes filosófico-religiosas que llegaron a mezclarse con el cristianismo naciente en los tres primeros siglos de nuestra era, convirtiéndose finalmente en un pensamiento declarado herético después de una etapa de cierto prestigio entre intelectuales y escuelas de pensamiento de la época.
Aunque se menciona una vertiente gnóstica cristiana y otra pagana (según se incorporen elementos del cristianismo), se ha considerado al gnosticismo como corrupción o aberración del cristianismo ortodoxo  nacido a la sombra de este (sobre todo desde el punto de vista de la iglesia católica), pero parece claro ahora que los primeros retazos de los sistemas gnósticos se pueden ver varios siglos antes de la era cristiana. Diferentes autores defienden el origen del gnosticismo en las religiones orientales de la India, Siria o incluso un mazdeísmo tardío; por otro lado, se ha  relacionado el auge del gnosticismo con la influencia de la filosofía platónica y los misterios griegos. La tendencia y discusión de  los especialistas, a finales del siglo XIX y principios del XX (época de gran revitalización del gnosticismo)  ha ido hacia la búsqueda de pruebas de su origen pre-cristiano.
EL GNOSTICISMO (I)En 1945 fue descubierta una biblioteca de manuscritos gnósticos en Nag Hammadi (Egipto), que ha permitido un conocimiento mejor de sus doctrinas: estos manuscritos comprenden 52 tratados gnósticos, pero también tres obras pertenecientes al Corpus Hermeticum y una traducción parcial  de  La República de Platón (alterada con la introducción de conceptos gnósticos). Se cree que los códices forman parte de una biblioteca oculta por los monjes del cercano monasterio de San Pacomio cuando la posesión de estos escritos fue declarada una herejía. Los códices están escritos en copto, aunque las obras eran probablemente traducciones del griego. Probablemente, la obra más famosa entre estos manuscritos es el Evangelio de Tomás, del cual los códices de Nag Hammadi contienen la única copia completa.

 

Lo cierto es que, después de un análisis imparcial, se puede constatar que en aquella encrucijada histórica de los primeros siglos de nuestra era, el esoterismo de los antiguos misterios (egipcios, orientales, mediorientales, grecorromanos…) pudo asimilar algunos aspectos del cristianismo primitivo, originando una mixtura que desde el punto de vista católico ortodoxo es considerada herejía pero para los gnósticos es una doctrina de renacimiento y desarrollo espiritual basada en la introspección a partir de la comprensión del conocimiento mistérico heredado de la Antigua Tradición.

 

Ante este panorama y teniendo como trasfondo la entonces prolífica y brillante ciudad de  Alejandría, crisol de civilizaciones y culturas (conocimiento, en definitiva), surgió una gran  diversidad de doctrinas y “escuelas gnósticas”, lo cual hace difícil hablar de una línea de pensamiento única dentro del gnosticismo. Algunos aspectos comunes de su pensamiento, no obstante, podrían ser:
Su carácter iniciático, por el cual ciertas doctrinas secretas del Cristo estaban destinadas a ser reveladas a una élite de iniciados. El mismo conocimiento de las verdades trascendentes producía la salvación.
Su carácter dualista, por el cual se hacía una escisión tajante entre la materia y el espíritu. El mal y la perdición estaban ligados a la materia, mientras que lo divino y la salvación pertenecían a lo espiritual. Por esa razón no podía existir salvación alguna en la materia ni en el cuerpo. El ser humano sólo podía acceder a la salvación a través de la pequeña chispa de divinidad que era el espíritu. Sólo a través de la conciencia del propio espíritu, de su carácter divino y de su acceso introspectivo a las verdades trascendentes sobre su propia naturaleza podía éste liberarse y salvarse. Esta experimentación casi empírica de lo divino era la gnosis, una experiencia interna del espíritu. Aquí se puede ver en el platonismo un antecedente claro del gnosticismo, tanto en su dualismo materia-espíritu, como en su forma introspectiva de acceder al conocimiento superior.
Su peculiar cristología: Siendo la materia el anclaje y origen del mal, no es concebible que Jesucristo pudiera ser un ser divino y asociarse a un cuerpo material a la vez, puesto que la materia es contaminadora. Por esa razón surge la doctrina del Cuerpo aparente de Cristo, según la cual la Divinidad no pudo venir en carne sino que vino en espíritu mostrando a los hombres un cuerpo aparentemente material. Otras corrientes sostienen que Jesucristo fue un hombre vulgar que en la época de su ministerio fue levantado, adoptado por una fuerza divina. Otras doctrinas afirman que la verdadera misión de Cristo era transmitir a los espíritus humanos el principio del autoconocimiento que permitía que las almas se salvaran por sí mismas al liberarse de la materia.
Particulares enseñanzas sobre la divinidad. Entre éstas se encontraba la de que todo espíritu era divino, incluyendo la parte espiritual del hombre (el alma), que no necesitaba a nadie para salvarse a sí mismo, siendo Cristo enviado a revelar esa verdad. Por otra parte, el creador/ordenador de la materia (llamado Demiurgo), al multiplicar con su creación la materia, sería un ser malvado y opuesto al verdadero Ser Supremo del cual surgió.
Conclusiones éticas muy divergentes: Siguiendo la idea de la condenación de la materia, algunas corrientes afirmaban que era necesario el castigo y martirización del cuerpo para, a través del padecimiento de la carne, contribuir a la liberación del espíritu, propugnando un modo de vida ascético. Sin embargo, otras corrientes afirmaban que, siendo la salvación dependiente únicamente de la gnosis del alma, el comportamiento del cuerpo era irrelevante, disculpándolo de toda atadura moral y librándolo a toda clase de goces. Otras enseñanzas reprobaban la multiplicación de la materia, siendo así la procreación un acto condenable. También existían corrientes que, al igual que el platonismo y las filosofías orientales, creían en el retorno cíclico de las almas a la prisión de la materia a través de la reencarnación. El iniciado, igualmente, buscaba romper este ciclo a través de la gnosis (a través de la iluminación, en las religiones orientales).
Interpretación alegórica del cristianismo y de las escrituras. Así, se reinterpretan a la luz gnóstica las historias de la creación, simbolismo de Cristo, etc. dándoles significados filosóficos.
Establecimiento de jerarquías espirituales: En la cima de los seres existe un Dios, un ser perfecto e inmanente cuya propia perfección hace que no tenga relación alguna con el resto de seres imperfectos. Es inmutable e inaccesible. Descendiendo en una escala de seres emanados de aquél llegamos al Demiurgo, antítesis y culmen de la degeneración progresiva de los seres espirituales, y origen del mal. En su maldad, el Demiurgo crea el mundo, la materia, encadenando la esencia espiritual de los hombres a la prisión de la carne. En este escenario se libra una batalla entre los principios del bien y el mal, la materia (apariencia) y el espíritu (sustancia). Podemos ver paralelismos claros con el zoroastrismo.

 

La doctrina gnóstica se ha conservado también gracias a los esfuerzos por refutarla de autores como San Ireneo, San Hipólito, San Justino, San Agustín, Tertuliano, Orígenes, Plotino…entre otros. Es de destacar la obra magna de San Ireneo “Contra las herejías” (Adversus haereses), obra en cinco volúmenes escrita hacia el año 180 de nuestra era. Para combatir el gnosticismo Ireneo, entonces obispo de Lyon, recabó información minuciosa acerca del dogma y enseñanzas de numerosas escuelas y corrientes gnósticas, para poder teorizar y restar credibilidad a dichas enseñanzas a partir de las Sagradas Escrituras y los hechos de los Apóstoles. Probablemente lo consiguió, dado que su obra fue ampliamente difundida y el movimiento gnóstico aparentemente perdió fuerza y dejó de ser una amenaza para el catolicismo. Curiosamente, esta obra es uno de los referentes más fieles y exactos que se han tenido de la enseñanza gnóstica hasta los tiempos modernos.

 

Es importante también mencionar que, entre los manuscritos encontrados en Nag Hammabi, aparte del ya citado Evangelio de Tomás se encontraron los llamados Evangelios de la Verdad, de Felipe y otros textos englobados en lo que se denomina Evangelios Apócrifos por no haber obtenido el reconocimiento de las Iglesias tanto católica como cristianas históricas  (iglesias protestantes, comunidad anglicana, iglesia ortodoxa…)

 

 

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