LEYENDA DE EUNATE Y OLCOZ: LOS PORTICOS GEMELOS

Uno de los enclaves más atractivos del Camino de Santiago es sin duda la iglesia de Santa María de Eunate. De construcción románica fechada en el siglo XII, se ubica cerca del pueblo navarro de Muruzábal, en un estratégico punto en el cual confluyen el Camino francés de Roncesvalles y el aragonés proveniente de Somport. Rodeada por campos de girasoles, casi todos los peregrinos que por allí pasamos nos hemos sentido profundamente impresionados ante esta maravillosa edificación, única, elegante y de porte tan misterioso como su mismo origen.


Son muchos los enigmas que encierra esta iglesia, y no menos las asociaciones esotéricas que se han hecho a propósito de ella; desde su mismo enclave seguramente nada aleatorio, sus implicaciones astrológicas y astronómicas, su indefinido uso y finalidad, su origen hasta la fecha incierto e inexplicado satisfactoriamente… lo cierto es que es uno de los monumentos del Camino que más interés y devoción ha suscitado siempre.
Aunque siempre se ha atribuido tácitamente su construcción a la Orden del Temple (y a esto contribuyen en gran medida las leyendas que la rodean), la ciencia académica aduce que no hay ninguna prueba documental que apoye esta teoría. No obstante, el primer documento mencionando a Eunate data de 1520 (casi cuatro siglos después de su construcción), y ya sabemos lo que sucedió con los bienes templarios una vez que se deshizo la Orden y cómo se repartieron entre las órdenes contemporáneas. Por lo tanto, el hecho de que no existan documentos que certifiquen el origen templario no debe resultar extraño en modo alguno.
No voy a entrar a analizar la iglesia de Santa María de Eunate, lo cual requeriría al menos un capítulo aparte, sino que quisiera transcribir una de las leyendas que circulan a propósito del edificio (en este caso una parte del mismo).
Orientado hacia su cara nordeste, Eunate presenta un pórtico románico algo afectado por el paso del tiempo pero que aún deja entrever una hermosa factura y una iconografía pétrea cargada de simbolismo. Es una elegante portada formada por cuatro columnas con capiteles que sostienen una cornisa sobre la que reposan nueve arquivoltas y el arco de la puerta. Tanto en los capiteles como en las arquivoltas podemos ver tallas de elementos vegetales y animales, cabezas, rostros demoníacos de aspecto terrorífico y otros seres de diversa índole cuyo sólo estudio bastaría para escribir un libro.
Se da la circunstancia de que existe una portada similar en el cercano pueblo de Olcoz (a unos diez kilómetros), adosada a su iglesia parroquial. Tan similar, que los únicos detalles que las distinguen son el mejor estado de conservación de la de Olcoz (se ignora el porqué, es como si hubiera estado bajo resguardo), la disposición absolutamente simétrica entre ambas portadas (como enfrentándose en un espejo), y algunos elementos menores discordantes en las tallas los cuales de no existir estaríamos hablando de dos portadas simétricas perfectamente idénticas. Este hecho llamativo y  verdaderamente insólito no tiene precedentes conocidos, y es sin duda algo más que un plagio de estilo o una copia directa.
Juan Ramón Corpas Mauleón, uno de los primeros en publicar estos hechos, apuntaba también el dato de la existencia de una tercera portada con casi idénticas figuras y distribución, ubicada en la aldea de Bains (Puy-en-Velay, Francia), lo cual no encuentro bien confirmado y me limito a exponer como curiosidad.
Volviendo a nuestros pórticos gemelos, existe una leyenda tradicional a propósito de su origen que parece haber estado latente en la memoria popular desde siempre pero que no fue recogida hasta el último cuarto del siglo XX por autores como Rafael Alarcón Herrera, el cual hace un excelente estudio pionero al respecto de todo lo concerniente a las portadas en sus libros  “A la sombra de los templarios” y “La otra España del temple”.

 

Cuenta la leyenda que había comenzado la Orden del Temple la construcción de Eunate, encargando el trabajo a un maestro cantero tenido por uno de los más expertos de su tiempo en el oficio. Llevaba este ya muy adelantado su trabajo cuando, sin haber hecho todavía la puerta principal, se tuvo que ausentar dejando inconclusa su tarea.
Su ausencia se prolongaba y los freires templarios, en vista de su tardanza y decididos a rematar la obra, recurrieron a un viejo cantero local, que según se cuenta era un auténtico jentilak (ser de la mitología vasca de portentosas facultades y fuerza sobrehumana), quien finalizó la tarea con perfección y celeridad en tres días.
Cuando regresó el primer constructor y al ver su obra rematada por otro,  se quejó airadamente por la intrusión al comendador templario. Este comendador o abad, adusto guerrero y templario viejo, recriminó su soberbia y le emplazó a realizar otro nuevo pórtico en las mismas condiciones y con igual rapidez. El maestro cantero, viéndose en un brete que él mismo había provocado, se dio cuenta de lo irrealizable de la empresa y vagó desesperado buscando una solución para salvaguardar su honor y orgullo herido, hasta que encontró a una joven bruja que moraba en las fuentes del cercano río Nekeas. Ésta le brindó su ayuda, diciéndole:
“Debes esperar a la noche de San Juan. Acudirá a bañarse en el río una gran serpiente, pues lo hace ritualmente en tal fecha. Antes de zambullirse depositará en la orilla con sumo cuidado una piedra lunar que siempre guarda en su boca. Has de recoger esta piedra e introducirla en una copa de oro llena de agua del río. Presto alcanza el portal de Eunate frente al que habrás colocado y dispuesto una nueva piedra sin tallar. Al salir la luna, cuando la invoques, su luz reflejada en el agua del cáliz obrará el prodigio, ayudándote a reproducir los caracteres de la piedra a imitar en tu nueva obra. Pero no debes agitar el agua y has de devolver la piedra que cogiste”.
El maestro de obras cumplió fielmente las recomendaciones que había recibido. Y tal y como había anunciado la hechicera, a la luz de la luna reflejada en el agua, con una mínima ayuda de sus herramientas y mágicamente construyó un nuevo pórtico similar en todos los detalles al ya existente, aunque invertido, como si fuera su reflejo. Sólo aparecieron unas pequeñas diferencias debidas al temblor del agua en la copa como consecuencia de la emoción y los nervios del momento.
Al día siguiente el trabajo estaba terminado,  y cuando al pasar por allí el cantero local vio la réplica, sintiose engañado por la copia, y encolerizado arrancó la puerta y le atizó tal patada que la mandó por los aires hasta Olcoz, donde ha permanecido hasta nuestros días.
Se dice, como colofón, que el cantero templario, abrumado por la culpa, decidió confesar el acto y su asociación con la bruja. Es por ello que el abad del Temple decidió incluir en el pórtico de Olcoz un crismón tallado en el centro y bajo los arcos, a modo de talismán para neutralizar los efectos mágicos de la brujería; este crismón, que incluye una tau, se puede admirar hoy en día efectivamente en el pórtico de Olcoz, aunque no así en el de Eunate.

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