RICHARD WILHELM “I CHING, el Libro de las Mutaciones”

IChing_WilhelmI CHING
El Libro de las Mutaciones
-Richard Wilhelm-

 

 

 

 


Este libro es probablemente la traducción más erudita y fiable que se  ha hecho nunca del I Ching, o Libro de las Mutaciones, a una lengua occidental. El I Ching, considerado  el libro más antiguo que se conserva, fue redactado y completado a lo largo del tiempo originalmente en su lengua vernácula, el chino. La particular complejidad del chino tradicional respecto de los idiomas europeos junto con la propia naturaleza del texto del I Ching añaden un extraordinario mérito a la obra de Richard Wilhelm.

 
El Libro de las Mutaciones original básicamente se compone, por una parte, de un texto práctico que se puede usar como método adivinatorio o para la contemplación y meditación; el contenido de esta parte consiste en una simbología determinada, los hexagramas, que a su vez proceden de la combinación de otros símbolos o caracteres menores. A esto se añade una descripción arquetípica de dichos símbolos, ya que se pueden considerar como patrones esenciales relacionados con fenómenos de la Naturaleza y la vida.  La otra parte del Libro, mucho más extensa, incluye el desarrollo teórico de la parte oracular con explicaciones, comentarios y anotaciones que conforman un texto sapiencial de contenido moral y filosófico en base a la espiritualidad entendida a través de la visión oriental.
Estas dos partes son complementarias hasta el punto que no se entendería la una sin la otra, y la lectura, aplicación e interpretación del I Ching en su totalidad es ilimitada y universal, basada en la lógica matemática pero sólo bien entendible mediante la intuición. Por otro lado, no cabe duda de que se trata también de un libro poético, con la dificultad que esto supone a la hora de enfocar cualquier traducción. La versión de Wilhelm destila esta cualidad poética e incita a las asociaciones universales.

 
Hablemos del autor: Richard Wilhelm, nacido en Stuttgart (Alemania) en mayo de 1873, fue un hombre de sincera naturaleza espiritual, desde muy joven admirador de Goethe. Orientó sus estudios a la teología, y en 1895 sería ordenado pastor protestante. Estuvo a cargo de una parroquia local hasta que su espíritu aventurero e  idealista le llevó a unirse al grupo de misioneros alemanes que operaba en Tsingtao, ciudad portuaria situada al noreste de China y por aquel entonces colonia alemana. Wilhelm llegaría allí en 1899.

 
Prácticamente desde que iniciara su estancia en China, Wilhelm comenzó a estudiar el idioma nativo del país; hacia 1905 comenzaría su primera traducción de un libro chino al idioma alemán. A la vez sentía gran atracción por la cultura china y en particular por los textos religiosos. Fue profundamente influenciado por la visión espiritual china, de tal manera que habiendo ido en calidad de misionero a propagar su propia religión se podría decir que fue el quien fue absorbido y convertido a la religiosidad local. Probablemente entonces ya era consciente del papel que debía asumir como puente o enlace entre la cultura oriental y la occidental.

 
En 1911 tendría lugar la Primera Revolución china, la rebelión contra la última dinastía que llevó al establecimiento de la República China. Este acontecimiento provocó la huída de muchos ciudadanos chinos a los asentamientos o colonias occidentales, los cuales proliferaban por aquel entonces en diversos puntos de China como el mencionado alemán en la ciudad de Tsingtao. Quiso el destino que un maestro chino de la vieja escuela llamado Lao Nai Hsuan llegara de esta manera y fuera conocido por Richard Wilhelm; este le llegaría a respetar y tratar como su maestro personal. Las credenciales de Lao Nai Hsuan eran importantes: era un erudito maestro chino tanto cultural como espiritualmente, buen conocedor de la tradición, el yoga y la psicología taoísta y experto en el I Ching. Parece ser que incluso estaba emparentado por lazos de sangre familiares con el mismo Confucio. Lao Nai Hsuan, además de ser uno de los últimos maestros versados en el saber antiguo y tradicional chino, era un defensor de la apertura de la cultura china hacia el exterior y creía que se debía acabar con el aislamiento de China en ese aspecto. Así pues, en 1913 maestro y discípulo comenzarían el monumental trabajo de traducción del I Ching al alemán. Paralelamente Lao Nai Hsuan crearía una nueva edición china del Libro de los Cambios.

 
El maestro chino moriría en 1921, y Wilhelm continuó la labor hasta que en 1923 el trabajo estuvo acabado. Al año siguiente volvió a Alemania, donde se dedicó a promover la cultura china a través de la enseñanza hasta su muerte en marzo de 1930. Al principio le fue difícil encontrar aceptación en una Europa en la que por aquel entonces predominaban el nacionalismo y el chauvinismo,  pero obtuvo cierto éxito sobre todo gracias al apoyo del que llegaría a ser gran amigo suyo, el psicólogo Carl G. Jung. Finalmente, las traducciones de Wilhelm fueron editadas y captarían la atención de otros ilustres de la época como Hermann Hesse.

 
Jung reconoció rápidamente la importancia de la tarea de Wilhelm, haciéndose asimismo admirador incondicional del I Ching. También escribió profusamente acerca de este libro y sobre la personalidad y biografía de Richard Wilhelm. Es muy notable el prólogo que realizó a la edición del I Ching de Wilhelm de 1948. El autor Eugene Pascal, en su libro “Jung para la vida cotidiana” y en un apartado que dedica a la sincronicidad junguiana, relata una anécdota que al parecer le sucedió a Richard Wilhelm y relató éste a su vez a Jung, el cual gustaba a menudo de evocar:

 
“Richard Wilhelm estaba pasando un tiempo en un pequeño pueblo provinciano de China, que agonizaba de hambre debido a una larga sequía. La gente sufría tremendamente y hacía constantes oraciones y rituales sin ninguna consecuencia positiva. La única cosa que quedaba por hacer era que los mayores fueran en busca de un famoso “hacedor de lluvia” que vivía en otra provincia. Wilhelm nunca había oído hablar de una profesión de esta índole y estaba impaciente por ver qué sucedería. Algunos días más tarde, el “hacedor de lluvia” llegó en un carruaje tirado por caballos. Era un viejecito, bajito y arrugado, de apariencia bastante ordinaria. Wilhelm le oyó preguntar por una cabaña privada apartada del pueblo donde pudiera permanecer sin que nadie le estorbara. Después pidió el suficiente alimento para, por lo menos, unos tres o cuatro días. En la mañana del cuarto día, los habitantes del pueblo se despertaron con un fuerte chaparrón de lluvia, al que siguió una débil nevada, un fenómeno totalmente anormal para aquel período del año.
Wilhelm estaba positivamente desconcertado y corrió a hablar con el viejo “hacedor de lluvia”, quien había salido de la cabaña y se estaba preparando para su viaje de vuelta a su provincia.
-¿Hizo usted llover?- le preguntó Wilhelm. El viejo caballero negó que él lo hubiese hecho. Wilhelm insistió en que había habido una terrible sequía hasta que el hombre llegó, después de lo cual empezó a llover e incluso a nevar. El viejo explicó entonces que en la región de donde él venía todo era como debía ser: llueve en el momento apropiado y hace sol cuando es necesario, ya que la gente que vive allí está en armonía con ellos mismos. Pero remarcó que eso no era lo que había encontrado en el pueblo que ahora visitaba. La gente estaba lejos de la armonía con el Tao  (conexión divina) e incluso fuera de sintonía con ellos mismos. Aseguró que, apenas llegar, fue inmediatamente contaminado con la baja conciencia de los habitantes del  pueblo que le habían traído de modo que se vio absolutamente forzado a permanecer solo por completo hasta que la armonía entre él y el Tao fuese restablecida. ¡Entonces naturalmente tenía que llover!”

 

Como se ha indicado, la primera edición del I Ching de Richard Wilhelm, en alemán,  se publicó en 1923. A esta le seguiría otra en 1948, también en alemán; en 1949 aparecería la traducción del alemán al inglés y en 1950 al idioma italiano. El libro que tratamos aquí es la traducción al español de 1977 de la obra original de Wilhelm en alemán.

 
Este libro está estructurado en tres partes principales, precedidas de un pequeño prefacio donde Richard Wilhelm relata a grandes rasgos el proceso de elaboración de la traducción, y una introducción también a cargo del propio Wilhelm donde alecciona al lector en la mecánica básica del I Ching tradicional. La edición de 1948 también incluye el interesante prólogo de Jung donde, entre otras cosas, menciona el concepto de sincronicidad y lo relaciona con el método acausal del oráculo del I  Ching.

 
La primera parte, o libro primero, consiste en la relación de los 64 hexagramas detallando la composición de cada uno, el dictamen que le asignara el rey Wen para otorgarle sentido y significación y una descripción de la imagen, el símbolo. Además finaliza el apartado dedicado a cada hexagrama con una explicación de las líneas que lo componen. En esta primera parte se proporciona el texto esencial del Libro de las Mutaciones.
La segunda parte, o libro segundo, se compone de los comentarios atribuídos a Confucio y denominados “las Diez Alas”. Estos comentarios tratan de ofrecer una explicación comprensible y detallada de la información teórica del libro primero. Ayudan a establecer un nexo entre la simbología y el contenido asociado a la misma, que tradicionalmente se ha relacionado intuitivamente. La explicaciones son sumamente minuciosas y dotan de un contexto inteligible al espíritu que envuelve el cuerpo esencial del I Ching, lo que hace que estos comentarios sean de gran utilidad. En general tratan acerca de los trigramas, los ordenamientos lineales, su composición y secuencia, definiciones de los signos para su mejor aprehensión mental, explicaciones relativas a los dictámenes y juicios y comentarios a las imágenes. También incluye esta parte una breve exposición práctica  de la mecánica del oráculo, tanto si se utilizan los tallos de milenrama como si se usan las tres monedas.
Las Diez Alas también incluyen comentarios a los signos similares a los dictámenes del rey Wen, los cuales se recogen hexagrama por hexagrama en la tercera parte del libro. Se trata de unos comentarios anexos que completan, o más bien amplían y desarrollan, la información acerca de los hexagramas contenida en la primera parte del libro.

 
Wilhelm atribuye las Diez Alas a Confucio, aunque en ocasiones reconoce que cabe la posibilidad de que ciertos pasajes puedan haber sido compuestos por discípulos de escuelas confucianistas. De hecho, y a la luz de descubrimientos posteriores a la época de Richard Wilhelm, se puede demostrar que al menos un libro de los que componen las Diez Alas era ya conocido antes de la época de Confucio, e incluso actualmente se supone que el resto de los textos son de elaboración bastante posterior a la época de Confucio, aunque en general respetan y mantienen la línea de pensamiento confucianista.

 
El I Ching de Wilhelm es a día de hoy un libro muy difundido con traducciones directas del alemán al inglés, francés e italiano, además de al español; sigue siendo atemporal y absolutamente fiable, recomendable para introducirse eficazmente en el mundo del I Ching más tradicional y arcaico y para comprender y analizar nuestra propia existencia desde un prisma distinto, sorprendente y gratamente estimulante.

 

 

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