MISTERIO DEL SANTO GRIAL

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MISTERIO DEL SANTO GRIAL

 

 

 

 

 

Podemos definir el grial como un objeto legendario de carácter mágico y espiritual que aparece mencionado por vez primera en ciertas obras de ficción escritas en la Edad Media; en algunas de estas obras se le define también como la copa o cáliz usado por Jesús en la Ultima Cena, lo cual le da una dimensión religiosa ortodoxa que lo cierto es que la iglesia católica jamás ha confirmado. De hecho, el grial no aparece mencionado en ninguna tradición católica, su relación con el cristianismo proviene de las fuentes anteriormente citadas que, en todo caso, son ajenas a la Iglesia.
Ninguno de los textos primitivos que mencionan el grial es anterior al último cuarto del siglo XII y ninguno posterior a la primera mitad del siglo XIII. Es de señalar que se trata del período dorado de la alta caballería, las cruzadas y las órdenes militares como la orden templaria. Hay un cierto resurgimiento de obras que refieren el misterio del grial en los siglos XIV y XV, aunque ya con las formas algo cambiadas, estereotipadas, precisamente tras la desaparición del Temple. Los textos primitivos origen del misterio del grial proceden de las siguientes obras y autores:

-Chretien de Troyes, célebre poeta cortesano francés (1135-1183) autor del Conte du Graal (Cuento del grial, finales del siglo XII), inacabado, es la primera mención escrita del grial, posiblemente basado en leyendas bretonas y tradición celta. Algunos autores añadieron continuaciones a la obra (originalmente inacabada) en los cincuenta años posteriores.
-Robert de Boron, también poeta francés de finales del siglo XII y principios del XIII, autor de las obras José de Arimatea y Merlín (finales del siglo XII). Habla del ciclo artúrico en relación con el grial, dándole por primera vez una dimensión cristiana.
-Wolfram von Eschenbach, noble y poeta alemán (1170-1220) escribió el Parzifal, obra extensa que prácticamente relaciona las anteriores y es más conocida por ser utilizada por Wagner como base de su obra Parsifal.
-Queste del Saint Graal, (Demanda del santo grial), extracto de la extensa obra de varios volúmenes Lancelotte (o también llamado La Vulgata, tratando el ciclo artúrico completo) escrita en Francia presumiblemente en el siglo XIII por un autor desconocido, que relata la historia de la búsqueda del grial por los caballeros de la Tabla Redonda.
-Grand saint graal, historia caballeresca en prosa escrita en Francia en la primera mitad del siglo XIII.
-Perlesvaux, (o el Alto libro del Grial), romance artúrico de autor desconocido escrito en Francia a principios del siglo XIII.

Se podría citar algún texto más de la época, aunque ya son obras menores cuya estructura sería en todo caso similar a estos textos, considerados fundamentales tanto por la descripción del mito griálico como por su relevancia histórico-literaria.
Si atendemos a la etimología de la palabra, se acepta que el origen de “grial” (originalmente “graal”) sería una derivación de la palabra latina “gradalis”, que significa “plato para servir alimento”. Posteriormente se apuntó la opción de la equivalencia entre “santo-grial” y “sangre-real”, (obtenido por derivación fonética), más bien tratando de evocar el sentido cristiano de recipiente donde se vertió la sangre de Cristo.

Se presenta o describe al grial en tres formas fundamentalmente:
-Un objeto inmaterial, de naturaleza indefinida y enigmática.
-Una piedra (piedra celeste, piedra de luz), que puede ser tallada o sin tallar.
-Una copa, vasija o especie de plato, que puede ser de oro o adornado con piedras preciosas.
Normalmente es portado por una mujer. Sus virtudes son:
-Virtud iluminadora, del grial emana una luz sobrenatural.
-Es dador de vida, proporciona a cada uno lo que necesita para nutrirse, parece ser que tanto física como espiritualmente.
-Tiene poderes curativos y regenerativos, también prolonga la vida.
-Aporta firmeza de espíritu y fuerza para el combate.
-Por otro lado, tiene un aspecto temible, destructor. Su presencia puede provocar ceguera, o fulminar, a quien no está “preparado” para su visión o es un “elegido”.

Eschenbach explica que el grial es una piedra celeste traída por un coro de ángeles, precisamente los que se mantuvieron neutrales cuando sucedió la rebelión de Lucifer. Estos cedieron su custodia a una estirpe de caballeros elegidos. En otro texto se apunta que una piedra se desprendió de la corona de Lucifer cuando fue golpeado por el arcángel Miguel, cayó a la tierra y después de algunas vicisitudes fue hallada por Parsifal. Según otros, la piedra caída sería una esmeralda, y fue tallada en forma de copa por un ángel fiel convirtiéndose en el grial, que fue dado a Adán en el paraíso terrenal, hasta que este fue expulsado; el grial acabaría finalmente en poder de su hijo Set.

La obra antes mencionada de Chretien de Troyes es casi con seguridad la más antigua cronológicamente de las que hacen referencia literaria al grial, y está exenta del componente cristianizado que se incorporó posteriormente. En ella, el protagonista es Perceval, un joven galés que vive aislado del mundo con su madre. Perceval demuestra gran fortaleza física pero permanece ignorante del mundo que le rodea a excepción de su solitario terruño. En cierto momento, aparecen unos caballeros que dejan con su altivo porte a Perceval completamente embelesado; a resultas de esto, el joven decide partir a la corte del rey guiado por su vocación secreta, armarse caballero. Su madre, al verlo partir, cae muerta por la pena (aunque él no lo sabrá hasta mucho después). Perceval cumple con su aprendizaje de caballero velozmente, e incluso conoce a Blanchefleur, su amor predestinado. Llegado a este punto, Perceval es invitado a cenar por el Rey Pescador, o Rey tullido, puesto que se encuentra postrado en su lecho, y a mitad de la cena se presenta una misteriosa procesión o cortejo encabezada por un paje que empuña una lanza de la que mana una gota de sangre; detrás, algunos pajes más con antorchas y a continuación una doncella con el grial:

“Una bella y noble doncella,
lujosamente ataviada,
que acompañaba a los pajes,
sostenía un grial entre sus dos manos.
Cuando hubo entrado allí
con el grial que sostenía,
se hizo tal claridad
que desapareció la luz de las candelas
como ocurre con las estrellas
cuando el sol o la luna se levantan.”

 

Perceval, aunque se siente tentado a hacerlo, no pregunta por la utilidad del grial que ha visto, detalle que le perjudica sobremanera ya que al día siguiente se encuentra inexplicablemente en un castillo desierto cuyas puertas se cierran tras él. Una doncella, que resultará ser su prima hermana, le informará en parte del significado de la procesión de la pasada noche y reprochará el error de Perceval al haber permanecido callado. El Rey Pescador, le dice, tullido, paralítico (por un lanzazo en las piernas) e injustamente desposeído de sus tierras, habría recuperado salud y feudo si Perceval hubiese formulado la pregunta sobre el sentido de la procesión y el destino del grial. La novela de Chretien, a continuación, abandona a Perceval para centrarse en las aventuras de otro gran caballero artúrico, Gauvain. Sólo hacia el final se vuelve a ocupar de él: Perceval ha deambulado durante cinco años, cumpliendo duras hazañas. Un Viernes Santo se topa con un ermitaño, que le revela definitivamente la causa verdadera de su desgracia y su mutismo. Le había impedido hablar el hallarse en pecado, por haber causado la muerte de su madre de dolor por el abandono. El ermitaño revela igualmente ser hermano de la muerta, por tanto tío de Perceval, y hermano del padre del Rey Pescador, que era a quien se portaba diariamente alimento en el “grial” desde hacía años. Perceval podrá continuar así, con más claves, su búsqueda del Grial para salvar al Rey Pescador y su país encantado.
El Cuento del Grial quedó inacabado debido a la muerte de Chretien de Troyes, por lo que dejó muchos detalles inexplicados y abiertos a la especulación posterior, como el hecho de que nunca dejó clara en su obra, al referirse al “grial” de su procesión, la dimensión que luego adquiriría dicha reliquia. De hecho, se elaboraron al menos tres continuaciones al relato de manos de otros autores que pretendieron completarlo o aclararlo.

Eschenbach compondría posteriormente (a principios del siglo XIII) su Parzifal en base a la obra de Chretien de Troyes, manteniendo al personaje principal (que ahora es un Parsifal renovado y más complejo) y enriqueciendo y ampliando la narración ostensiblemente. También describe con mayor detalle el grial y le dota de grandes atributos y virtudes.
El componente cristiano introducido para explicar el origen del grial y su entroncamiento con la persona del mismo Jesús es referido por primera vez con la historia de José de Arimatea, de Robert de Boron, que ya habla de un “Santo Grial” con carácter de reliquia venerable: habría sido la copa usada por el mismo Jesús en la Ultima Cena (se dice que también utilizada por José de Arimatea para recoger la sangre del costado del mesías en el Gólgota). Tras estos hechos, este santo grial se pierde temporalmente y es vuelto a entregar por Jesús resucitado a José de Arimatea para su custodia cuando este se encontraba en prisión (encerrado por los judíos), gracias al cual sobrevive allí durante 42 años hasta su liberación. José de Arimatea constituye, por inspiración del espíritu Santo, la mesa del santo grial, en memoria de la mesa de la Ultima Cena, en la cual sólo pueden sentarse los limpios de pecado y en la que se deja un sitio vacante predestinado para un héroe postrero; luego se traslada junto a sus más allegados a occidente (se dice que a Inglaterra) donde comienza con él la estirpe del grial y los hechos subsecuentes. José de Arimatea será el primer Rey Pescador, pieza clave en la leyenda griálica. En la siguiente obra de Robert de Boron, Merlín, se enlazan estos supuestos orígenes cristianos con la leyenda artúrica en sí; se describe la personalidad del mago así como la creación de la Tabla Redonda (a imitación de la mesa de José de Arimatea) en la cual se deja un sitio vacío (el llamado “sitio o asiento peligroso”) mencionado recurrentemente en casi todos los textos; también se habla del origen de Arturo y la reclamación de su derecho al trono mediante la extracción de la espada de la roca, hechos ya de sobra conocidos. En la obra Perlesvaux (o Perceval), a quien se entronca en línea descendente con José de Arimatea, es el mismo Perceval el elegido que concluye el rescate del grial.

El motivo de la introducción y asociación puntual del grial con la leyenda artúrica parece más bien de conveniencia. Independientemente de la realidad histórica del rey Arturo, (que desde luego no es coincidente con la que se narra en las leyendas), la cual se menciona principalmente en la Historia Regum Britanniae (crónica pseudohistórica de los reyes ingleses escrita por el galés Godofredo de Monmouth hacia el año 1130), se utilizó a aquél para designar al rey modélico en el ideal caballeresco, rodeado de atributos simbólicos que enriquecen y completan el mito griálico a la perfección, incluída la ubicación geográfica donde presumiblemente se desarrolla la saga artúrica. Ello hasta tal punto que dicha leyenda debió tener en la Edad Media un significado supranacional, ejemplarizante, que sin duda fomentaba vivamente la ambición de todo caballero por pertenecer a la misteriosa y selecta orden del rey Arturo.

Respecto al asunto del lugar histórico donde se desarrolla la leyenda del grial, este es completamente desconocido, probablemente porque no existe realmente sino que se alude a una localización intuitiva, de carácter espiritual donde partiendo de algunas premisas fundamentales sería factible ubicar mentalmente los hechos. Se trata básicamente de un centro misterioso, del hecho de buscar una prueba y de una conquista espiritual, también de una sucesión o restauración regia que a veces asume el carácter de una acción vivificadora o vengativa. Los héroes protagonistas (los buscadores) son en esencia diferentes nombres para un tipo único, así como las figuras que le acompañan son diversas representaciones para un mismo motivo: el rey Arturo, José de Arimatea, el Rey Pescador…sin olvidar imágenes como el castillo misterioso, la comarca inaccesible, la doncella, la lanza…El fin de todo ello es componer el mito de la búsqueda interior por excelencia tal y como se idealizó en este período medieval, relacionándola con la gesta caballeresca a la que era tan proclive la mentalidad de entonces. No parece ser casual que estas obras surgieran en el apogeo de la orden templaria y de las cruzadas. Así que el lugar sería en esencia simbólico, hasta surrealista y sustancialmente casi onírico.
No obstante, en los textos griálicos hay alusiones a lugares concretos como la Isla Blanca o isla del Esplendor, (que se ha relacionado con Inglaterra por su apelativo de Albión, derivado de blanco), además de “isla solar” o la conocida Avalon, como centros místicos de poder e iniciación; lo cierto es que en la mitología y folclore raíz de muchos pueblos (entre ellos los celtas) es recurrente la existencia de una isla mítica, como la isla de Thule o Hiperbórea, lo cual sería un recurso adscrito al mito para acentuar su trasfondo esotérico. La espada Excalibur había sido fabricada en Avalon, cosa que de por sí ya le otorga su carácter extraordinario, y Avalon es el lugar donde Arturo es llevado malherido tras su última batalla para ser cuidado y sanado, pues se supone que allí habitan mujeres con ese poder. Respecto a la ubicación de Avalon, se ha pretendido que fuera Glastonbury (de paso localizando la tumba de Arturo en la abadía de dicha localidad), y aunque esto podría tener cierto fundamento, ya que Glastonbury presenta signos de ser un epicentro de importancia de la antigua tradición (por ejemplo, se han encontrado restos de lo que podría ser un inmenso templo estelar) también es cierto que la evangelización cristiana se ha apropiado de gran parte del significado del lugar derivándolo a sus intereses, pues fue la cuna de la cristiandad en las islas británicas. En todo caso, parece que estamos ante otra figuración simbolizada por un lugar mítico inexistente geográficamente.

A veces, el castillo del grial es presentado como invisible e imposible de alcanzar; sólo a los elegidos se les permite hallarlo, o por azar o mediante un encantamiento. Una vez alcanzado, el castillo puede desaparecer súbitamente, dejando al héroe en un bosque o una playa desierta. El castillo puede estar circundado por el mar o un impetuoso río. La vía que conduce a él está llena de combates y peligros. Lanzarote, por ejemplo, llega a él atravesando un puente formado por el filo de una espada. Otras veces está defendido por temibles caballeros, o incluso por gigantes.
Otra figura de gran interés es la del Rey Pescador, título enigmático llevado por el Rey del Grial. Así sucede como hemos visto con José de Arimatea, y parece que en un sentido cristiano no ofreciera duda su significado al relacionarlo con la multiplicación de los peces y el alimento inagotable que proporciona el grial. Algunas fuentes célticas hablan también del “pez de la sabiduría”, pez que confiere el conocimiento. Es curioso que este personaje (el Rey Pescador) también sea conocido como el Rey Tullido, o herido, se dice que por una lanza que le atravesó las piernas y le impide moverse. Esta actitud hace que el mismo reino enferme y se convierta en un páramo hasta que alguien recupere el grial, y con él otorgue la salud perdida al Rey Pescador. Algunos autores mencionan también el juego de palabras entre “pescador” y “pecador”, lo cual aportaría una interesante perspectiva. En la obra de Eschenbach se le asocia también con el preste Juan, un rey cristiano que las leyendas sitúan en un misterioso reino en Oriente, de carácter místico y con atributos mágicos; el preste Juan representa el ideal del monarca que encarna la unión del poder material temporal con el espiritual, eterno, lo cual lo hace el depositario idóneo del Santo Grial.
No debemos pasar por alto el significado de la lanza, icono repetido en prácticamente todos los relatos, adquiriendo una especial relevancia en el de Troyes, en el cual como hemos visto abre la procesión del grial en forma de lanza sangrante. Las semblanzas con la lanza de Longinos que atravesó el costado de Jesús crucificado (no hay que olvidar que este hecho proviene de un evangelio apócrifo) son evidentes, adquiriendo una dimensión de culpa y redención por la sangre del mártir bastante clara.

Este simbolismo que indudablemente emerge por todas partes en la leyenda del grial, envolviendo personajes, situaciones, acciones, puede llegar a ser realmente complejo y elaborado, de manera que autores como Julius Evola en su “Misterio del Grial” se han encargado de profundizar encontrando paralelismos con antiguas tradiciones que van desde la mitología céltica o nórdica hasta la hindú o árabe, sin olvidar la mística cristiana o budista. Ello es factible debido a la universalidad de los componentes del mito griálico en tanto es fundamentalmente entendido como búsqueda espiritual que deviene en lucha o pugna interior y exterior, autodominio como prueba vital, corrupción y necesaria regeneración mística y material, aspectos que incluso recuerdan a la alquimia transpersonal.

Los relatos griálicos, a partir del siglo XIII y con contadas excepciones en forma de traducciones, comentarios o recopilaciones de las obras primitivas, pasaron repentinamente al olvido en el terreno literario y artístico, hasta que en el siglo XIX adquieren de nuevo gran relevancia, por un lado con el resurgir de la obra de Eschenbach con su punto culminante en la obra operística del compositor alemán Richard Wagner, y por otro en el mundo anglosajón con la recuperación y revitalización de la leyenda artúrica. Este resurgimiento no ha cesado hasta nuestros días; más bien ha adquirido mayor difusión gracias a recursos extra como el cine, además de que el mito se presenta ya contextualmente liberado de la visión medieval expresando seguramente un nivel alegórico más general y por tanto más asequible.
Como curiosidad, y abandonando el tema anterior que pertenece exclusivamente al ámbito de la leyenda, mencionaré que existen a fecha de hoy decenas de copas, cálices y otras reliquias consideradas como el Santo Grial, o copa utilizada por Jesús en la Ultima Cena; en la gran mayoría de los casos no se aporta ni la más mínima prueba que lo sustente, y lo cierto es que la Iglesia Católica no ha reconocido oficialmente la validez de ninguno de ellos. Sin embargo, algunas tradiciones y leyendas de corte esotérico han situado el Grial en España. Respecto a esto hay dos teorías, apoyadas por pruebas más bien circunstanciales o no lo bastante concluyentes (pero en el fondo las más dignas de tenerse en cuenta) que ubican el Grial en este país. Una de las teorías sugiere la presencia del Grial en la ciudad de León; algunos historiadores avalan esto aportando algunos trabajos y ciertos documentos descubiertos en Egipto que concretamente mencionarían el envío de una copa (procedente del saqueo del Santo Sepulcro de Jerusalén) a la península ibérica hacia el siglo XI, la cual habría acabado en manos de un rey leonés; esta copa, por sus características y datación ha sido relacionada con la de la Ultima Cena. Actualmente se conserva en la basílica de San Isidoro, en la capital leonesa.

La otra teoría es la que dice que el venerado cáliz se conserva en la catedral de la ciudad de Valencia. Cierta tradición explica que la copa usada en la Ultima Cena quedó en propiedad de san Pedro, el cual la llevó a Roma consigo. Desde entonces habría permanecido en poder de los sucesivos papas, encargados de su custodia y a los que sirvió para celebrar la eucaristía. Se dice que el papa Sixto II, en el siglo III, poco antes de su muerte a manos del emperador Valeriano, ordenó a su diácono Lorenzo (san Lorenzo) que se llevara el santo cáliz de Roma. Lorenzo lo envió a través de una persona de su confianza a la ciudad hispana de Huesca (de la que se dice que es su ciudad natal, por tanto tenía allí parientes), donde posteriormente se perdería su pista, en parte debido al avance musulmán. Después de un accidentado periplo por diversos lugares del pirineo oscense terminó en la catedral de Jaca a mediados o finales del siglo XI. De aquí sería llevado al monasterio de san Juan de la Peña, donde estuvo hasta que hacia finales del siglo XIV el rey aragonés Martín el Humano se apropió de él. Después pasaría a manos del rey Alfonso V el Magnánimo, el cual lo entregaría a la catedral de Valencia en 1437 (hecho que está convenientemente documentado).
Todavía pasaría por algunas peripecias el cáliz viajero, pero finalmente regresó a su actual emplazamiento en dicha catedral. Este objeto ha sido estudiado y datado, llegándose a la conclusión de que puede tener visos de autenticidad o al menos situarse en la época de Jesús. Hay quien encuentra significativo el hecho de que algunos papas recientes (Juan Pablo II y Benedicto XVI) han usado este cáliz en la celebración de eucaristías en sus visitas a la ciudad de Valencia, como si eso supusiera una tácita aprobación de la Iglesia oficial a la reliquia.

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