AMULETOS Y TALISMANES (parte I)

AMULETOS Y TALISMANES (parte I)Los amuletos y los talismanes son instrumentos utilizados por el hombre desde la más remota antigüedad con el fin de provocar o neutralizar efectos extraordinarios en su entorno particular.

 

 

No se conoce su origen exacto, pero según la anterior definición genérica se entiende que existen desde que el ser humano toma consciencia de su propia individualidad y  desarrollo vital; es entonces cuando siente la necesidad de protegerse ante circunstancias que de alguna forma le superan, o de expresar  la afirmación de voluntad hacia sucesos o acontecimientos extraordinarios que desea para sí. Básicamente, esta sería la primera impresión de la función de un amuleto o un talismán (en realidad no son lo mismo, pero parten del mismo principio de funcionamiento) aunque voy a precisar y definir estos términos de la mejor manera posible.
Las significaciones de amuleto y talismán, en el sentido de que intentan aprehender fuerzas invisibles o difícilmente mensurables, se han asociado usualmente a la magia y, por extensión, a la superstición, pero es muy cierto que han proliferado en todas las culturas y civilizaciones y en todas las épocas, lo cual puede inducirnos a pensar que su uso ha podido tener un cierto efecto positivo en determinados casos, ya que de lo contrario se habrían desechado por inútiles. No cabe duda de que se utilizaron ampliamente en el pasado y conforme el hombre ha ido adquiriendo poder sobre el medio que le rodea (la naturaleza, los elementos) su uso debería haber ido decayendo (al menos su uso coherente y tradicional), con lo cual se ha acentuado la impresión de que son artilugios producto de la superstición de mentes retrógradas.

 

¿Pero es así, en verdad?. Porque si miramos a nuestro alrededor veremos que estos artículos no sólo no han pasado de moda, sino que siguen teniendo una gran aceptación y hoy en día forman parte de un comercio indiscriminado donde tanto importa el sentido mágico o simbólico del objeto como su valor ornamental. La razón de que esto sea así en nuestro mundo actual es que evidentemente nuestros problemas e inquietudes espirituales continúan (si es que no se acentúan) e inconscientemente buscamos soluciones en estos objetos a los que se les atribuye desde siempre el poder de controlar de alguna manera las mismas fuerzas espirituales que parecen estar fuera de nuestro alcance.
Así que no podemos negar la importancia y actualidad de los amuletos y talismanes, aunque lo más inteligente sería comprender lo mejor posible su funcionamiento y evaluar su utilidad. Evidentemente todo ello en el campo del ocultismo y a partir de la base de la magia práctica, puesto que es el terreno donde se debe ubicar el estudio de estos objetos, ya que su uso experto implica un cierto manejo de las fuerzas invisibles de la naturaleza.
A partir de aquí continuaremos definiendo los términos “amuleto” y talismán” por separado.

 

AMULETOS
El origen etimológico más comúnmente aceptado de la palabra “amuleto” es que proviene de la voz latina “amuletum”, mencionada por primera vez por el escritor romano Plinio el Viejo en su obra Historia Natural (siglo I d.c.). Aquí ya se le otorga el significado de “objeto protector personal”, y Plinio la relaciona con objetos como los gladiolos, la hiel de un perro negro macho, las antenas de los escarabajos, los granos de cereal, objetos a los cuales  los antiguos romanos atribuían poderes protectores en determinadas condiciones. Se ha apuntado también el origen de la palabra amuleto en el verbo latino “amoliri”, cuyo significado es “eliminar, ahuyentar”, atribuyéndose su primer uso al autor romano Verron, hacia la misma época de la obra de Plinio pero de una manera algo más difusa e inconsistente.
Por tanto, podemos establecer que un amuleto es un objeto usado con el fin de proteger a la persona contra eventos negativos impredecibles, ataques de carácter psicosomático provocados  o contra la mala fortuna en general. Estrictamente hablando serían objetos que poseen un funcionamiento estático, es decir, exclusivamente de protección o defensa, con una carga de energía particular atribuible a su naturaleza intrínseca (composición, forma, color, aspecto) o a la otorgada por circunstancias o sucesos extraordinarios. Los primeros amuletos fueron objetos naturales (piedras, cristales, gemas, tallas de madera) apreciados por sus formas o rarezas y a los que se fueron asociando de una manera más o menos aleatoria poderes protectores determinados (la pata de conejo protege de la mala suerte en general, la herradura protege el hogar). Por otro lado, el hecho de que un objeto haya estado en poder de alguien determinado o formado parte de un suceso extraordinario también parece conferirle una carga energética adecuada para su finalidad.

 

Es importante señalar que un amuleto debería “hacer su trabajo” independientemente de las creencias o fe de su poseedor, y que debería estar siempre cerca de éste. Sin embargo, el objeto en algún momento debe haber sido “cargado” con la idea de destinarlo al fin protector (al cual se dedicará ya exclusivamente), lo que implica un acto de voluntad que desde el punto de vista esotérico resulta definitorio. Realmente lo que puede hacer funcionar al amuleto es la “idea” o “voluntad” que se ha expresado sobre él, y sobre todo en el caso de objetos a los que tradicionalmente se ha asociado un significado o poder mágico. Estos últimos son los amuletos naturales tradicionalmente conocidos; no obstante, una carga de energía orientada y moldeada por una idea y potenciada por la voluntad en teoría podría dar un determinado sentido y poder a un objeto inanimado de cualquier clase, y esta es la base oculta del funcionamiento de un amuleto.

 

A pesar de que existen objetos concretos con un significado y uso habitual como amuletos desde muy antiguo, cualquier cosa podría servir como tal, incluso una frase (como el “Vade retro”, fórmula protectora contra Satanás y autorizada por la misma iglesia Católica), un gesto, un texto escrito, o una imagen religiosa (san Cristóbal y los conductores). Respecto a esto hay que decir que las religiones mayoritarias tradicionales siempre han mantenido una cierta distancia hacia los amuletos, pero en la práctica y salvo en casos muy radicales tanto los cristianos (con los ejemplos antes citados) como los musulmanes (uso de frases del Corán, la jamsa o Mano de Fátima) y los judíos (más profusamente, ya que esto compensa la proscripción de ídolos) hacen uso de estos instrumentos de protección con cierta permisividad por parte de las autoridades religiosas.

 

 

AMULETOS Y TALISMANES Como ejemplo de amuletos tradicionales podemos citar:
-Los basados en los símbolos solares y lunares, de gran antigüedad; ya usados por los egipcios y después por romanos, fenicios y otros pueblos como protector contra enfermedades sobre todo para mujeres y niños, generalmente en forma de media luna y confeccionados con diversos materiales.
-Los basados en otros símbolos como las estrellas, corazones, esvásticas y derivados como espirales, cruces de todo tipo y otras figuras, como por ejemplo la amplia variedad de los amuletos celtas (trisqueles y otras figuras).
-Los basados en  animales como serpientes o ciertos pájaros y también plantas o árboles, o partes determinadas de ellos.
-Determinados objetos que pertenecieron a seres considerados extraordinarios por algún motivo (fuerza, inteligencia) o adscritos a lugares de poder o significativos.
-Minerales, gemas y otros materiales naturales con atribuciones específicas.
-Conchas, caracolas y objetos similares como cáscaras o caparazones.
-Objetos con representaciones de símbolos esotéricos, como el pentagrama, simbología astrológica, numerológica, etc…
-Objetos diversos elaborados tradicionalmente por determinadas etnias o tribus, como los atrapasueños de los indos americanos y otros protectores chamánicos.

 

 

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