SUFISMO (primera parte)

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SUFISMO (primera parte)

 

 

 

 

 

Se conoce como sufismo a una corriente de pensamiento y filosofía de vida de carácter esencialmente místico y espiritual desarrollada tradicionalmente en el seno del Islam;  generalmente se acepta que el sufismo surgió hacia el siglo VIII, aunque con ciertos matices como podremos ver a lo largo de este artículo, continuando su práctica en la actualidad con bastante difusión en todo el mundo.
Esta sería una definición primaria muy incompleta, ya que una mayor profundización en el estudio del sufismo y sus practicantes, los sufís, descubre no sólo una doctrina particular o sistema de creencias sino una forma de vida basada en una visión de la relación del hombre con Dios que implica aspectos  filosóficos y morales complejos que parecen trascender la ortodoxia religiosa situándose en un nivel más ascético y espiritual que mundano. Se podría decir tras un ulterior análisis que la esencia del pensamiento sufí emana sutilmente de la filosofía perenne que subyace tras los dogmas propios de las religiones y creencias establecidas.

Dicho esto, la cuestión es hacer una valoración lo más certera posible de la cualidad y el alcance del misticismo sufí, su relación con la mencionada filosofía perenne y su componente esotérico (si existe), en el sentido universal de enseñanza doctrinal que implica cierto grado de iniciación espiritual en base a la comprensión de conocimiento hermético fuera de lo común. Este intento de valoración presenta no poca dificultad, ya que, aunque existe indudablemente una ingente cantidad de información acerca del sufismo, que comprende su desarrollo a través de los siglos, su metodología (sus particularidades) y sobre todo una extensa literatura propia de gran importancia e influencia, actualmente encontramos algunas interpretaciones que aunque muy probablemente no alteran el carácter y naturaleza del sufismo sí que aportan criterios que podrían influir en su comprensión, principalmente para el entendimiento objetivo de sus aspectos más formales o externos. El núcleo, la esencia del pensamiento sufí no se presta a definiciones, es eminentemente intuitivo, se vale en muchas ocasiones de la alegoría para ser aprehendido y es imbuído mediante la intervención de un maestro o guía; es por ello que esta esencia no puede ser alterada por interpretaciones u opiniones subjetivas, si bien es interesante mencionar algunas de las teorías (al menos las aparentemente más coherentes) acerca sobre todo del supuesto origen y fuentes del sufismo, su realidad social histórica y otros.

Dichas interpretaciones en particular se manifiestan a través de opiniones diversas: desde el propio círculo islamista podemos encontrar  comentarios de los musulmanes más puristas que, sin llegar a excluir al movimiento sufí ni restarle importancia, advierten de sus discordancias con la doctrina islámica tradicional, como luego veremos más a fondo. Existe también la opinión excluyente de musulmanes que consideran el sufismo un bagaje cultural y espiritual exclusivamente del Islam y  cuya esencia es susceptible de alterarse (o contaminarse) si se vislumbra con un prisma que no sea musulmán (es decir, sin valorar y practicar los principios  del Islam), hasta el punto que desde estos círculos se critica la expansión actual del sufismo hacia Occidente como una degradación del mismo. En este sentido cabe plantearse si esa degradación es más bien una malinterpretación producto del carácter errático de la espiritualidad en nuestros días, tal y como ha sucedido con otras corrientes filosóficas y religiosas orientales que han sido importadas a la mentalidad occidental. Esto es remarcable, ya que hay que señalar el notable florecimiento de círculos autoproclamados sufíes actualmente no sólo en Occidente sino en todo el mundo estimulados por una amplia producción literaria más o menos auténtica que se ha encargado de promocionar el pensamiento sufí fuera del estricto entorno a que estaba reducido unas décadas atrás (si bien el interés occidental surgió ya a principios del siglo XIX, aunque enfocado más bien superficialmente salvo en casos contados). Por supuesto que con esto no se pretende valorar de ningún modo la validez de las numerosas escuelas sufíes existentes hoy en día fuera del ámbito musulmán, aún las surgidas bajo los auspicios del movimiento de la moderna New Age (Nueva Era). No obstante y sobre todo para los ojos profanos parece lo más acertado valorar el pensamiento y el mensaje del Islam antes de profundizar en el sufismo.

También encontramos la opinión de que el sufismo es fundamentalmente la tradición mística universal, desarrollada a lo largo de los siglos a través del judaísmo y el cristianismo (incluyendo el gnóstico) y luego acogida y mimada en la matriz cultural islámica, si bien hunde sus raíces en el zoroastrismo persa e incluso en doctrinas anteriores y ancestrales. Pero, y aún en ese caso, el sufismo está profundamente arraigado en las tradiciones persas y árabes y ha sido sustancialmente enriquecido por el universo musulmán. Así, podría considerarse el sufismo como una síntesis de las prácticas espirituales a través de los siglos desde la más remota antigüedad. Esto ha sido apoyado por opiniones de maestros sufís de todos los tiempos que han sostenido que el sufismo, como camino espiritual, es compatible con cualquier religión o creencia organizada siempre que se fundamente en el pilar básico del Amor y predique la armonía en todos los sentidos.

El primer punto a discernir, muy controvertido, sería la verdadera relación o integración del sufismo con el Islam; se ha venido considerando tradicionalmente al sufismo como la dimensión más espiritual del Islam, o una práctica mística en grado extremo de los preceptos del Corán y del islamismo, haciendo hincapié en que la evolución sufí se ha dado en el propio seno del Islam y ceñida a este. En principio esto es de todo punto cierto, aunque cabe preguntarse si el sufismo no se gestó a partir de conocimiento diverso cuya evolución  y cenit tuvo lugar anteriormente a la llegada del Islam, lo que de ser así introduciría un importante matiz a la dimensión real del conocimiento sufí, matiz sin el cual, dicho sea de paso, difícilmente se entendería la proyección que ha tenido el sufismo a todos los niveles. Sin embargo, históricamente el sufismo no parece poder concebirse separado de la esencia del Islam. Y prácticamente todos sus maestros declararon su herencia recibida a través de una cadena de transmisión que partía en el propio profeta Mahoma. Aunque pudieron disentir con ciertas interpretaciones del Islam (algunos maestros sufís han declarado que las palabras del Corán tienen una interpretación oculta que sólo un sufí puede desvelar), nunca cuestionaron la validez esencial de la revelación coránica, si bien tampoco fueron fundamentalistas en el sentido de interpretar rígidamente esa revelación o de desacreditar otras creencias. Y no cabe duda de que con frecuencia los maestros sufís representaron los más altos logros dentro de la cultura Islámica y fueron una fuerza de tolerancia y moderación y un importante impulso espiritual. Sin embargo, hay que señalar que la finalidad del camino sufí, tal y como ha sido mostrado sin ninguna duda por todos sus grandes maestros, comprende aspectos determinados que trascienden el mensaje formal del Islam y emanan directamente del manantial de sabiduría intemporal común a la humanidad, lo que conocemos como filosofía perenne, el conocimiento último de la relación del hombre con la divinidad y el Cosmos que subyace en el alma de todas las religiones y cuya aprehensión sólo es posible para las personas que han evolucionado a partir del desarrollo del sentimiento religioso y lo han purificado en grado extremo. Este aspecto de iniciación a través de un camino de superación es sugerido por el sufismo expresamente; el sufismo también se define como la búsqueda de la divinidad a través del Amor con mayúsculas y  la renuncia individual en favor de la unión del alma con Dios (la Realidad Unica).  Además, el pensamiento sufí ha sido aprehendido y expresado a lo largo del tiempo independientemente del lugar o la creencia establecida, como lo demuestra la gran influencia ejercida en eruditos y pensadores del medievo en Europa y los fructíferos (y contrastados) contactos con grupos significativos de religiones como la cristiana, hebrea e incluso hinduista, por citar algunas relevantes.

Históricamente, la rápida expansión musulmana llevada a cabo a mediados del siglo VII (sobre todo tras la  muerte de Mahoma en el año 632  d. C.) que partió desde la península arábiga y alcanzó Europa por la península ibérica y parte del imperio bizantino, sometió el norte de Africa y el imperio sasánida (imperio persa) prácticamente hasta las fronteras de la India, Mongolia y China, hizo posible que los místicos y eruditos musulmanes tuvieran acceso privilegiado a las ciudades, comunidades y centros de enseñanza que atesoraban el  vasto conocimiento heredado de la antigüedad; lugares como Alejandría y otros importantes núcleos en Egipto; Cartago,  donde San Agustín había estudiado y predicado doctrinas esotéricas precristianas, Siria y Palestina, los centros de sabiduría persa, el valle del Indo, la región de Asia Central donde se asentaba el budismo… En este gran crisol cultural bajo el auspicio musulmán florecieron prácticamente todas las ciencias, y el sufismo tuvo ocasión de revitalizar el espíritu de toda la sabiduría hermética común a los imperios antiguos. De estos primeros tiempos se dice que  procede el apelativo “sufí”, ya que “sufí” o “sufismo” no son nombres por sí mismos sino palabras con las que se designaba y conocía a ciertos ascetas o místicos que empezaron en esa época a hacerse notar en el mundo islamizado.
El erudito musulmán Ibn Al-Yawzi (1116-1201) ya menciona, refiriéndose a dichos ascetas: “Ellos solían vestir ropas de lana”. La lana en árabe es llamada “suf” y las ropas de lana eran signo de un asceta en esos tiempos, dado que la lana era la forma más barata de vestido y que era muy áspera sobre la piel; era un símbolo de ascetismo. De ahí la palabra “sufí”, que en todo caso parece ser que no estaba presente en el tiempo del Profeta Mahoma y sus compañeros, sino que su primera aparición (siempre según Al-Yawzi) fue alrededor del año 200 de la Hégira (200 años después de la emigración del Profeta de La Meca a Medina, hacia el siglo IX d. C.). Otro de los significados de la palabra “sufí” podría ser el que la relaciona con la palabra árabe “safa”, que significa pureza, virtud asociada al sufismo.

Sea como fuere, la propia tradición sufí declara que los eslabones de la cadena de transmisión de la enseñanza sufí se remontan por un lado al Profeta Mahoma y por otro al mismo Elías (el profeta del Antiguo Testamento), dando una idea del sufismo como receptáculo de la Antigua Tradición y a la vez regenerador e impulsor de la misma en una sociedad evolutiva.

El autor Idries Shah, que escribió acerca del sufismo en pleno siglo XX, manifiesta:
“Para sus seguidores, el sufismo es la enseñanza interior y secreta oculta en cada religión, y teniendo en cuenta que su base subyace en el fondo de toda mente humana, el desenvolvimiento del sufismo deberá inevitablemente hallar la manera de expresarse en todas partes. El período histórico de su enseñanza se inicia con la explosión islámica desde el desierto hasta las estáticas sociedades de Oriente Medio.
Las religiones formales son para el sufí simples envolturas o cortezas, aunque, eso sí, genuinas y capaces de cumplir su función. El sufí comprende el significado real de una religión cuando la conciencia humana ha logrado penetrar dicha armadura social. Los místicos de otras ideologías no piensan así ni mucho menos. Tal vez superen las formas religiosas externas pero no ponen de relieve que lo externo de una religión es sólo el preludio de experiencias superiores.
Nunca pudo existir conflicto alguno entre islamismo y sufismo porque los sufíes reconocieron al Islam como una manifestación más del empuje inmanente en la enseñanza trascendental. El sufismo tenía sus puntos de contacto con la realidad interna del Islam del mismo modo que con aspectos equivalentes de cualquier otra religión o tradición auténtica.”

Como colofón a todo esto, apuntaremos que desde el islamismo ortodoxo moderado se hace hincapié en que el sufismo no es otra cosa que una vía espiritual del Islam que busca la purificación total o conocimiento íntimo de Allah, que además de esta vía perfectamente legítima y ceñida estrictamente al credo musulmán existe un sufismo malinterpretado debido a influencias externas perniciosas, y que fundamentalmente el criterio para discernir entre uno y otro es el estricto contraste con el Corán y la Sunnah. Se deben valorar estos puntos:

– El Profeta Mahoma hizo énfasis en la importancia de seguir el Corán y la Sunnah (enseñanza del propio Mahoma), y el peligro de introducir cualquier innovación al Islam, la cual debe ser rechazada y negada.
-El Islam predica la unicidad de Dios, nada es igual a él pues está por encima de todo, incluso de su creación, de la que está separado sin formar parte de ella. Pensar que Dios y su Creación son Uno no es admisible, es una influencia gnóstica que conduce al monismo.
– Los musulmanes creen firmemente en la existencia de infierno y paraíso, y que son dos moradas reales. El Infierno es donde una persona pecadora será castigada y el Paraíso es donde una persona piadosa será recompensada. Algunos textos sufíes se han podido malinterpretar pues dan lugar a pensar en infierno y paraíso como conceptos alegóricos.
– La creencia como musulmanes es que uno no debe someterse o rendirse ante nadie sino solamente a Dios. Todo lo demás le hace al hombre propenso a cometer errores. Sin embargo el camino sufí implica la búsqueda de un maestro (sheij) y la voluntaria y total sumisión a él. El seguidor debe actuar de acuerdo a las instrucciones del sheij. De esta manera, el control del maestro sobre el alumno se vuelve absoluto. El Islam predica que los actos de adoración no están sujetos a opinión, sino que deben ser sostenidos con evidencias textuales que sean tanto auténticas como decisivas.
-Cualquier relación entre sufismo y esoterismo es perniciosa y se debe evitar; el conocimiento de lo oculto está restringido solamente a Dios.
Hay que señalar también que el wahabismo o islamismo más riguroso es un enemigo encarnizado del sufismo tradicional.

Examinemos la teoría doctrinal del sufismo, empezando por la definición más ortodoxa: el sufismo es una disciplina, un “camino que persigue la purificación del alma humana” (tasawwuf, en árabe),  la unión verdadera con Dios por el sendero del Amor mediante una rígida observación  de las enseñanzas espirituales que brinda la Revelación islámica (el Corán y la Sunnah), de manera secundaria mediante los dichos y experiencias de otros profetas y los santos, y la práctica de un camino espiritual con la guía de un maestro autorizado y heredero de una cadena iniciática. El sufismo y sus practicantes se agrupan en diferentes hermandades u órdenes espirituales (tariqa) fundadas a partir de la enseñanza de un maestro sufí concreto, de cuyo nombre deriva el propio de la orden. Cada una opera en torno a un maestro (sheij) rodeado de discípulos (murid) y a su vez se puede subdividir en diversas ramas. Existen sutiles diferencias en términos de métodos y práctica entre las hermandades, y se deben más que a una cuestión de principios a las características especiales que les han sido infundidas por los grandes maestros de cada cadena iniciática. La tan conocida palabra derviche es empleada generalmente para designar a aquel que sigue el camino sufí.

Luego el sufismo implica tanto pensamiento (meditación) como acción o experiencia existencial. No se trata de la renuncia, aunque un período de renuncia puede formar parte necesaria del camino; tampoco es sólo ascetismo, aunque la moderación y la humildad son actitudes fundamentales para el sufí. ¿Pero qué tipo de conocimiento se transmite a través del camino sufí que puede lograr la transformación integral de un ser humano con el fin de lograr el más alto grado espiritual, la unión con la divinidad? Se ha llegado a decir que el legado de Mahoma es de dos tipos: el destinado a todos los musulmanes, abierto y manifiesto, y una enseñanza particular sólo revelada a un círculo íntimo de compañeros, una lectura interna del mensaje coránico destinada a un grupo selecto de almas y recogida en la vía sufí. Evidentemente no es nada fácil comprobar la veracidad de esa afirmación, pero sea cual sea el papel del profeta Mahoma en el desarrollo de la esencia del conocimiento sufí, este conocimiento y su finalidad, más allá de ser un camino de fe y observancia religiosa, parece implicar un componente esotérico (entendido tal y como se define el concepto en el principio de este artículo) incuestionable y además suficientemente definido en la propia tradición sufí.

(continúa en la segunda parte)

 

 

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