SANTO DOMINGO DE LA CALZADA

 

“Santo Domingo de la Calzada…………..donde cantó la gallina después de asada”

 


Santo Domingo de la Calzada es una población riojana, paso obligatorio del Camino de Santiago tradicional y muy ligada a este desde sus orígenes.
El pueblo en sí se fundó hacia el año 1109, a partir de algunas casas edificadas en torno a la sepultura de Santo Domingo, un ilustre personaje, monje ermitaño y constructor que impulsó el peregrinaje a Santiago en gran medida. El pequeño burgo original de Santo Domingo partió de la hospedería primitiva que el monje construyera, adquirió pronto la categoría de villa y poco a poco ha llegado a ser la próspera y hermosa ciudad que hoy conocemos, monumental y cargada de historia y punto de referencia indispensable del Camino.
Empezaré por la biografía más conocida del santo: Domingo, hijo de labradores nacido en Viloria de Rioja (villa de la provincia de Burgos, también dentro del Camino) en 1019 y muerto en Santo Domingo de la Calzada en 1109. De su juventud se sabe que intentó el ingreso en los monasterios de Valvanera y San Millán (cercanos a su villa de nacimiento) pero no fue admitido en ninguno de ellos, por lo cual se dedicó a practicar vida eremítica en un cercano pero aislado rincón llamado La Ayuela (entonces zona de frondosos bosques).
Hacia 1040 coincide con Gregorio, cardenal y obispo de Ostia, que había sido enviado por el papa Benedicto IX desde Roma como delegado en cuestiones administrativas (recordemos la situación territorial en la península ibérica en el siglo XI) y que una vez aquí, según se cuenta, combatió una terrible plaga de langosta que asolaba las regiones de Navarra y La Rioja: puede que a raíz de este hecho es cuando adquiriera la especial veneración que se le profesa en estas tierras a partir de entonces. El encuentro de Domingo con Gregorio fue decisivo y afortunado, sobre todo para el primero que se convirtió en el discípulo predilecto de san Gregorio y del que nunca se separaría hasta la muerte de éste en 1044: se dice que juntos colaboraron activamente en apreciables mejoras del Camino. El mismo Gregorio ordenó sacerdote a Domingo, y antes de 1044 terminarían la construcción de un necesario puente de madera sobre el río Oja para facilitar el tránsito de los peregrinos.

 

Aquí tengo que hacer un inciso para contar algunos detalles interesantísimos de la biografía de san Gregorio Ostiense, hombre de origen incierto pero siempre descrito como de gran sabiduría y virtud, que ascendió rápidamente en la jerarquía eclesiástica de la mano de algunos papas de la época. Este santo, que como hemos visto vino a la península en los últimos años de su vida con una misión determinada y que marcó el rumbo de la vida de santo Domingo instruyéndole eficazmente, dejó a su vez una huella impresionante en la tradición popular. No sólo es venerado en las tierras de Navarra y La Rioja con especial cariño, recordándosele por sus virtudes y actos piadosos como el ya citado episodio de las langostas, sino que se le considera milagrero. Es digno de mención el hecho de que se conserva su cráneo (recubierto de plata) en la basílica que se edificó en torno a su sepulcro (está en Sorlada, Navarra) y se usa tradicionalmente como protector de cosechas, paseándolo por los campos adyacentes.

 

Volviendo a santo Domingo, tras la muerte de su mentor volvió a La Ayuela donde continuó una ardua labor de colonización y edificación en favor de los peregrinos del Camino de Santiago. A partir de entonces y hasta su anciana muerte realizaría obras de diversa magnitud, destacando la hospedería de peregrinos que él mismo atendía (y que originaría el pueblo con su nombre) y la ruta entre Nájera y Redecilla del Camino que desviaría el Camino jacobeo orientándolo hacia Burgos capital y daría a su constructor el apelativo “de la Calzada”.
Una leyenda a propósito del afán constructor de santo Domingo cuenta que en cierta ocasión, necesitado de madera para edificar, solicitó de los aldeanos permiso para obtenerla de cierto bosque de encinas y robles. Estos en un principio le negaron el permiso debido al aprecio que tenían por  dicho bosque, a lo que santo Domingo respondió proponiéndoles que sólo se llevaría los árboles que pudiera cortar con una simple hoz para segar trigo que poseía. Con esta proposición consiguió el permiso, pero cuál no sería la sorpresa de los rústicos cuando vieron que santo Domingo había asolado el bosque en un día y sólo con ayuda de la sencilla hoz, la cual demostró tener el poder de talar cualquier árbol por grueso que fuera. Se dice que es por esto por lo que el símbolo de la hoz se incorporó al escudo de la ciudad de Santo Domingo de la Calzada, como aún se puede comprobar.

 

Lo cierto es que los reyes cristianos contemporáneos apreciaron la labor de santo Domingo, sobre todo por su utilidad colonizadora y sumamente beneficiosa para la reconquista de territorios hispanos, y le instaron a continuar con su labor. Ya hacia 1090 el rey Alfonso VI que bajaba victorioso desde el norte con sus ejércitos se entrevistó personalmente con él  animándole a continuar y dándole potestad sobre toda la zona de Santo Domingo de la Calzada y alrededores con el fin de mejorar el Camino jacobeo; Alfonso el Batallador, rey de Aragón (y brevemente de Castilla por su matrimonio con doña Urraca), tomó bajo su protección todo lo perteneciente a santo Domingo de la Calzada y le añadió bienes territoriales; y Alfonso VII le hizo objeto de atenciones especiales concediendo franquicias y donaciones a los habitantes del burgo de santo Domingo.
La obra de santo Domingo de la Calzada fue continuada sobre todo por su principal discípulo Juan de Ortega (posteriormente elevado a santo también) y por los abades de Santo Domingo, aunque con su muerte no cesó la fama de sus buenas obras sino que se multiplicó ya que a partir de entonces comenzaría a gestarse su aureola de milagros. Según la historia, o la leyenda, peregrinos de toda Europa se vieron favorecidos con milagros prodigiosos ante la tumba del santo, que van desde sanaciones imposibles hasta expulsión de demonios y curación de maleficios, pasando por la historia que dice que el mismo niño Jesús quiso ser cogido en brazos por santo Domingo para atravesar el río Oja, a modo del san Cristóbal tradicional.

 

Pero es el llamado “milagro del gallo y la gallina” el más conocido sin duda de los atribuidos a santo Domingo de la Calzada. La leyenda dice así:
“Viajaba un matrimonio con su hijo desde Alemania en peregrinaje a Santiago de Compostela cuando hicieron alto en Santo Domingo de la Calzada, alojándose en un mesón de la localidad. Una moza que atendía el negocio quedó prendada del muchacho y se lo hizo saber, pero el joven se negó en redondo al cortejo y ella, humillada y rencorosa, escondió una copa de plata en el zurrón del joven peregrino, con objeto de acusarle de su robo nada más que partiera de nuevo al camino. Así sucedió, las autoridades de la ciudad prendieron al muchacho, encontraron la copa entre sus pertenencias y fue inmediatamente ahorcado por el delito.
Los padres, pese a la tristeza, deciden continuar su camino a Santiago, pero antes de proseguir y ante el cuerpo ahorcado de su hijo escuchan la voz de este que les dice que está aún vivo por la gracia de Santo Domingo, el cual le está milagrosamente sosteniendo por los pies. Se dirigen inmediatamente al corregidor de la villa para comunicarle el extraordinario suceso; este, que se encuentra frente a un plato con un gallo y una gallina asados, se burla de ellos contestándoles irónicamente que su hijo “está tan vivo como las dos aves del plato”. Al momento, el gallo y la gallina saltan del plato, se cubren de plumas y comienzan a revolotear, probando así definitivamente la inocencia del peregrino ajusticiado.”
Hay que puntualizar que este milagro (la parte que se refiere al inocente ahorcado y salvado milagrosamente) está recogido documentalmente, localizado en varios puntos del Camino y no sólo en España sino en diversos países europeos, aunque con algunas variaciones y en el resto de los casos  por obra de Santiago apóstol o incluso la Virgen María. Con la añadidura del gallo y la gallina ya se atribuye inequívocamente a santo Domingo de la Calzada; de hecho se ha convertido con el paso del tiempo en un distintivo propio y  emblemático. En recuerdo del milagro se abrió en el brazo derecho del crucero de la catedral de Santo Domingo de la Calzada una hornacina labrada en estilo gótico tardío cubierta con una reja que recibe el nombre de “Gallinero”. En él se hallan una pareja de gallo y gallina blancos que son sustituidos cada cierto tiempo. Se comprenderá que tanto las plumas de los animales como su canto antes de la partida son signos de muy buen augurio para el peregrino.
Bendito sea santo Domingo, sin duda adepto y maestro del arte, digno de admiración.

 

 

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